9 de mayo de 2008

Espiritualidad sin Dios



Sarah Oelberg
9 de febrero de 2003
Fraternidad Unitaria Universalista de Mankato, Minnesota

(Traducción de
Francisco Javier Lagunes Gaitán)



Solía detestar la palabra 'espiritualidad'. Era, para mí, una palabra que trataba de evitar a toda costa. Tal vez la evitaba porque no la entendía probablemente debido a que parece significar muchas cosas, y algo diferente casi para cada quien. Si es verdad que si pides a 25 unitarios universalistas (UU) que te digan qué es lo que creen los UU, obtendrás al menos 26 respuestas diferentes; es aún más cierto que si les preguntas a 10 personas qué significa la 'espiritualidad' para ellas, obtendrás 50 ó más respuestas. Así que es difícil decir bien a bien qué es esta espiritualidad que tantos buscan. Se ha llegado a convertir en una especie de palabra basura, que puede significar cualquier cosa, desde la astrología, al budismo Zen.

Supongo que parte de mi resistencia a usar la palabra espiritualidad se debía a algunos de los significados que tiene para la gente significados que no me decían nada desde mi experiencia. Por ejemplo, para algunos, la espiritualidad equivale a aceptar al Cristo como Señor y salvador. Las nociones tradicionales de espiritualidad se refieren a un ámbito no-físico del mundo, separado de la tierra y de sus habitantes un ámbito lleno de dioses, espíritus, fantasmas y cosas así. Se trata de la creencia descarada en dioses, diosas y espíritus. En ese sentido, me parece que no es sino una nueva manera de hablar de las mismas viejas cosas.




Pero la espiritualidad también se ha convertido en un mantra(1) para los neopaganos, wiccas(2) y todo un surtido de religiones New Age(3) o Nueva Era, que lo usan para referirse a algún espíritu trascendente, personaje que sería entendible para ellos, pero que no estaría disponible para el resto de nosotros que no compartimos sus visiones particulares. Si les pides que intenten explicar lo que espiritualidad significa para ellos, una cierta mirada ausente celestial se manifiesta en sus ojos y te hablan de alguna experiencia espiritual y esperan que la compartas y la creas sin mayor explicación. Me siento molesta cuando alguna persona o grupo intenta proclamar un conocimiento y propiedad exclusivo de algo que ellos dicen que es maravilloso, y no lo hacen accesible a todo el mundo.

También he notado que la palabra espiritualidad se usa frecuentemente para describir todo lo que se clasifica dentro de la categoría de New Age: por ejemplo, los cristales, los ángeles guardianes, el canalizar, diferentes entidades, varias formas de adivinación, magia blanca, experiencias extracorpóreas, y otras semejantes. Como humanista racional, supongo que tengo dificultades con esta representación de la espiritualidad, y si es así como la gente interpretará la dichosa palabra, no quiero ser acusada de usarla en ese sentido.

La espiritualidad que se vende en las librerías, en los retiros y programas televisivos tiende a ser de la clase tenue, neblinosa y rica en atractivo para el narcisismo. La gente 'muy espiritual' que discurre largo y tendido en estos ámbitos no es la clase de gente que se junta con otros para construir servicios para la gente sin hogar, o que lleva a cabo obras de amor; ellos desprecian la religión organizada, y prefieren la evanescencia personal, en vez de desempeñarse bien en colectividad. Ahora que, sé bien que la religión propia debe ser una cosa eminentemente personal ¿acaso no dijo incluso Jesús que debíamos orar solos?, pero no creo que él quisiera decir que nuestra práctica de la religión, o de la espiritualidad, debiera excluirnos de involucrarnos en la sociedad. Más bien, pienso que él quería que contempláramos el estado de cosas del mundo, para que pudiéramos entrar en él más efectivamente. No se trata de nosotros como individuos; se trata de cómo nos movemos, vivimos y servimos en el mundo que nos rodea.




Tengo también la impresión de que, para algunos, la 'espiritualidad' les sirve como una forma de escapismo. Parece que carece de fundamento: no se basa en el mundo real; no se basa en lo que conocemos en nuestra época sobre la naturaleza del mundo y del universo. Parece, frecuentemente, ser un regreso hacia un mundo prístino anterior, el mundo anterior de los nativos americanos, o de alguna otra religión mundial, o de lo que sea. Y me parece que una auténtica espiritualidad requiere de nosotros que enfrentemos decidida y valientemente nuestro mundo, el mundo de nuestro tiempo, el mundo como lo conocemos hoy que le hagamos frente incorporándonos a él.

También encuentro que algunos que usan la dichosa palabra, lo hacen para expresar su mala disposición hacia la religión organizada. Dirán, "Bien, ¿sabes?, no soy una persona religiosa. No voy a la iglesia (o templo, o sinagoga) ¡Pero soy muy espiritual!". Pienso que esto podría significar: "He tenido una mala experiencia con la religión organizada, o pienso que todas me parecen sospechosas, o incluso malvadas, pero disfruto de una sensación de asombro al estar solo bajo las estrellas". O tal vez significa, "La religión institucional me aburre, no me llama la atención, me resultó fría y tuve que encontrar un grupo de 12 pasos, o un curso de milagros, o un grupo de afinidad, o una clase de estudio sobre los ángeles, o alguna otra variedad de grupo extraeclesial para llenar mis necesidades espirituales".

Esta píldora no me la trago. Creo que cada persona es religiosa de alguna manera. Muchos expertos han estudiado el impulso religioso que está aparentemente grabado en el fondo de nuestro mismo ser. Sí, encontramos diferentes formas de expresarlo y nutrirlo; pero está ahí. Y, el hecho mismo de que estos prófugos de las iglesias parezcan tener la necesidad de encontrar alguna otra clase de grupo que cubra sus necesidades espirituales me habla de que la urgencia humana por ser parte de algo más allá de uno mismo es también muy fuerte. Para muchos, es más que evidente que estos grupos "alternativos" se han convertido en el equivalente de la iglesia incluso escuchamos a la gente decir que su programa de 12 pasos es su iglesia; y sus enseñanzas, su religión.

Así que ahora pueden ver por qué dudé de usar la palabra "espiritualidad" en el pasado y, desde luego, por qué todavía tengo algunos problemas con ella. No soy la única ministra UU que tiene estas reservas hacia la dichosa palabra. Muchos ministros han bromeado sobre la espiritualidad que avanza rampante entre nuestras congregaciones. Como lo señalara Ron Knapp, ya no somos "El pueblo congelado de Dios"(4) como se nos pudo haber acusado anteriormente; nos hemos descongelado completamente y ahora fluimos sin orden ni concierto derramándonos por todos lados. Para mezclar las metáforas, dijo él, "somos como la persona que logró encaramarse penosamente a un caballo, solo para salir disparada hacia las cuatro direcciones al mismo tiempo."

Calmadamente, comienzo a darme cuenta de que negar o ignorar completamente la dichosa palabra me pondría en la misma categoría que al ateo que, debido a que no podía creer más en el Dios Padre antropomórfico, todopoderoso, y que todo lo sabe, sentado en un trono en el Cielo y que interferiría en la vida cotidiana de todo el mundo, declaró que sería ateo y que negaría completamente toda existencia de cualquier clase de dios, y se rehusaría a usar lenguaje sobre dios para cualquier propósito.




Recuerdo haber asistido al simposio Bragg en la Iglesia de Todos los Santos UU en la Ciudad de Kansas, hace algunos años, y que participé en una sesión con el rabino Sherwin Wine, dirigente de la
Sociedad para el Humanismo Judío. De alguna manera llegamos al tema de las palabras sobre dios y, por dos horas, el distinguido e insistente rabino habló largo y tendido sobre cómo es que no hay nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia de ninguna clase, ninguna razón para usar la palabra Dios. Siempre hay un substituto aceptable, nos dijo. Algunos intentamos sugerir que, a veces, para ser capaces de comunicarnos con otros, necesitamos usar un lenguaje común; que podríamos darle un significado propio especial a la dichosa palabra, pero que no deberíamos renunciar completamente a ella sólo porque no nos gusta el significado que alguien más le da. "NO", gritó él, esa sería la salida fácil no hay excusa para que una persona racional use palabras irracionales, y así sucesivamente. Por cierto, un tiempo después de esa penosa sesión, revisaba los estantes de una librería y me encontré con su nuevo libro el título era "El humanismo más allá de Dios". Tuve que comprarlo.

Al recordar esa experiencia, me di cuenta de que tal vez estaba yo siendo tan dogmática sobre la palabra "espiritualidad" como Sherwin lo era con la palabra "Dios". Y, sé que hay muchas otras interpretaciones de ella, además de las que me molestaban; muchos otros significados que la gente le asigna. Así que decidí repensar o reconsiderar la dichosa palabra, para ver si podía descubrir algunos significados que me dijeran algo; algunas experiencias en mi vida que no son realmente religiosas (al menos no en el sentido tradicional), pero podrían ser ...bueno, espirituales.

He aquí algo de lo que descubrí. Podrías llamarlo mi, "Espiritualidad más allá de Dios" o sin Dios. Podría ser la mejor palabra para describir un acontecimiento indescriptible como una puesta de sol, la fragancia de una rosa, caminar a solas en un bosque tranquilo, estar enamorada, o la sensación de admiración al ver o experimentar algo maravilloso, o bello. Pienso que así habrá sentido Laurel Clark(5) cuando miró hacia fuera de la ventana del Columbia, y se embebió de la gloria de lo que aparecía ante sus ojos. Tal vez es así como nos conectamos con lo divino con lo que sea que haya hecho este universo y todo lo que hay en él.

Pienso que tal vez la espiritualidad es el sentimiento de conexión que tenemos los unos hacia los otros y hacia el todo. Se trata de la idea de que nunca estamos solos en realidad, de que no importa qué tan aislados y atomizados podamos sentirnos, somos parte de una vasta e interdependiente trama del ser; somos un pequeño pero importante engrane del mecanismo del mundo. Nunca estamos realmente separados del campo mismo de la existencia, y lo que mueve a una parte nos afecta a todos.

Pienso que la espiritualidad consiste en estar en contacto con el núcleo mismo de nuestro ser. También es esforzarse para conseguir aquello que nos da sentido e integridad. Es una postura hacia la vida; una actitud que se origina dentro de uno mismo. No se deriva de ningunas creencias o prácticas, en particular, ni de hábitos heredados, ni de presiones sociales. Para lograr la espiritualidad, una persona debe estar alerta hacia su voz interior. Hablamos de espiritualidad en el arte, la música y la literatura, con lo que queremos decir que el artista, escritor, o compositor tiene una conciencia interior de lo que sobrepasa la vida ordinaria; ellos fueron capaces de ver más allá de lo mundano y dentro del espíritu de una cosa.

Richard Erhardt sugiere que la espiritualidad se trata de cómo vivimos nuestras vidas. Él pregunta:
"¿Estamos enfocados o dispersos? ¿Estamos presentes en el aquí y el ahora o nuestra atención está dirigida hacia otro lado? ¿Continuamente nos desafiamos a nosotros mismos, a nuestras visiones del mundo, a nuestras actitudes y puntos de vista? ¿O tenemos tanto miedo de ser desafiados que nos oponemos frenéticamente a las corrientes del cambio? La cuestión espiritual realmente es, ¿Somos derribados por cada viento que sopla en nuestro camino, o nos mantenemos en pie, con firmeza y tranquilidad, donde estamos? Una persona que esté en contacto con su propia espiritualidad podría decir que hay una fuerza interior que la mantiene centrada e íntegra cuando todo el mundo a su alrededor intenta desintegrarla."(6)
Hay otro sentido en el que se puede entender que la espiritualidad tiene que ver con la manera en que vivimos nuestras vidas. Se trata de la manera que sugiere Sharon Welch para llevarnos a un compromiso con el mundo que nos rodea, y que abre vías para el activismo y el servicio. Se trata de usar nuestras experiencias para ofrecer las conexiones con otras personas y con la naturaleza que nos motiven a trabajar por la justicia, a honrar a esa naturaleza, y a servir a los otros. Sharon escribió:
"No creo en Dios. Nada sé de conceptos, símbolos o imágenes de Dios ...que me resulten creíbles intelectualmente, así como satisfactorios emocionalmente, o desafiantes éticamente, con vistas hacia la maldad y la complejidad de la vida. Pero sí sé, en cualquier caso, de prácticas espirituales que cambian nuestras vidas, que nos ayudan a ver en dónde nos equivocamos, que nos impulsan a trabajar por la justicia, que nos proporcionan una noción de sentido y gozo ... No tienes que creer en Dios para servir a Dios"(7)



La noción de espiritualidad como independiente y opuesta al mundo natural me parece completamente retrógrada. Mi experiencia de la dimensión espiritual de la vida surge de mi compromiso con el mundo natural y con mi ciertamente limitado conocimiento de cómo opera este mundo. Me recuerda que justo fuera del alcance normal de mi visión existe un mundo de verdad que escasamente contemplo, pero que influye sobre mi vida, de manera diaria y plena. La dimensión espiritual es aquella que sirve para profundizar y ampliar el alcance de mi entendimiento de mí misma, de los otros, y de el mundo que constituye nuestra realidad material. Ayuda a reconciliar los diferentes aspectos de la vida que resultaría demasiado tentador mantener separados. Me recuerda que hay otras formas de conocer y de ver otras realidades que contienen la posibilidad de transformarnos en tanto que no podemos transformarnos deliberadamente a nosotros mismos.

Añadiría que la espiritualidad nos proporciona sentido y valores sin un dios que nos diga qué está bien y qué está mal. Podría ser una especie de substituto para ser piadosos o tal vez sea lo mismo ¡ser piadosos! La "espiritualidad", dice Kierkegaard, "es el poder del entendimiento de una persona sobre su vida" Matthew Fox nos recuerda la tensión que existe entre misticismo (admiración) y la tradición profética, la lucha por la justicia. Siempre debemos lograr un balance en esa tensión, de manera que la espiritualidad no se convierta en un escape que nos evite trabajar por la justicia, o que nos sirva para evadirnos de los procesos de vivir en el mundo.

La espiritualidad comienza donde la vida comienza. No es algo de lo que podamos escapar, si consideramos su significado literal. De acuerdo con Mr. Webster(8), proviene de la raíz latina, "spiritus", que significa "aliento", "soplo", relacionada con el verbo "spirare" que significa "soplar", "respirar", "vivir". Desde luego, dice el Diccionario Webster's, estaría relacionada con la palabra noruega antigua "fisa", que significa romper el viento (¡tal vez esa palabra tenía una diferente connotación entonces!). En otras palabras, es como respirar no podemos vivir sin ello. Puede que no siempre estemos al tanto de lo que sucede, debido a que es una parte básica de nosotros, ¡Pero vaya que notamos cuando se detiene! La espiritualidad puede pensarse como una especie de respiración sagrada, sin la cual, desde luego, no podemos vivir. Cuando perdemos nuestro espíritu, o nos "des-animamos", entramos en una dimensión terrorífica la depresión, y tal vez incluso el suicidio.

Como la respiración, la espiritualidad no es algo que podamos iniciar y detener a voluntad. Una de las cosas que todavía me molesta sobre la espiritualidad es que la gente espera de mi que yo se las "proporcione" a ellos. Los ministros
unitarios universalistas frecuentemente escuchan a los parroquianos decir que quieren "más espiritualidad en nuestros servicios de culto". Hasta ese punto puedo más o menos entender lo que dicen. La espiritualidad es una especie de palabra clave para una emoción profundamente sentida. Querer más espiritualidad en los servicios es querer sentir más en los servicios ... sentimientos de conexión, alivio, perdón, pertenencia, satisfacción y gozo. A veces también es un palabra clave para el uso de rituales históricos y formas artísticas tales como las plegarias, letanías, conmemoraciones especiales, comunión de las flores, campanas, sacramentos, coros e himnos, vestimentas, velas en una palabra, todo aquello que sea sensual y colorido.

Por lo que a mí respecta no tengo problema con que la mayoría de estas cosas sean parte de nuestro culto común de hecho, uso la mayoría de ellas. Pienso que pueden ayudarnos a mantenernos vinculados y a darnos un fundamento común. Pero la espiritualidad, según me parece, no se relaciona con la iglesia ni con la religión organizada. David Bumbaugh lo expresa de esta manera:

"Formamos círculos, y nos tomamos de las manos, encendemos nuestras velas y cálices, y practicamos nuestros rituales, no porque susciten la dimensión espiritual, sino como un esfuerzo para recordarnos que existe esta dimensión en nuestras vidas. Cuando lo espiritual invade lo mundano, esto es un don de gracia, porque como se ha dicho, 'el espíritu sopla donde se le escucha': y esto no sucede por orden de nadie."(9)

En ocasiones, una experiencia espiritual puede suceder realmente en la iglesia, pero cuando sucede, no es el resultado de la planeación y la organización. Parte de lo que me gusta sobre el unitarismo universalista es que no plantea exigencias ni levanta expectativas sobre lo que una persona experimentará en uno de nuestros servicios de culto. Farley Wheelright, uno de nuestros más admirados viejos ministros, escribió:
"Por lo que a mí concierne, nuestras prácticas no tienen absolutamente nada que ver con crear espiritualidad. Todo lo contrario, esto nos sucede o no nos sucede. Ni creo que la espiritualidad propia tenga sus raíces en prácticas disciplinarias, sean estas litúrgicas o de fe. La mayoría de la liturgia y toda la fe están sujetas a leyes, rituales, obediencia a poderes externos que otros detentan, en un momento u otro sobre nosotros, como verdades por las cuales vivir, morir y heredar la vida eterna. La espiritualidad no hace acto de presencia solamente porque sean las 11 en punto de la mañana del domingo, o cuando la practicamos como un tiro de golf, o cuando los cantos del muecín llaman a los musulmanes a postrarse ante Alá. La espiritualidad se genera en los huesos y desafía la traducción y definición" (10)
Estoy de acuerdo. Para mí, la espiritualidad existe en tanto que representa la mejor parte de la vida de una buena persona. No creo que pueda ser empacada dentro de la piedad y la devoción, o de la meditación, ni en "ismos", dogmas o definiciones. La espiritualidad no tiene una conexión necesaria con las fes religiosas; tiene todo que ver con la humanidad. Si mis antepasados unitarios fueron algún ejemplo, su espiritualidad brilló en su caridad, su integridad, su disposición a hacer lo que ellos creían que era correcto. La espiritualidad es ese algo indefinible que todos sentimos pero que no podemos fabricar. Es verdad y amor, ética y moralidad, paz y justicia, la fuente de la luz y el amor. Es, finalmente, la vida la vida en su integridad; la vida tal como es experimentada de todas las formas.





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NOTAS FINALES

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(1) mantra. (Del sánscr. mantra, literalmente, 'pensamiento'). 1. m. En el hinduismo y en el budismo, sílabas, palabras o frases sagradas, generalmente en sánscrito, que se recitan durante el culto para invocar a la divinidad o como apoyo de la meditación. www.rae.es <http://www.rae.es/>

(2) wicca. Es una forma de neopaganismo relacionada con el shamanismo y que incluye diferentes formas de magia blanca. Es una forma de religión basada en cultos de la Tierra (de acuerdo con tradiciones precristianas reconstruidas de la Europa Occidental).

(3) New Age. Movimiento espiritual que fluye casi totalmente descentralizado y desorganizado. Está compuesto por librerías metafísicas, conferencistas estelares, autores, maestros y usuarios / creyentes de una gran variedad de técnicas, tales como channeling o canalizar (= Proceso de recibir información o inspiración, desde planos más allá de nuestra realidad física), regresiones a vidas pasadas, piramidología, poder de los cristales, la meditación de los ángeles, etc.

(4) "El pueblo congelado de Dios" es una alusión desdeñosa hacia una religiosidad poco relacionada con la vida cotidiana, intelectualista o demasiado fría. En inglés es un juego de palabras, en vez de "pueblo elegido de Dios", "chosen people of God", se usa "pueblo congelado de Dios", "frozen people of God".

(5) La Dra. Laurel Blair Salton Clark fue médico especialista de misión en el último y malogrado vuelo del transbordador espacial Columbia (Misión STS-107, 1° de febrero de 2003). Fue Unitaria Universalista practicante.

(6) Rev. Richard Erhardt, "A Vision of Spirituality," First Days Record, January 1998.

(7) Sharon Welch, "Spirituality Without God," Meadville Lombard Newsletter, 21:1, Spring, 2002.

(8) Alusión al célebre diccionario Webster's de inglés-inglés en su variante usamericana.

(9) David Bumbaugh, First Days Record, January 1997.

(10) Farley Wheelwright, "Oh no! Not Spirituality Again," First Days Record, October, 1997
.


Véanse también:

Peter Morales:

¿Qué es, a fin de cuentas, la espiritualidad?


Peter Morales:

El final de la fe


Linda Hoddy

'Fe' y 'creencia'










29 de abril de 2008

Relaciones peligrosas: curanderos y religión

Publicado en el diario La Prensa (ciudad de México) el viernes 25 de abril de 2008 (distribuido por la Agencia NotieSe):


SEXO DIVERSIDAD

Relaciones peligrosas: curanderos y religión

Pronto tendrá lugar en México un curioso encuentro entre promotores de grupos religiosos extremistas y algunos sicólogos polémicos (el más famoso es Joseph Nicolosi) que se dicen capaces de “curar la atracción por los del mismo sexo”. Es muy diferente basarse en una opinión religiosa que hacerse pasar por investigador científico reconocido. Dios los hace pero, ¿por qué se juntan?

Desde 1973, la Asociación Psiquiátrica Americana, luego de una profunda revisión de los estudios disponibles sobre la homosexualidad, la sacó de su reconocido catálogo de enfermedades mentales (DSM). Los expertos coincidieron en que la homosexualidad no cumple con los requisitos necesarios para considerarla una enfermedad mental.

El sicólogo Joseph Nicolosi es el fundador y director de una clínica privada especializada en la llamada “terapia reparativa”, y asegura poder “curar” la homosexualidad con su terapia. Su consulta remunerada incluye terapias telefónicas para quienes no vivan cerca. A diferencia de otros servicios parecidos que se anuncian abiertamente como ministerios de grupos religiosos, la clínica de Nicolosi es claramente una empresa privada, e incluso recibe pagos de los seguros de gastos médicos. Y lo mejor de todo: la licencia genérica para ejercer la sicología en California no le exige a Nicolosi que otro profesional certificado supervise sus terapias de supuesta conversión de la orientación sexual.

La Asociación Psiquiátrica Americana ha declarado públicamente que se opone a cualquier terapia “reparativa” o de “conversión”, que se base en asumir que la homosexualidad por sí misma sería un desorden mental, o que se fundamente en un supuesto previo de que el paciente debería cambiar su orientación sexual.

¿Cómo es posible entonces que sigan operando los negocios como el de Nicolosi? Este es el centro de la cuestión. Nicolosi y compañía dicen que ellos solamente se limitan a tratar de ayudar a quienes les piden su ayuda. ¿Y por qué alguien habría de acudir a terapias sin fundamento científico ni efectividad demostrada, y que además acarrean grandes riesgos para la salud mental? He ahí el papel de los promotores religiosos irresponsables, acarrear ovejas incautas al redil de Nicolosi.

¿Y qué ganan estos promotores religiosos con esta alianza nada santa? Pues ofrecer una fachada que parezca científica para así tratar de ocultar la irracionalidad del prejuicio que promueven hacia las personas con una orientación sexual distinta a la que a ellos les gusta. ¿Qué tendría que ver con valores religiosos, como la caridad y el amor fraterno, orillar al suicidio y a la desesperación a las personas inventándoles enfermedades que no existen?

El odio y la discriminación no son valores familiares ni religiosos dignos de sostenerse en una democracia libre como a la que aspiramos las y los mexicanos. Esta es una prueba de fuego para nuestra humanidad y nuestra fe. Juzgar a las almas de las personas no nos corresponde a los mortales, ayudar a sus mentes a encontrar amor y autoaceptación sí.


* Francisco Javier Lagunes Gaitán es integrante de la Libre Congregación Unitaria de México (www.lcum.blogspot.com), consejero humanista y comunicador.

Contacto:

19 de febrero de 2008

Por qué soy agnóstico

Revdo. Don Beaudreault, 9 de septiembre de 2001.
Iglesia Unitaria Universalista de Sarasota, Florida

Palabras de apertura: "Mi credo" (adaptado)

Amar la justicia, anhelar lo correcto, amar la misericordia; compadecerse con los que sufren, socorrer al débil, olvidar los agravios y recordar lo bueno; amar la verdad, ser sincero, proferir palabras honestas; amar la libertad, sostener una guerra implacable contra la esclavitud en todas sus formas; amar la belleza en el arte y en la naturaleza; cultivar la mente, familiarizarse con los pensamientos poderosos que han expresado los grandes genios de la humanidad y con los actos nobles de todo el mundo; descartar el error, destruir el prejuicio, recibir las nuevas verdades con alegría; cultivar la esperanza, otear la calma más allá de la tormenta y el amanecer más allá de la noche; hacer lo mejor que podía hacerse, y luego resignarse. Esta es la religión de la razón, el credo de la ciencia. Esto satisface al cerebro y al corazón.

Robert Ingersoll (1833-1899)

Sermón:

El siguiente es el epitafio que aparece en la lápida de la tumba de John L. Jones, en el Cementerio West Ripley, Maine. Murió a la edad de 64 años, en1875:

Vine sin mi consentimiento
Viví unos pocos años inconforme
Afligido por los errores humanos.
Me regí por las leyes de la razón
Pero el desprecio obtuve y no el aplauso
Por el descreimiento.
Pues nada me convirtió jamás
A la fe que algunos afirman
Pero ahora que la tumba me acoge
Los supersticiosos supondrán
Que condenado estoy a la infernal perdición.
Pero es sólo que ellos no saben
Que las opiniones frecuentemente de la ignorancia fluyen
Carentes de seguro fundamento.
Serán estos hombres apacibles los decepcionados
Por todo cuanto creyeron
Sin demostración alguna.
Me habría encantado conocer al señor Jones. Parece tan claridoso y directo –incluso desde la tumba. ¡Imagino lo que habría sido conocerlo en vida!

Tal vez, entre la comunidad temerosa de Dios de West Ripley, Maine, en aquellos días, este hombre era un dolor de cabeza para la mayoría de ellos, aunque, sería de esperarse, algunos se habrían alineado con este librepensador –¡e incluso habrían conversado con él!

Con todo, John L. Jones iba contra la mayoría establecida de su tiempo cuando se rehusó a aceptar sin más las doctrinas, credos y dogmas religiosos. Por lo que él nos dice:

Pero el desprecio obtuve y no el aplauso
Por el descreimiento.

Probablemente fue considerado un hereje de primera clase.

Y sí, alguien como este caballero podría sentirse a sus anchas con los lineamientos usuales actuales de nuestro sistema abierto de creencias en las comunidades Unitarias Universalistas.

Por el mero epitafio no es posible determinar si el señor Jones era "agnóstico" (alguien que no sabe si hay un Dios) o 'ateo' (alguien que cree que no hay un Dios).

Aún así, si él hubiera sido miembro de algunas de nuestras congregaciones en el estado de Maine de su tiempo –o miembro de esta misma congregación que solamente tiene 49 ½ años– algunos habrían estado de acuerdo con él, y otros no.

Es de vital importancia, sin embargo, afirmar el pensamiento de Leo Rosten, quien en su obra 'Words Toward a Creed' (Palabras hacia un credo) dice:

Debemos aprender que aquellos que nos agradan no siempre están en lo correcto, y que aquellos que nos desagradan no siempre están equivocados.

En otras palabras, no tenemos que estar de acuerdo con alguien sobre sus creencias –las teológicas u otras– para sentir agrado y respetar a esa persona. Esto, desde luego, se aplica en casos diferentes a desvaríos inhumanos, vociferaciones, despotriques y llamados a la destrucción del mundo.

La otra cosa que Rosten afirma me interpela como agnóstico fundacional –lo que significa que no solamente no si Dios existe o no, sino que tampoco el porqué y para qué de la existencia humana (nuestro propósito, nuestro destino). Dice Rosten:

Debemos tener el coraje de vivir sin absolutos, sin dogmas… Debemos aprender a encontrarnos con la vida a través de una serie de aproximaciones tentativas y provisionales, sabiendo que podríamos no alcanzar nunca las metas finales, que las verdades últimas podrían ser por siempre incognoscibles, pero que la vida no contiene nada más precioso que el proceso por medio del que los humanos alcanzamos el máximo límite del que somos capaces, tensamos al máximo la mente y el corazón.

Apuesto a que John L. Jones y Leo Rosten hubieran simpatizado mutuamente. La máxima tensión de la mente y el corazón, de la que nos habla Rosten, es exactamente lo que Jones dice:

Que las opiniones frecuentemente de la ignorancia fluyen
Carentes de seguro fundamento.
Serán estos hombres apacibles los decepcionados
Por todo cuanto creyeron
Sin demostración alguna.

"¡Muéstrame!" dice el agnóstico, el buscador de respuestas sobre el propósito y el sentido último. "¡Tensa al máximo mi mente y mi corazón!" "¡Inclúyeme en el proceso de buscar verdades, en vez de que solamente me digas cuál es la verdad –de acuerdo a ti o a tu sistema!"

Así pues, esta es nuestra premisa esta mañana, este "tensar" es el agnosticismo.

Para establecer esta premisa, debo añadir a su dimensión advertencias, anotaciones, imprimatur, instancias, sugerencias, y ajustes de actitudes. En otras palabras, tengo algunos consejos sobre lo que significa ser agnóstico.

1. Ser agnóstico no es tener una licencia para la complacencia o la soberbia sobre los imponderables de la existencia humana.

Un ejemplo de una afirmación sarcástica y autocomplaciente (aunque deliberadamente divertida, al mismo tiempo) proviene del historiador y crítico religioso del siglo XIX, el francés Ernest Renan, quien "oraba" la que el llamó "La plegaria del agnóstico":

¡Oh Dios, si es que hay un dios, salva mi alma, si es que tengo alma!

Y debo añadir lo que el agnóstico W. C. Fields (William Claude Dukenfield) tenía que decir sobre esto. Incluso en su lecho de muerte mantuvo su mordaz ingenio, autocomplacencia y aire pagado de sí mismo bastante intactos. Al ser descubierto leyendo una Biblia en su lecho de muerte, él explicó:

Busco una incongruencia.

Ahora que, lo sé bien –pues he asistido a muchas reuniones sociales UU–, que del 'estilo' agnóstico a veces se pasa fácilmente a una visión cínica del mundo [=la que espera lo peor de todos, o que asume que nadie actúa por principios. N del T] –aunque frecuentemente resulta mordaz e ingeniosa–, especialmente cuando hay vino presente.

Pienso que esta es una clase de actitud como la que muestra la princesa usamericana de las declaraciones sardónicas, Dorothy Parker (1893-1967). Esto sucede cuando las mentes sofisticadas de gran alcance se deleitan zarandeando las opiniones aceptadas y el comportamiento de "la chusma".

La dificultad, según la veo, es que una opinión tan firme sobre el sentido y propósito de la vida humana no es particularmente agnóstica ni unitaria universalista.

Y esto es así, porque tanto el agnosticismo como la religión liberal implican un sistema abierto, en el que las posibilidades no están cerradas; sino que admiten el descubrimiento de las nuevas verdades que siempre surgen.

Afirmar esto me permite añadir otro punto de apoyo a mi premisa de tensar al límite la mente y el corazón:

2. Ser agnóstico significa consagrarse a los rigores de la exploración.

Debido a que afirmamos que no sabemos, estamos obligados, si es que hemos de ser auténticos con nosotros mismos como personas con integridad intelectual y emocional a emprender gozosamente la tarea de llegar a ser siempre más y más concientes de lo que significa ser seres humanos.

Para mí esto significa aceptar la manera cíclica de adquirir conocimiento: estudiar, adquirir experiencia, reflexionar, sintetizar, crear –y luego iniciar de nuevo el proceso.

Desde luego, este debe ser un proceso intencional, hay que tener presentes, también, los imponderables –aquellas cosas más allá de nuestro control– que nos ocurrirán.

Pero, a la manera de Benjamín Franklin, podríamos establecer una manera definida y disciplinada de adquirir claridad sobre quiénes somos en relación con el propósito y el significado establecidos por las formas en que existe el universo (mismas que algunos, desde luego, eligen llamar "Dios")

Esta intencionalidad significa que por nuestra metodología de proceso lo que se esperará de nosotros es:

estudiar –la gran sabiduría de los hombres y las mujeres de todos los tiempos

adquirir experiencia –sobre las complejidades de la vida; sus aventuras; y paradojas [=situaciones inverosímiles o aparentemente absurdas]

reflexionar –sobre nuestro estudio y experiencia, meditar sobre su significado

sintetizar –nuestros pensamientos, sentimientos y acciones: hacernos congruentes

crear –nuevo conocimiento, que se añade al que ya tenemos

repetir el proceso –de estudiar, adquirir experiencia, reflexionar, sintetizar, crear, y repetir el proceso una y otra vez…

En verdad, ser agnóstico significa que no esperamos que la jornada llegue nunca a un fin. Nuestra búsqueda por entender lo que significa ser humanos y estar relacionados con el universo y con los poderes de la creación, sostenimiento y destrucción, es continua.

Hay todavía otra cualidad de ser agnóstico de la que me gustaría hablar, es algo que mencioné de pasada.

3. Ser agnóstico significa que la actitud de uno puede ser gozosa o resignada; esperanzada o fatalista; pero el gozo y la esperanza son los más encantadores.

Esta es la diferencia entre ser "fideísta" y ser "futilitario".

La palabra "fideísmo" proviene de la tradición teológica católica y significa la filosofía de la fe, de la esperanza.

Ser un agnóstico esperanzado o un agnóstico fideísta, significa que tu actitud abrazará el lado positivo de la cuestión de dios: piensas, sientes, y actúas con la fe de que aunque una deidad no ha mostrado claramente ante ti cuáles podrían ser sus relaciones contigo y con el resto del mundo, ¡esperarás, sin embargo, que esa fuente creativa pudiera existir!

La palabra "futilitario" proviene de un grupo de gente que había renunciado a la expectativa de que la humanidad estuviera progresando, en vez de esto, creían que la vida era una serie de paradas e inicios y que realmente no conducía a nada; que la vida era fútil.

Ser agnóstico fatalista, o agnóstico futilitario, significa que tu actitud deja la puerta abierta para que dios entre eventualmente, pero realmente no esperas que tal entrada tenga lugar. Para ti, el mundo y tu relación con él tiene más prosa que poesía; sus orillas son filosas; su sentido circular, más nihilista que creativo; más utilitario que idealista.

4. Ser agnóstico significa que has aceptado la idea de que el tiempo es tu amigo, no tu enemigo; de que no necesitas temer a la carencia de conciencia del instante.

A diferencia de muchos sistemas de pensamiento –incluyendo a los espirituales–, ser agnóstico no garantiza un entendimiento inmediato.

La visión agnóstica del mundo se expande momento a momento. No hay experiencias repentinas de conversión deslumbrante en las que la 'verdad' entre en tu ser, y cambies para siempre.

Aquellos que temen un mundo en el que no haya un libro de reglas sobre cómo vivir la propia vida no se sentirán tranquilos como para declararse agnósticos. La actitud abierta de los agnósticos, acepta y abraza la vida –en su integridad, con sus lugares obscuros y temibles, así como con su luz y sus lugares de avivamiento– y procura adquirir entendimiento a través de todos los mensajes contradictorios que nos da la existencia humana.

Más que temer que no haya una salvación instantánea, ni una grandiosa epifanía, el agnóstico glorifica la libertad de perseguir un objetivo, de aceptar y rechazar el sistema complejo en el que la vida aparece a veces como un plácido estanque; y otras veces como un mar encolerizado.

"¿Qué puedo aprender de esto?" Es la pregunta del agnóstico –una pregunta que sera formulada a través de toda la vida.

No sería la pregunta de un no-agnóstico, que más bien se interrogaría, "¿Qué camino puedo tomar para que me diga lo que debo creer y la acción que debo tomar? ¿Dónde está la figura de autoridad que me tranquilice al indicarme que la vida tiene sentido y propósito?"

En conclusión, debo afirmar que la razón de Por qué soy agnóstico es debido a que el agnóstico es una persona que procura permanecer intrépidamente de pie frente a la relatividad; que busca, no absolutos para un mundo imperfecto, sino que sigue procurando crear gozo y sentido, momento a momento a momento.

Agnóstico es aquel:

Que no se siente complacido ni soberbio hacia los imponderables de la existencia humana.

Que se consagra a los rigores de la exploración –a través del estudio, la reflexión, la adquisición de experiencia, la síntesis, la creatividad, y la repetición del proceso.

Que tiene la elección entre adoptar una actitud gozosa y esperanzada, o una resignada y fatalista, pero opta por la primera actitud.

Que no teme a la carencia de conciencia del instante, pero que cree que el sentido de la vida se despliega momento a momento.

Bueno, como John L. Jones de West Ripley, Maine, aquellos de nosotros que nos llamemos "librepensadores" –tal vez "agnósticos"– comúnmente no somos entendidos por la mayoría. Y con notable frecuencia, hemos sido objeto de burlas y de no pocos comentarios despreciativos.

Pese a esto, el agnóstico –el buscador que se mueve más allá de las respuestas prescritas por la iglesia o el estado– no hace nada menos que ser auténtico hacia lo que su corazón le indica.

Permítanme cerrar con las palabras del biólogo del siglo XIX, Thomas Henry Huxley:

Me tomó alguna reflexión, e inventé lo que concebí como el título apropiado de "agnóstico". Llegó a mi cabeza como una antítesis sugestiva de "gnóstico" [la corriente que] en la historia de la iglesia manifestaba conocer tanto sobre las mismas cosas de las que yo era ignorante.

Y así, amigos míos, esta mañana, frente a ustedes afirmo que, ¡También, soy tan ignorante como el señor Huxley, y espero que estén de acuerdo!


Palabras de cierre: de "La oración de un estoico" (adaptada)

Que no sea enemigo de nadie… que nunca planee un mal contra nadie… que ame, busque, y obtenga sólo lo que es bueno… que no gane ninguna victoria dañina para mí o mi oponente…que pueda reconciliar a amigos disgustados entre sí… que al visitar a los afligidos sea capaz, a través de palabras gentiles y restauradoras, de mitigar su dolor… que me respete a mí mismo… que siempre mantenga el control de lo que me enfurece dentro de mí… que me acostumbre a ser gentil…

Eusebio

'Fe' y 'creencia'

Revda. Linda Hoddy, Congregación Unitaria Uiversalista de Saratoga Springs, NY, 13 de junio de 2004 http://www.saratoga-uu.org/Transcripts2.cfm?TN=serv0423

En muchos de los movimientos por la justicia social, en nuestro país, es común escuchar que la gente dice, "Nos reunimos como gente de fe" para derrotar la pena de muerte, o para luchar por justicia económica, o para preservar la libertad reproductiva. Tal trabajo es una consecuencia natural de la religión, que en sus muchas modalidades casi siempre concita los esfuerzos hacia la justicia social. Como nos lo dice el escritor del Libro de Santiago (2.26), de las escrituras cristianas: "En resumen: así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe está muerta si no va acompañada de hechos." Pero esta palabra, 'fe', ¿qué significa realmente? Ciertamente se parlotea mucho, y muy descuidadamente, sobre ella. Me parece especialmente notable en el movimiento a favor del derecho a decidir (pro-choice) y a favor de los derechos reproductivos, la gente acostumbra decir en respuesta a la gente religiosa que se opone a la legalización del aborto, "Somos gente de fe, y apoyamos aborto". ¿Qué significa eso realmente? ¿Significa que creemos las mismas cosas? Aparentemente no, porque lo escuchas de cristianos, budistas, y judíos.

Por el lado negativo, a veces hablamos de 'esposos infieles', gente que no cumplió las expectativas de lealtad a su alianza matrimonial. En el mundo financiero, cuando se compra un bono, está respaldado por la completa fe y crédito del vendedor, lo que significa que el comprador puede tener fe en que su inversión será retribuida con intereses. [La palabra 'infidencia' significa en según el Diccionario de la Real Academia Española: "Violación de la confianza y fe debida a alguien"]. En el movimiento por los derechos civiles, particularmente entre la comunidad afroamericana, uno escuchaba la amonestación, "mantén la fe, hermano, mantén la fe". Por lo general esta era una amonestación para seguir la lucha, no rendirse, ser optimista respecto a que finalmente los derechos iguales llegarían.

A veces, uno escuchará a los unitarios universalistas (UU) describirse como 'gente de fe'. Y de nuevo, me pregunto lo que quieren decir con ello. De hecho, me hace retorcerme un poco de incomodidad, dado que no tenemos credos, ni teología oficial. Algunos entre nosotros reivindicamos una creencia en Dios, mientras que otros de nosotros no. Algunos nos describimos como humanistas, cristianos, paganos, budistas y, al mismo tiempo, unitarios universalistas. Algunos no añadimos nada a nuestro unitarismo universalista. ¿Así que qué queremos decir cuando decimos que somos 'gente de fe'? ¿Es acaso la fe alguna clase de común denominador subyacente? Debido a estas preguntas, es que decidí reflexionar sobre la relación entre creencia y fe.

Recuerdo un himno de mi infancia que contenía las palabras "Sólo creer, sólo creer. Todas las cosas son posibles, con sólo creer". En el ámbito de una iglesia cristiana fundamentalista, tomé estas palabras como un estímulo para creer en Dios y en Jesús, su hijo unigénito, como mi salvador personal.

Pienso que siempre me sentí un poco culpable debido a que no podía lograr creerme del todo esas cosas. Por lo menos no en un sentido muy literal o real. Tal vez, si de verdad lo pusiera todo de mi parte, podría incorporarlas en un sentido metafórico(1), pero no en el sentido en el que normalmente uso la palabra creer. La mayoría de los días, lucho con la creencia. La mayoría de los días, por lo menos en mis días buenos, si me preguntan si creo en Dios, diré que sí. Y por ello quiero decir que creo que existe alguna clase de fuerza consciente detrás de los procesos que sostienen al universo en su forma siempre cambiante. Pero mantengo esta creencia de una manera libre y flexible, y puedo entender por qué otra gente no cree en Dios. Algunos días, no estoy segura de creer. Así que, ¿soy una persona de fe?

En la historia humana reciente, en el mundo occidental, hemos refundido las palabras 'fe' y 'creencia'. Si uno 'tiene fe', se asume que uno 'cree', por lo menos en Dios, y si el interlocutor era además cristiano, en Jesús como el hijo único de Dios. El mundo frecuentemente está dividido entre 'creyentes' y 'no-creyentes'. Esto lo escuchamos en la iracunda retórica del islam integrista. Se refieren a quienes no somos musulmanes como 'infieles', aquellos 'sin fe', porque no creemos en Alá. Cuando comparamos el fundamentalismo cristiano y el fundamentalismo islamista, encontramos reivindicaciones enfrentadas de poseer la verdad final. Lógicamente, ambas no pueden ser simultáneamente ciertas. Jesús no puede ser al mismo tiempo la única encarnación del único Dios, y simplemente un profeta que precedió a Mahoma. Así como hemos encontrado a gente que proviene de muchas culturas diferentes, hemos sido obligados a reexaminar nuestras propias creencias, así como la reivindicación de que solamente la gente que crea lo mismo que nosotros sería 'gente de fe'.

El pionero en el examen de esta tensión entre fe y creencia es Wilfred Cantwell Smith (1916-2000). Cantwell Smith es un estudioso de las religiones comparadas que investigó en muchos lugares por todo el mundo y enseñó muchos años en Harvard. Él afirmó que "lo que creemos" no es la pregunta religiosa más significativa. Mucho más importante resulta la clase de fe que tenemos, y cómo la vivimos.

Tratemos de definir los términos un poco. Al usar la palabra, 'creencia' hoy, se refiere a una actividad mental, a sustentar ciertas ideas. Como todos sabemos, estas construcciones mentales varían grandemente alrededor del mundo. Los judíos creen en un Dios creador del cielo y la tierra. Los cristianos creen en Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los hinduístas creen en tantos como 300 millones de dioses diferentes, aunque todos provienen de Brahman. Muchas formas de budismo no implican una creencia en Dios. Todos estos sistemas religiosos tienen alguna forma de creencia. ¿Pero acaso tienen todos una 'fe'?

Cantwell Smith diría, "sí", debido a que la 'fe' es algo que está relacionado con aunque no es idéntico a la 'creencia'. La refundición de fe y creencia es más bien una reciente aberración occidental y cristiana.

¿Qué es la fe si no es creencia?

He aquí la respuesta de Cantwell Smith:

La fe es más profunda, más rica y más personal [que la creencia]. Es engendrada y sostenida por la tradición religiosa, en algunos casos recientes, y hasta cierto grado por su doctrina, pero es una cualidad de las personas, no del sistema. Es una orientación de la personalidad, hacia uno mismo, hacia el vecino, hacia el universo; una respuesta total; una forma de mirar lo que uno ve y de manejar lo que sea que uno maneje; una capacidad para vivir en un nivel mayor que el mundano; de ver, de sentir, desde el punto de vista de una dimensión trascendente.

Entonces la fe es una cualidad del vivir humano. De acuerdo al patrón más elevado ha tomado la forma de serenidad y valor, lealtad y confianza, y gozo que nos habilitan para sentirnos en casa en el universo, así como para encontrar sentido en el mundo y en la propia vida, un significado que es profundo y final, y es estable sin importar lo que pueda sucederle a uno mismo en el terreno de los acontecimientos inmediatos. Hombres y mujeres con esta clase de fe hacen frente a la catástrofe y la confusión, a la abundancia y a las penas, sin perturbarse; hacen frente a las oportunidades con convicción y empuje; y se acercan a los otros con una jovial caridad. (Fe y creencia: La diferencia entre ellas en inglés, p 12).

De acuerdo con esta definición, puedo decir que conozco a un gran número de ateos, humanistas, y budistas que no tienen una creencia en Dios, pero a quienes describiría como gente de gran fe. Son gente de gran compasión. Trabajan en muchos y variados movimientos por la justicia social. Son optimistas, Son capaces de visualizar un mundo mejor y de trabajar por él. Parecen capaces de manejar lo que sea que surja en su camino. Son gente de fe.

Sin excepción, cada vez que Cantwell Smith encontró la palabra 'fe' tal como se usa en otras religiones, siempre conlleva un significado mucho más amplio de lo que es nuestro uso común del término 'creencia'. La fe siempre "implica un alineamiento del corazón o de la voluntad, un compromiso de lealtad o confianza" (como lo resume James W. Fowler en Etapas de la Fe, p 11). La palabra hindú para fe puede describirlo mejor. La palabra es 'sraddha' que significa, "atrapar el corazón de uno".

James Fowler, al escribir 20 años después de Cantwell Smith, lo resume así:

Para que algo o alguien atrape el corazón de uno se requiere haber 'comprendido' o comprender el sentido de aquello hacia lo que uno es leal. La fe, por lo tanto, implica visión. Es un modo de conocimiento, o de reconocimiento. Uno se compromete hacia aquello que es conocido o reconocido, y vive lealmente, con la vida y el carácter conformados por ese compromiso. (Fowler, p 11)

De aquí que pueda verse cómo resulta que la fe es un fenómeno universal humano. Sin importar nuestra cultura o nuestra religión, podemos tener fe todos tenemos cosas que atrapan a nuestros corazones, con las que alineamos nuestras voluntades, con las que comprometemos nuestra lealtad y confianza. De cualquier forma, necesitamos preguntarnos si la nuestra es buena fe o mala fe. ¿Cómo podemos diferenciarlas?

James Fowler nos dice esto a propósito de juzgar la fe:

Las tradiciones de fe religiosa no pueden ser juzgadas únicamente con criterios utilitarios. Las tradiciones de fe religiosa, si son dadoras de vida y transformadoras de la vida, hacen mucho más que llamarnos a vivir en un acuerdo de fidelidad con nuestros compañeros de existencia. La fe religiosa debe hacernos capaces de enfrentar la tragedia y la finitud en las devastadoras y desconcertantes formas particulares en que se nos presentan, sin rendirnos ante la desesperación y el menoscabo moral. La fe religiosa debe nombrar y hacer frente a aquella tendencia profunda en nosotros a convertirnos a nosotros mismos —y a las extensiones de nosotros— en el centro del mundo. La fe religiosa debe proporcionarnos liberación y redención del pecado, de la obsesión egoísta sólo por uno mismo, y de todas las estrategias de vida y estructuras que surgen de ellos. La fe religiosa debe vincularnos a la comunidad de memoria compartida y esperanza compartida con la que nos unimos para simbolizar nuestra condición humana y para llevar a cabo las visiones que pueden animar y dar nueva vida. La fe religiosa no puede reducirse a lo ético o a lo meramente utilitario. Pero, como parte de esta contribución mayor e indispensable que la fe religiosa puede proporcionar para hacer y mantener humana a la vida, necesita responsabilizarse por la renovación y la extensión de un convenio universal con el ser. Necesita ser responsabilizada por su más amplia contribución a la buena fe en la tierra. (294)

Así que conocemos la buena fe por lo que produce y por lo que hace por nosotros. ¿Es tu fe dadora de vida y transformadora de la vida?. ¿Te permite o ayuda a sobreponerte a tus tendencias que pueden ser destructivas hacia ti y hacia otros? ¿Te proporciona una visión de cómo la vida podría ser mejor? ¿Te inspira a trabajar para hacer realidad esa visión? ¿Te provee de formas para simbolizar tu humanidad y te sostiene cuando te enfrentas a la pérdida de seres amados? ¿Te sostendrá a través de situaciones que amenazan la vida o de tus enfermedades? Todas estas cosas y más son lo que pedimos a nuestra fe. Y para la mayoría de nosotros, forjar tal fe por nosotros mismos es muy difícil, si no es que imposible. La mayoría de nosotros, tendremos una fe más fuerte y mejor si la forjamos en una comunidad religiosa.

Cuando estudiaba para el ministerio, los estudiantes fuimos invitados a una cena, una noche, con el Comité de Fraternidad Ministerial (MFC), la instancia acreditadora de nuestro ministerio. Ellos examinan a los candidatos para nuestro ministerio y deciden sobre su admisión. Así que todos nos dirigimos en parvada hacia el sótano de la Primera Parroquia de Cambridge para una cena compartida, 'de traje' (en la que cada cual trae un platillo), y para una sesión de preguntas y respuestas con la docena aproximada de integrantes del MFC. Una de las estudiantes habló con preocupación sobre lo incómoda que se sintió cuando le preguntaron qué era aquello que "los unitarios universalistas creen". Ella no sabía cómo contestar y quería saber lo que estos directivos de nuestro movimiento tenían que decir sobre esa cuestión.

Uno de los integrantes del MFC, y desconozco el nombre de esa persona, respondió, "Considero que somos gente que creemos en la posibilidad". Aquello siempre ha permanecido conmigo. Somos gente que cree en la posibilidad. Tenemos fe en que siempre es posible hacer mejor las cosas. No nos quedamos sentados sin hacer nada, ni tronándonos los dedos de pensar que el mundo se va al abismo aceleradamente. Podemos ver cómo el mundo podría ser diferente, y esa habilidad para visualizar, para postular un mejor camino, nos presiona a actuar para hacer realidad esta visión

Uno de nuestros lemas siempre ha sido "OBRAS Y NO CREDOS(2)" Esa es otra forma de decir, las creencias no son tan importantes como las acciones. Cuando yo era ministra en Plattsburgh, un congregante me comentó de la experiencia que tuvo al trabajar en un ministerio interreligioso de justicia social. Él empezó a conversar con una mujer episcopaliana que le preguntó qué era lo que los UU creían. Él le respondió "Creemos en las obras y no en los credos". La bien vestida mujer episcopaliana puso las manos sobre las solapas de su traje sastre, las empujó una contra la otra, se irguió muy derecha, con su nariz muy levantada miró a mi amigo y le espetó, "Bueno, nosotros creemos en ambos".

Pero tal posición podría estar cambiando. Un artículo reciente en The Christian Century [El siglo cristiano] se tituló, "Going Creedless?" ["¿Dejar de lado los credos?"] (June 1, 2004. Pages 24-28). El artículo respondía a cuatro libros recientemente publicados sobre el cristianismo primitivo, al que podríamos llamar cristianismo pre-credo, o cristianismo precanónico(3). Éstos sostenían que los credos fueron concebidos más por razones políticas que porque reflejaran la verdad divina. Los credos surgieron con el objetivo de unificar al cristianismo. Y sus autores afirmaron que más importante que la creencia correcta es "la confianza que nos habilita para comprometernos con lo que anhelamos y amamos" ("Going Creedless?" Christian Century, June 1, 2004, p 28).

Cualquier movimiento religioso debe eventualmente decidir cuáles son sus verdades centrales, sus principios centrales de organización, si ha de adquirir coherencia. Por ello es por lo que el Credo Niceno del cristianismo fue forjado en el año 323, en el Concilio de Nicea. Con estas verdades convencionales se construyó progresivamente una doctrina. Y entonces aparece alguien que aporta una nueva revelación, una nueva experiencia de lo divino que desafía la verdad recibida. Hay tensión conforme la versión personal de la verdad se pone a prueba contra la verdad recibida y la sabiduría de la comunidad. Si no hay manera de que la religión asimile la nueva verdad, finalmente morirá.

En los conflictos sobre qué es la verdad, nosotros los unitarios universalistas nos hemos inclinado más del lado del individuo que del de la colectividad. Nuestro enfoque de la verdad ha sido más abierto. Tememos a los credos debido a que clausuran la posibilidad de una nueva verdad. Esto nos da mayor libertad para definir la fe para nosotros, pero también a veces provoca que lamentemos la carencia de un centro sólido.

Hasta el momento presente, estoy dispuesta a buscar una solución de compromiso para equilibrar dos diferentes realidades. Me parece valioso mantener un enfoque más abierto hacia la verdad, estar listos para aceptar una nueva verdad cuando se descubra.

Hay un cuentito folclórico que narra a su vez Anthony De Mello y que capta el problema de las verdades fijas. Va más o menos así.

El diablo fue una vez a pasear con un amigo. Vieron a un hombre delante de ellos agacharse y recoger algo del suelo.

"¿Qué encontró el hombre?", preguntó el amigo.

"Un pedazo de la verdad", replicó el diablo.

"¿Y no te preocupa eso?", le preguntó el amigo.

"No", dijo el diablo, "lo dejare inventar una creencia con ello".

Al comentar el relato, De Mello dice:

Una creencia religiosa es una señal que apunta en la dirección de la verdad. Cuando te aferras a esa señal evitas moverte hacia la verdad, porque piensas que ya estás ahí.

Otra forma de decirlo podría ser que es la fe la que te permite vivir con tu duda. Y paradójicamente, es la duda la que nos permite tener una fe más profunda. La fe nos da la confianza para no aferrarnos a verdades ya superadas, sin ninguna vigencia, porque sabemos, creemos, tenemos la esperanza, de que una verdad siempre mayor llegará pronto. El resultado es una mayor apertura hacia la vida, hacia las diferentes formas de vida, hacia las posibilidades nuevas. Para mí, vivir de esta manera es tener una fe mayor que si nos aferráramos a ideas que ya no creemos que son verdaderas.

Pero la fe es algo más que el asentimiento intelectual de la verdad. La historia de las palabras 'fe' y 'creencia' ['belief', en inglés] indica que originalmente, ambas tenían tanto que ver con el corazón, como con la cabeza. Originalmente, 'creer' significaba 'tener en alta estima', 'virtualmente amar'. En alemán, aún hoy la palabra 'belieben' significa exactamente, 'tener en alta estima' (Smith, p 105) 'gustar de algo'. En inglés, la palabra ha evolucionado de 'leof', que significaba querido, o amado, a la forma verbal, 'to belove'. Ya no se usa esta forma, excepto para hablar de 'my beloved' ['mi bienamado']. Así que en el inglés actual todavía se escuchan ecos de aquella vieja implicación del corazón, pero hoy se usa la palabra creencia ['belief'] principalmente en el sentido de dar un asentimiento intelectual.

Al refundir creencia y fe, hemos perdido una gran parte de sus significados. No solo necesitamos creer en algo intelectualmente. Necesitamos saber qué es aquello a lo que entregamos nuestros corazones, nuestra lealtad. Como lo pregunta James Fowler, "¿Con qué te aplicas y a favor de qué eres aplicado?".

Lo que somos al final, si queremos una fe fuerte, no es sólo asentimiento intelectual, ni "tan sólo creer lo que no es", como una persona acertadamente señaló. Vamos en pos de una fe fuerte que nos permita estar abiertos a lo que sea que encontremos en el camino, esto nos traerá gozo en la vida, nos dará optimismo y esperanza, nos contemplará a través de las muertes de quienes amamos, y nos ayudará a hacer frente a nuestra propia muerte con ecuanimidad y paz. Una buena fe también nos dará algo a lo cual dedicar nuestras vidas, y en ese compromiso nos será posible encontrar significado. La fe, dice Smith, "implica un alineamiento del corazón o de la voluntad, un compromiso de lealtad y confianza". Creer en Dios, en un sentido tradicional, podría ser, o no ser, el objeto central de tu fe. En el sentido de Dios del escritor austriaco Rainer Maria Rilke (1875-1926) como, "lo mejor que podemos concebir", puedo asumirlo con entusiasmo. Quiero alinear mi voluntad, entregar mi corazón, comprometerme, ser leal, y confiar en la mejor visión que podemos concebir para preocuparnos y ocuparnos del mundo, de los humanos y de las otras criaturas que lo habitan.

Cada una y cada uno de nosotros debe construir una fe por sí mismo. Y esta construcción es un proceso permanente a lo largo de la vida. Crecer en la fe es una jornada de toda la vida. Y es más probable crecer de esta manera en una comunidad que en soledad. ¿Dónde encontramos tal comunidad? Bueno, la encontramos en las tradiciones de sabiduría, como llama Huston Smith a nuestras sagradas escrituras. Esos escritos están llenos de ideas sobre qué es lo lo mejor para entregar la vida de uno.

Pero incluso esto no es suficiente. También necesitamos una comunidad viviente, en la que podemos poner a prueba nuestras verdades, investigar lo que pueden parecernos revelaciones, contra lo que otros piensen. Necesitamos una comunidad con la cual simbolizar los significados de nuestras vidas.

La fe no es un producto que podamos comprar. Las iglesias y sinagogas, templos y mezquitas, no son 'tiendas de fe' a las que podamos ir a adquirir más fe. Desarrollar la fe es un compromiso para toda la vida, un proceso de por vida. Y ese proceso se ve más como una espiral que como una línea recta. A lo largo de los ciclos de nuestra búsqueda podemos creer y descreer de dios o de los dioses, a lo largo de la jornada. Pero una fe fuerte puede sostenernos, guiarnos, empoderarnos, profundizar nuestra visión y empujarnos a entregar nuestros corazones y vidas a lo mejor que conocemos. Que no seamos gente que tan solo mantiene la fe. Que seamos gente de una grande y buena fe que sea una bendición para el mundo.

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NOTAS DEL TRADUCTOR

(1) metáfora. 1. f. Ret. Tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita; p. ej., Las perlas del rocío. La primavera de la vida. Refrenar las pasiones. 2. f. Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión; p. ej., el átomo es un sistema solar en miniatura. DRAE

(2) credo. Del Latin "credere" creer. Una declaración corta de creencias religiosas, usualmente motivada por la necesidad de destacar las enseñanzas de la iglesia, por oposición a la herejía. Post-credo indicaría estar más allá de los credos, o habiendo superado la necesidad de los credos.

herejía: Proviene de la palabra griega para "escoger". Creencias prohibidas por la política del cuerpo directivo de un grupo de fe. La herejía de un grupo es frecuentemente creencia obligatoria o credo de otro. Considérese, por ejemplo, el criterio para la salvación que se enseña en tres grupos cristianos diferentes: la Iglesia Católica Apostólica Romana, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Mormones), y los fundamentalistas protestantes. Las creencias obligatorias de un grupo pueden ser al mismo tiempo las herejías condenadas del pasado para otro grupo (y viceversa).

hereje: persona que cree en una o más herejías.

(3) canon. El Canon de la Escritura en el cristianismo se refiere al conjunto de libros seleccionados de entre los libros de las Escrituras Hebreas, las docenas de evangelios, y las muchas docenas de epístolas de la Biblia. Algunos cánones contienen sólo 39 libros de las Escrituras Hebreas (Viejo Testamento) y 27 libros de las Escrituras Cristianas (Nuevo Testamento). Otros cánones incluyen los Apócrifos. Algunos teólogos liberales han recomendado que el canon se abra a escritos adicionales.



Linda Hoddy: 'Fe' y 'creencia'


Mi 'caída' al unitarismo

De cómo me liberé del ateísmo dogmático y pasé a un agnosticismo fideísta

Dado que mis padres se conocieron en un ámbito marxista, desde siempre he sido ateo. Cuando me dejaban al cuidado de mi abuela, a los 4 años de edad, recuerdo bien que discutía con ella y una tía y yo sostenía que "Dios no existe". Hoy pienso que el marxismo no está tan alejado finalmente del tronco abrahánico como se cree por lo general, e incluso constituye más bien su rama secular, pero esa es otra historia...

Así que por muchos años fui un marxista jacobino anticlerical furibundo. Hasta que llegó el momento de mi conversión [metanoia, es la palabra griega para rectificar el camino] y pude entrever una nueva luz. Desde que tengo a mi hijo mucho en mi vida ha cambiado. Lo educamos en casa con valores liberales, pero nunca está de más una instancia social externa que refuerce y valide estos valores. Siempre me han gustado las discusiones sobre teología, aunque la mayoría de las tradiciones teológicas me parecen intragablemente dogmáticas y arbitrarias, como que se dedican a dar vueltas interminablemente para marear a la perdiz y así hacer como si justificaran viejos desatinos impresentables. Así llegué a Beliefnet.com que es un sitio en le que hay artículos, debates e intercambios entre gente de los grupos de fe, de adeptos de un grupo o posición contra otros, o sobre temas interesante (todo en inglés).

Ahí encontré un curioso test (que a la postre resultó mi oráculo personal), que se llama Belief-O-Matic y que me ofreció una nueva manera de entenderme a mí mismo.

Este test compara tus creencias personales con las de los 26 principales grupos de fe, o posiciones sobre la religión. Yo suponía que me resultaría 100% ateo, o humanista secular y ya. Sin embargo el resultado fue algo completamente inesperado para mí. Mi resultado fue 96% humanista secular, pero ¡100% unitario universalista!

Al principio me pareció que habría seguramente un error en esto. Pero luego de navegar un par de meses por la red e investigar la visión del unitarismo encontré que efectivamente se adpataba a mis aspiraciones espirituales y éticas. La clave estuvo en la primera pregunta del Belief-O-Matic :

¿Cuál es la cantidad y naturaleza de la deidad, o deidades (Es decir, Dios, dioses, poder superior)?

Y al contemplar las posibles respuestas tuve una epifanía:

Ningún Dios ni fuerza suprema. O, no estoy seguro. O, no es importante.

Y entonces me di cuenta que como ateo dogmático doctrinario finalmente me ataba al mismo poste que los creyentes dogmáticos, así sea para combatir sus posiciones, asumía que la discusión más importante en el mundo era la existencia o inexistencia de Dios, y así caía inadvertidamente en su garlito, aceptaba sin darme cuenta que ellos establecieran el terreno de la discusión, las prioridades del debate y definieran las categorías conceptuales en que había de darse.

A los unitarios nos resulta igualmente aceptable que alguien crea, o no, en las deidades que necesite creer. No promovemos ninguna creencia obligatoria o dogma institucional. Una buena parte de los unitarios somos ateos, agnósticos o humanistas religiosos, pero no tenemos ningún problema para convivir en la misma comunidad de adoradores con teístas, deístas, neopaganos, cristianos, budistas, panteístas, animistas, judíos, hinduistas, mazdeístas u otros creyentes. No nos une el dogma, sino la búsqueda de maneras de ser bendición para el mundo, individual y colectivamente, y cada cual escoge las creencias religiosas que mejor le persuadan para la salvación por el carácter moral: ser aquí y ahora las mejores personas que podamos ser.

Me parece un error que de entrada cedamos a los fanáticos y fundamentalistas de toda laya el monopolio del campo social de lo religioso. Creo que el cambio social también puede transitar por ese espacio.

Me seduce una iglesia que no se autoproclame poseedora de ninguna verdad exclusiva, pero que se inscriba decididamente entre los promotores de los derechos humanos y del respeto irrestricto a la libertad de conciencia, incluso dentro de la iglesia.

Sigo siendo no-creyente en deidades, pero ya no pienso que esta posición sea un requisito indispensable para cualquier vida virtuosa.

Saludos en la fe liberal,

Francisco Javier Lagunes Gaitán
Atizapán de Zaragoza, México
5378.7808
04455.2021.1837
unitarius@gmail.com