24 de marzo de 2009

Mi familia es la humanidad

Columna publicada en el diario “La Prensa” el viernes 16 de enero de 2009

Por Francisco Javier Lagunes Gaitán *

Todos necesitamos un lugar de amor incondicional, de respeto, de aceptación que nos permita identificarnos, una serie de relaciones que nos digan a nosotros y al mundo quiénes somos. Estos lugares y estas relaciones que nos definen es lo que llamamos 'familias'. La familia, como todas las formas de organización social, evoluciona y se transforma a lo largo del tiempo.

En el Imperio Romano, la familia la constituía el conjunto de bienes y personas bajo la autoridad y tutela del Padre de Familia. Por esta razón una de las palabras que se usan para etiquetar a las servidoras domésticas es 'fámula'. El conjunto de los bienes de el Padre de Familia romano se llama el 'Patrimonio' y las unión legítima del Padre de Familia con una esposa reconocida socialmente (aparte de las concubinas) se llama 'Matrimonio' [la ocupación de la mater].

El matrimonio es uno de los ejes que tradicionalmente han definido a las familias. Las relaciones de afinidad (parientes políticos) se derivan de la relación matrimonial entre los clanes y tribus y la función más universal del matrimonio en todas las culturas humanas es la de legitimación de los hijos. Incluso en la sociedad Nuer de África (todavía a principios del siglo XX) se daban los matrimonios entre mujeres, en los que una de las integrantes se embarazaba con la colaboración biológica de algún hombre, pero los hijos eran reconocidos legítimamente como hijos de ese matrimonio del mismo sexo. El matrimonio de personas del mismo sexo no es, pues, ni novedoso, ni moderno.

Los momentos más decisivos de cambio en la historia moderna de la familia son la Reforma protestante del siglo XVI y la Revolución Francesa del siglo XVIII. El matrimonio y la familia va liberándose progresivamente de sus ataduras a conceptos teocráticos definidos por la iglesia impuesta desde el estado, para pasar a definirse en el ámbito del derecho civil, de la voluntad y la libertad de los individuos. El concepto mismo de la infancia como un bien merecedor de la protección pública se formó en la cultura occidental apenas en el siglo XVIII.

Con este panorama en mente contrasta que el reciente Encuentro Mundial de las Familias, convocado por el Papa se haya limitado a machacar una y otra vez declaraciones doctrinarias sin contacto con la realidad plural de las familias de México y el mundo. Según INEGI 20% de los hogares mexicanos son dirigidos por una mujer sola (30% en el DF), cada vez hay más familias creadas sin realizar ninguna forma de matrimonio. La aprobación de la Ley de Sociedad de Convivencia el DF ha contribuido a hacer visibles muchos de los hogares formados por parejas del mismo sexo.

Lo único sorprendente del citado encuentro es que se haya puesto de manifiesto que algunos jerarcas religiosos pretenden no darse por enterados de que vivimos en el siglo XXI y de que los cambios de los últimos 500 años son irreversibles.

* Activista y analista cultural: unitarius@gmail.com Integrante de la Libre Congregación Unitaria de México: www.lcum.blogspot.com

18 de marzo de 2009

¿Acaso ateos y creyentes serían dos especies diferentes?

En su comentario a la entrada “Los cerebros de creyentes y ateos son diferentes”, en el blog “Cyberateos”, Máximo Kinast nos propone un curioso y divertido aforismo:



Yo siempre he sospechado que hay una incompatibilidad entre inteligencia, religión y honestidad. Las tres juntas se dan de patadas.

Es posible ser inteligente y honesto, pero no puede ser religioso.

Es posible ser religioso y honesto, pero no puede ser inteligente.

Es posible ser religioso e inteligente, pero no puede ser honesto.



Es de agradecerse el comentario ingenioso de Máximo, sin embargo, ya fuera de simplificaciones de afán más o menos literario, de verdad espero que declararnos ateos, agnósticos o no-creyentes sirva para algo más que para sentirnos superiores a los demás gratuitamente.



¿No es acaso eso mismo para lo que la religión les sirve a los santurrones que sólo por creer en determinados dogmas y doctrinas se autoproclaman, salvos, perfectos, pueblo elegido, representantes terrenales del bien supremo espiritual, portadores de ínfulas de jueces inapelables de todos los demás, poseedores exclusivos de las 'llaves del reino' y cosas por el estilo?



La inteligencia es un fenómeno complejo y multivariado. De hecho, hay múltiples inteligencias según los principales investigadores del asunto. El caso es que una determinada posición sobre una cuestión dada, por ejemplo, sobre la 'existencia de Dios', no garantiza nada. Se puede ser ateo por buenas y por malas razones, lo mismo creyente. El pensamiento crítico es una habilidad que se conquista penosamente cada día (y se pierde en cualquier pequeño descuido) y que no nos caerá del cielo solamente por sumarnos a determinada posición en un debate.



Una vez escuché una frase ingeniosa como tu aforismo que dice que "el 90% del IQ (coeficiente intelectual) está en la actitud”. ¿Cuánto IQ, de esta clase, se refleja al aceptar acríticamente las definiciones más medievales de 'Dios' y demostrar que no resisten la prueba de la contrastación empírica? ¿Pero es que se necesita tanta 'inteligencia' para autoproclamarse, sin pruebas, como superiores al resto del género humano y como el próximo eslabón evolutivo de los homínidos, solamente por declarar que 'Dios no existe'?



Tal vez tú sólo conozcas a creyentes gregarios, pero por cada 100 mil de esos hay quizás más de un creyente crítico y honesto que encuentra formas de conciliar sus ideas sobre lo profano y lo sagrado, aunque muchas veces no coincidan con los dogmas declarados obligatorios en su tradición de fe. Por ejemplo, cada vez encuentro más creyentes pensantes que dudan sobre, o de plano niegan, la 'existencia de Dios' (pues la simple categoría de 'existencia' es una propiedad de los objetos, y ellos se oponen a objetivizar y cosificar a Dios).



Yo considero que nuestros hechos son más elocuentes que nuestras creencias (o increencias) proclamadas. Dejemos que nuestras vidas prediquen más que nuestras declaraciones inmodestas y autocomplacientes. Hay ateos y creyentes que son, por hablar metafóricamente, bendición para el mundo y para sus vecinos. Y hay ateos y creyentes que son nefastos: pésimos padres o parejas, empresarios depredadores, políticos corruptos y manipuladores, o criminales antisociales peligrosos.



No veo evidencia suficiente en el mundo para apoyar la dicotomía (entre creyentes y no creyentes) como categoría definitiva de clasificación de las personas, que nos proponen los que asumen la posición de Máximo.


Humanistamente,

Francisco Javier Lagunes Gaitán

15 de enero de 2009

¿Qué es y de dónde viene 'religión'? Rechacemos etimologías espurias

Alineación al centro


Usos y abusos de 'religión'

Es de lo más frecuente actualmente que al debatir con cierta profundidad sobre temas religiosos, nos encontremos con que muchos de los desacuerdos provienen del diferente sentido que damos a la palabra 'religión'. Por ejemplo, muchos ateos militantes optan por calcar exactamente la definición común de 'religión' en boga entre las iglesias hegemónicas convencionales. No parece importarles mucho que con este procedimiento queden apresados en la misma red de categorías que han elaborado las iglesias occidentales para su autorreflexión. Mientras que algunos connotados agnósticos, como Fernando Savater, entienden que la religión no es susbstancialmente otra cosa que algo semejante a un género literario (en cuyo caso no tendría mucho sentido militar contra un género literario), otros ateos fundamentalistas militantes dan por buena la definición dogmática hegemónica, cuyo paradigma está dado por la Iglesia Católica Apostólica Romana (ICAR), según el cual religión sería un culto organizado a una divinidad sobrenatural. Con semejante definición quedarían excluidas tradiciones incuestionablemente religiosas como el budismo, el taoísmo, el confucianismo, el cristianismo noteísta (o de la muerte de Dios), el humanismo religioso (a lo
John Dewey, 1869-1952, o Roy Wood Sellars, 1880-1973) que han practicado muchos entre los unitarios, en el judaísmo humanista y en la cultura ética.


Hace algunos años fue notorio el caso de una funcionaria fiscal de Texas que pretendió retirar el reconocimiento como iglesia a una congregación unitaria universalista, debido a que no establecía en sus estatutos "un sistema de creencias". Bien, la unitaria ciertamente no es una organización religiosa 'ortodoxa' o tradicionalista, puesto que es una iglesia occidental postcristiana que practica el pluralismo de creencias y carece de dogmas, doctrinas o escrituras obligatorias. Pero ¿acaso las autoridades fiscales de Texas han de asumir la función de determinar la esencia de la religión, más allá de lo que los mayores filósofos y estudiosos de la humanidad han podido llegar a entrever? Afortunadamente, las cortes consistentemente han revertido la decisión arbitraria de esas autoridades fiscales de imponer como único criterio para considerar religioso a un grupo su "creencia en un Dios, en dioses, o en un Poder Superior".

En medios cristianos fundamentalistas y evangélicos conservadores es frecuente afirmar que su práctica religiosa y su iglesia no constituirían una 'religión', y que la única 'religión' de ellos sería 'aceptar al Señor Jesús'. Tal giro del lenguaje resulta una arbitraria y gratuita autoproclamación de un cristocentrismo excluyente.



Concepto esencialmente impugnado

La etiqueta de concepto esencialmente controvertido proviene de un artículo de Walter Bryce Gallie (1912-1998) donde caracterizó por primera vez una categoría de conceptos que "son esencialmente controvertidos, conceptos que su uso inevitablemente conlleva disputas sin fin acerca del correcto uso por parte de los hablantes" GALLIE, W. B., "Essentially contested concepts", Proceeding of the Aristotelian Society, 56 (1955-56), (167-198), p. 189. Según Waldron, la etiqueta de concepto esencialmente controvertido cumple tres condiciones: a) Es una disputa entre paradigmas rivales sobre el significado central del concepto. b) La controvertibilidad es parte de significado en cuestión. c) El desacuerdo es indispensable para el uso del término WALDRON, Jeremy, "Vagueness in law and language: Some philosophical issues", California Law Review, vol. 82, 1994, (529-539), pp. 509-554.

Dado que cualquier definición de la palabra 'religión' contiene necesariamente elementos evaluativos encuadrados en diferentes paradigmas del hecho religioso, se le considera un 'concepto esencialmente impugnado', o 'esencialmente controvertido', de igual manera que lo son 'democracia', 'arte', 'bien', 'ideología', 'poder', 'simplicidad', etc. Esto significa que no es posible obtener una definición unívoca y universalmente aceptable de 'religión'. Sin embargo, sigue siendo un concepto útil en la ciencia social, siempre que tengamos conciencia de los alcances y límites de los paradigmas en los que puede inscribirse.




Visiones contrahegemónicas

La más extendida definición de 'religión' entre los ateos parece remitirse a la visión esencialista decimonónica del antropólogo evolucionista E. B. Taylor (1832-1917), según la cual la religión sería una "creencia en seres espirituales", nos llevaría a un entendimiento privado e intelectualista de la religión, del que sólo hay un paso hacia la posición condescendiente del ateo dogmático hacia estos presuntos "creyentes en seres espirituales". La definición de E. B. Taylor converge con el relato oficial de los grupos de fe hegemónicos convencionales, dado que postula la adhesión a determinada creencia como clasificador de pertenencia a un colectivo (un claro resabio del idealismo filosófico europeo, con sus proclamaciones solemnes de credos y juramentos de lealtad).

Émile Durkheim (1858-1917), por el contrario, nos ofrece una comprensión funcional de la religión desde la óptica del comportamiento colectivo, para su visión la religión se enmarca en la 'comunidad moral o Iglesia'. En una perspectiva funcional, tu religión es aquello que determina tu relación contigo mismo, con los demás y con el universo.

Desde la investigación en religiones comparadas, en la visión de
Wilfred Cantwell Smith (1916-2000) la fe personal (relación personal con lo sagrado) se ve contenida o modelada por la tradición acumulada de las comunidades de fe (rituales, doctrinas, organizaciones).
La fe y la creencia no son sinónimos en esta perspectiva, ni la fe es necesariamente sinónimo de creerse lo que es absurdo.




Ejemplo de definición no-convencional

Según Paul Connelly, la religión proviene de un intento de representar un orden de creencias, sentimientos, imágenes y acciones que surgen en respuesta a la experiencia directa de lo sagrado y lo espiritual. Al expandirse el intento en su formulación y elaboración, se convierte en un proceso que crea significado para sí mismo sobre una base sustentable, tanto en lo concerniente a sus experiencias originarias, como a sus respuestas continuadas.

Lo sagrado es una manifestación misteriosa de poder y presencia que se experimenta tanto como algo primordial, como también transformativo, que inspira asombro y captura la atención.

Lo espiritual es la percepción de la comunidad de la conciencia del deber que borra las fronteras entre el YO y el mundo, que produce una sensación de unión de propósitos del YO y el mundo para afrontar las cuestiones existenciales y proveernos de una mediación del reto de responder a la interacción entre el YO y el mundo, lo uno y lo múltiple.




Etimología de 'religión'

Muchas veces, las discusiones etimológicas resultan básicamente insubstanciales y suelen aportar mucho menos al esclarecimiento del tema que al lucimiento erudito de quienes suelen proponerlas. Sin embargo, espero que en este caso se demostrará la pertinencia de analizar el origen y parte de la evolución del término.


El objeto de investigación de la religión como ciencia es muy controvertido. Se empieza por discutir la etimología de la palabra. Según Marco Tulio Cicerón [106-43 a. C.], en De natura deorum, II, 28, escrito 45 a. C., el sustantivo religio se deriva del verbo relegere.

Siglos más tarde, Lucius Caecilius Firmianus Lactantius [250-325 d. C.], en Divinae Institutiones IV, 28, redactadas entre el 304-313 d. C., hace derivar la palabra religio del verbo latino religare.

Para Cicerón, la religión sería asunto del culto cuyas reglas hay que observar escrupulosamente. Para Lactancio, la religión tiene un carácter más existencial de religación del hombre con la trascendencia.

Según el lingüista francés Emile Benveniste (1902-1976), desde el punto de vista lingüístico, no se puede derivar religio de religare pues no existe el abstracto *ligio derivado de ligare. El sustantivo de religare ('unir fuertemente', 'vincular intensamente') sólo podría ser religatio y no religio.

A partir del verbo legere se puede obtener el sustantivo legio ('cuerpo armado o conjunto de soldados reclutados'). De los verbos de los que se podría derivar la palabra religio, que serían

religere ('tener en cuenta'), (Augustín: Retract. I, 12, 9)

religare ('religar', 'atar fuertemente')

relegere ('leer atentamente', 'repasar escrupulosamente')

obtendríamos los sustantivos siguientes:

relictio de religere

religatio de religare (etimología propuesta por Lactancio)

religio de relegere (etimología propuesta por Cicerón)

El verbo legere tiene varios significados:

leer (por ejemplo un escrito),

recolectar, colectar, juntar (espigas, uvas),

escuchar, espiar (recoger con el oído),

escoger, elegir (reconocer y decidir),

leer en voz alta (algo a alguien).


Cicerón relacionaba la palabra 'religio' con el verbo relegere ('tratar con diligencia'), un derivado del verbo lego ('reúno', 'recojo'), del que se derivan neglego [con lo que se implica que 'religión' es lo contrario de 'negligencia', como en la frase usual: 'pagó religiosamente sus deudas', FJLG], intellego, diligo y dilectio.

Según Walde (1965: 352), diligo, intellego y neglego, por tener la misma flexión, la misma derivación y por su significado son sentidos por la conciencia lingüística de los hablantes como pertenecientes al mismo grupo.

«Religión, 1220-50. Tomado del latín religio, -onis, íd., propiamente 'escrúpulo, delicadeza', y de ahí 'sentimiento religioso'.»[J. Corominas: Breve diccionario etimológico. Madrid: Gredos, 1967, p. 501]

La expresión latina mihi religio est significa 'me causa escrúpulo'.

«Un gran historiador de las religiones (Cumont 1929: 40-41) escribía que el culto de los dioses en Roma era un deber cívico, mientras que el culto de los dioses de misterios extranjeros era la expresión de una fe personal; esto fue lo que hizo que el Imperio se abriera a formas de religión distintas de las puramente cívicas, causando la fácil victoria de los dioses griegos y orientales en los últimos siglos de la república. La organización social y política puede producir tal vez la ilusión de apuntalar una religión; generalmente la perfora.» (Zubiri 1993: 178)

La interpretación más extendida es la 'cristiana' que dio Lactancio (304-311 d. C.), que hace derivar religio de religare, vincular, atar fuertemente [Nota importante: el prefijo 're' tendría aquí el sentido de reforzamiento, no de iteración, se refiere a 'atar con fuerza', no a 'volver a vincular'. Así que la tan repetida versión de 'volver a unir' carece de cualquier fundamento más allá de la repetición irreflexiva del dicho de Lactancio, FJLG].

Sea como fuere, el problema de la etimología de la palabra 'religio' sólo tiene interés histórico. Es significativo que esta palabra no existe en otras lenguas que no sean las influidas directamente por la cultura romana. Las otras lenguas no tienen una palabra cuyo significado abarque todo lo que en nuestro ámbito cultural queremos decir con la palabra religión. Los romanos no comprendían la religión separada de la vida política y del ámbito profano. La religio no podía ser algo separado de la esfera pública. La así llamada "historia de las religiones" es una investigación que comienza en Europa en el siglo XVII. Justo Fernández López
http://culturitalia.uibk.ac.at/hispanoteca/Foro-preguntas/ARCHIVO-Foro/Religi%C3%B3n-religare-relegere.htm



A manera de conclusión

Los diccionarios usuales de la lengua no son autoridades normativas, sino solamente recopilaciones léxicas que indican la frecuencia estadística de uso de un término en determinado acervo documental. Un debate sobre el sentido de 'religión' no podría zanjarse por el simple expediente de recurrir a un diccionario de la lengua.

La religión como sistema de creencias más o menos sobrenaturalistas no es sino uno de los posibles paradigmas. Que las iglesias y comunidades religiosas afirmen que lo central de su actividad son sus creencias proclamadas no lo hace una verdad fáctica autoevidente.

¿Por qué dar por buena la definición hegemónica de religión para realizar una valoración crítica del fenómeno religioso? ¿Y si el centro de la religión está en otra parte y no en las
creencias autoproclamadas?

Y lo más notable del asunto. En la antigüedad la definción orginal de 'religión' ('religio') no se centra en determinada creencia que permitiría la 'fuerte vinculación' hacia una deidad en particular (como espuriamente inventó Lactancio), sino un 'escrúpulo por cumplir con lo que es debido' (como originalmente señaló Cicerón más de 3 siglos antes). El sentido original de 'religio' era mucho más funcional y matizado que el sentido vulgar que se le atribuye basados en una etimología espuria.





7 de enero de 2009

Ateos racionales y ateos anti-dios

Tomado de: http://plazamoyua.wordpress.com



Probablemente Dios no existe,

así que deja de preocuparte y disfruta de la vida

Eso reza la campaña anti dios que está de moda en el Reino Unido, y que van a importar en los autobuses de Barcelona.

Las movidas anti algo son delicadillas, y su justificación depende enteramente de la peligrosidad y agresividad de ese algo. O sea, si son de defensa, o son de ataque bajo pretexto de estarse defendiendo. Es estupendo ser antifranquista cuando hay franquismo, es absurdo y juego sucio ser antifranquista cuando ya no existen ni Franco ni el franquismo. El ataque a lo que ya no existe, o a lo que ya no tiene peligro, suele esconder otro tipo de ataques menos presentables. Generalmente a la libertad de otros. Y aquí tenemos un gran ejemplo con los nacionalistas.

Probablemente Dios no existe,

así que deja de preocuparte y disfruta de la vida

Muy racional. ¿Quien te ha dicho que haya nadie preocuado? ¿Y al que esté preocupado, le va a convencer eso de “probablemente” para arriesgar el fuego eterno? ¿Y quien te ha dicho que los que creen en Dios no disfrutan de la vida más que tú?

En todo caso parece claro que hay muchos teístas para los que sus creencias son una herramienta de vida bien útil. Psicológicamete útil. Como para tantos pueda serlo el vino o la marihuana. No se me ocurre motivo alguno para quitarles su libertad, mientras ellos no atenten contra la libertad de los demás. Una cosa es exigir que te dejen pensar como te de la gana, y muy otra es exigir que piensen como tú.

En fin.

Como viene muy al caso, me gustaría señalar esta traducción de un artículo de Michael Shermer [-->]:

Por un ateísmo racional

Carta abierta a los señores Dawkins, Dennett, Harris y Hitchens










30 de diciembre de 2008

La razón y la reverencia



Emerge un nuevo humanismo religioso que ofrece profundidad, sentido y propósito sin sacrificar la honestidad intelectual, ni la dimensión espiritual. Por William R. Murry publicado en el número de diciembre de 2006 en UUWorld (Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán).

Hace algún tiempo un vecino, al enterarse de que me considero humanista, me preguntó cuál era el significado de 'humanista'. Le contesté que el humanismo se refiere a afirmar la valía y la dignidad de cada persona, a un cometido de mejoramiento humano y a la necesidad de que los seres humanos asuman la responsabilidad de sí mismos y del mundo. "Si es así, parece que yo también sería humanista", respondió aparentemente sorprendido. En este sentido amplio de 'humanismo' millones de personas serían humanistas, aunque no se identifiquen como tales y los valores humanistas permean nuestra cultura e instituciones.

Le expliqué a mi vecino que hay muchas clases de humanismo y que algunas son teístas, en tanto que el humanismo religioso y su primo, el humanismo secular, son noteístas [en palabras de Tom Flynn: En la definición de Michael Martin para el Cambridge Companion to Atheism, se distingue entre ateísmo positivo, o la firme convicción de que no existen deidades, y el ateísmo negativo, o simple ausencia de creencia en dios alguno. En varios escritos, Paul Kurtz se ha hecho eco de la dicotomía de Martin, proponiendo una distinción entre ateísmo y noteísmo (...) En nuestras respectivas enciclopedias para no creyentes, Gordon Stein y yo hemos discutido una definición de ateísmo más cercana al ateísmo negativo de Martin: La simple ausencia de creencia en dioses. Esto refleja las raíces grietas de la palabra, a-theos, literalmente sin dios. Stein y yo hemos encontrado perverso que el ateísmo real deba requerir algún tipo de certidumbre en la no existencia de dios, algo que en sí mismo aparentaría ser un tipo de fe].

El humanismo religioso es una posición hacia la vida que demuestra gozo hacia estar vivos en este universo inimaginablemente vasto y de una belleza que quita el aliento y que muestra alegría y satisfacción en contribuir al mejoramiento humano. Sin un credo, pero con insistencia en la la razón, la compasión, la comunidad, la naturaleza y la responsabilidad social, se trata de una manera de vivir que responde a las necesidades espirituales y religiosas de la gente actual. Un nuevo humanismo emerge entre los unitarios universalistas, un humanismo religioso conformado por los desarrollos culturales y los descubrimientos recientes en las ciencias humanas y naturales, que se fundamenta en el contexto amplio del naturalismo religioso, un humanismo religioso que ofrece profundidad, sentido y propósito, sin sacrificar la honestidad intelectual, ni la dimensión espiritual.



El naturalismo religioso es una perspectiva que encuentra sentido religioso en el mundo natural y rechaza la noción de un ámbito sobrenatural. En años recientes, el naturalismo religioso ha experimentado un resurgimiento. La mayoría de los naturalistas religiosos son teístas que entienden a Dios como perteneciente al universo natural, más que como una deidad sobrenatural.

Yo asumo una fe noteísta, una perspectiva que llamo naturalismo religioso humanista. Como el humanismo religioso tradicional, rechaza lo sobrenatural y mantiene que sólo hay una realidad, el universo natural. El humanismo tradicional, sin embargo, históricamente ha sido demasiado antropocéntrico, mientras que para el naturalismo religioso humanista es la naturaleza, más que el ser humano, lo que es último. Esto aporta el fundamento para una ética ambiental fuerte, tan necesaria en un mundo amenazado por la destrucción ambiental. Lo que es más, integrar el humanismo religioso con el naturalismo religioso resulta en una mayor profundidad espiritual y en un lenguaje de reverencia, aspectos ambos que muchos consideran faltantes en el humanismo tradicional. Se trata de una forma emergente de humanismo que también ofrece un relato significativo: la épica de la evolución. Las diferencias con el humanismo religioso tradicional podrían parecer sutiles, pero ofrecen el fundamento para un humanismo más abierto, menos racionalista y más incluyente, que hable al corazón y al alma, no sólo al intelecto.



Por la otra parte, el naturalismo no es una fuente suficiente de sentido religioso, debido a que la naturaleza es moralmente neutral, o simplemente amoral. Su único valor parecería ser la creatividad. La naturaleza ha producido lo que percibimos como la magnificencia del universo. A través de la evolución creó a la humanidad, que a su vez desarrolló principios morales. Pero la lluvia de la naturaleza cae sobre el justo y el injusto por igual. La enfermedad y la muerte afligen a todos, con independencia de su carácter [carácter moral: el conjunto de virtudes y hábitos de conducta moral de una persona]. La naturaleza no sabe nada de la justicia, el amor, la bondad, o la generosidad. El humanismo, con su convencimiento sobre la dignidad y el valor de todos los humanos y todo lo que se sigue de este principio, provee de los valores de los que el naturalismo carece.

Además, me parece que el naturalismo religioso, ya sea en su forma teísta o noteísta, es la perspectiva teológica de la religión liberal, particularmente el unitarismo, o unitarismo universalista. El estudio Engaging Our Theological Diversity [Tomar parte en nuestra diversidad teológica] elaborado por la Commission on Appraisal [Comisión de Evaluación] de la Asociación Unitaria Universalista de Congregaciones refuerza esta convicción de varias maneras. Los sondeos de la comisión revelaron que el Séptimo Principio, que afirma "El respeto por la trama interdependiente de todo cuanto existe, de la cual formamos parte" está "en el centro de nuestra visión compartida del mundo" y que la mayoría de los encuestados rechazaron la idea de un universo de dos habitaciones, la correspondiente a lo natural y la que correspondería a lo sobrenatural. Más aun, la mayoría de los encuestados que mencionaron a Dios como parte de su teología hablaron de Dios en términos naturalistas, tales como el poder de la creatividad, la fuerza inmanente del bien en el mundo, o simplemente como el misterio. En una palabra, encontrar lo sagrado en el mundo natural parece ser una delas principales características del liberalismo religioso. Este rechazo al sobrenaturalismo distingue a la religión liberal de otras formas de religión occidental.

Los estudiosos frecuentemente diferencian entre dos clases de religión, mythos y logos. Mythos se refiere a la religión imaginativa basada en mitos, o en relatos con significados. Los mitos ofrecen una explicación de por qué las cosas son como son y dan un significado más profundo a la vida. Los dos relatos d ela creación en la Biblia Hebrea están entre los mitos más famosos de la cultura occidental. Creo que los mitos nunca fueron concebidos para ser creídos al pie de la letra, sino que probablemente fueron entendidos por la gente precientífica como intentos metafóricos de describir una realidad que resultaba demasiado compleja y misteriosa para para ser comprendida de cualquier otra forma. Es sólo en la época científica,con su insistencia en el conocimiento fáctico, que los mitos han llegado a ser tomados como hechos. Al tomar al pie de la letra a los mitos, la religión fundamentalista transforma los mitos en logos.



El logos es la religión racional, lo que en nuestro tiempo usualmente significa la religión basada en la visión del mundo científico-empírica. La religión racional se desarrolló principalmente en la filosofía griega, que en mucho es esencialmente una versión racionalizada de la mitología griega. También surgió en alguna medida en la tradición de los profetas hebreos, que se rebelaron contra los rituales y las ceremonias, e insistieron en una vida moral y en la justicia social. El naturalismo religioso humanista es una forma contemporánea de la religión del logos.

Los mitos y los relatos son importantes para la religión, pues hablan a nuestro inconciente y por ello nos afectan en un nivel profundo e influyen sobre nuestros supuestos y actitudes básicos. Aunque el naturalismo religioso humanista pertenece al tipo de religión del logos, incluye también relatos que sirven a la misma función que los mitos para proveer de un entendimiento narrativo del origen y sentido del universo y de la vida humana. Uno de estos es el relato de la evolución cósmica y biológica. Es la historia de los poderes creativos emergentes de la naturaleza, misma que continúa hoy en la forma de la evolución moral, espiritual, social y cultural que suscita la creatividad humana. Un segundo relato, consistente con los valores del humanismo, es la notable historia de la expansión de la libertad humana en el mundo, tanto de la libertad política, como de la libertad religiosa.

Ha sido tiempo que el humanismo ha sido uno de los blancos predilectos de la derecha religiosa. Hace algunos años el Revdo. Tim LaHaye proclamó que "los humanistas son enemigos mortales de todos los americanos en favor de la moral y constituyen la más sería amenaza contra nuestra nación en toda su historia". LaHaye es uno de los más notorios dirigentes evangélicos y coautor de la serie Left Behind [Dejados atrás]. LaHaye, Jerry Falwell y otros han culpado al humanismo por todo lo que creen que va mal en América, la libertad de elección reproductiva, los programas contra la pobreza, el movimiento feminista, el movimiento por los derechos GLBTI [gays, lésbicos, bisexuales, transgéneros e intersexuales], las leyes contra la oración obligatoria en las escuelas públicas, el control de armas y la educación sexual.

Al mismo tiempo se equivocan y tienen razón. Están completamente equivocados al llamar a los humanistas una amenaza para la moralidad nacional, pues el humanismo es una forma elevada de vida ética, pero tienen razón en cuanto a conceder crédito a los humanistas por haber promovido el cambio social. Al articular mi entendimiento del humanismo emergente, espero ayudar a otros a considerarlo una opción viable para el mundo de hoy. En su estudio monumental, Una historia de Dios, 4000 años de búsqueda en el judaísmo, el cristianismo y el Islam (Paidós, 2006), la notable estudiosa y escritora, experta en historia de la religión, Karen Armstrong (1944-) escribe:

Cuando las ideas religiosas han perdido su validez, usualmente se desvanecen sin dolor; si la idea humana de Dios ya no funciona para nosotros en la época del empirismo, será descartada. Ya en el pasado la gente ha creado nuevos símbolos para actuar como foco de la espiritualidad. Los seres humanos siempre han creado una fe para ellos mismos, para cultivar su sentido de la maravilla y del significado inefable de la vida.

Estoy convencido de que en esta época empirista, el naturalismo religioso humanista puede y debe ser esa fe.




Creo que una religión viable para el siglo XXI debe incluir las siguientes 5 características:

En primer lugar está la afirmación de que los seres humanos son una parte integral de la naturaleza. No estamos separados, ni somos distintos del resto del mundo natural; formamos parte y somos un fragmento de él. Estamos relacionados con cada criatura viviente, tanto planta, como animal. Los elementos de los que estamos compuestos —carbono, calcio, nitrógeno, oxígeno, hierro— son los mismos elementos de los que está hecho el resto del universo.

La segunda característica se sigue de la primera: No somos dominantes sobre la naturaleza, como una vez creímos; somos sus servidores y administradores. Una religión para el futuro afirmará la responsabilidad del género humano en la preservación y sostenimiento del mundo natural. El futuro de la vida sobre este planeta y ciertamente el del planeta mismo depende de ello.

En tercer lugar, cualquier religión viable futura debe tomarse en serio las implicaciones para la religión de los descubrimientos notables de las modernas ciencias naturales y humanas. El mundo de la ciencia moderna es un mundo diferente al de nuestras percepciones ordinarias y al de los pueblos antiguos que dieron nacimiento a las religiones occidentales [abrahánicas]. La religión del futuro debe ser una religión que aprenda de la ciencia y se adapte consecuentemente a la tecnología. Y dado que cada religión requiere de una narración, el relato de la religión del futuro será un relato científico con un significado mítico.

En cuarto lugar, tal religión habrá de reconocer la importancia, tanto de la razón, como de la reverencia. La habilidad humana para pensar crítica y constructivamente ha hecho posibles nuesytros muchos logros artísticos, así como los avances médicos y tecnológicos, pero es sólo la reverencia, entendida como sentimientos de respeto y asombro, lo que puede salvarnos de la hybris [desmesura, orgullo, soberbia] que destruiría todo el bien que hemos logrado. Como lo escribe Paul Woodruff en su elegante libro, Reverence: Renewing a Forgotten Virture [La reverencia: Renovación de una virtud olvidada], "La reverencia parte de un entendimiento profundo de las limitaciones humanas". Y señala que la reverencia evita que los seres humanos actúen como dioses. Por ello es esencial para nuestra verdadera humanidad. También creo que se puede presentar un fuerte alegato en cuanto a que la carencia de reverencia es una de las causas principales de todas las formas de violencia humana a lo largo de la historia y en la vida familiar y comunitaria, así como con respecto al ambiente natural. Y dado que la reverencia no es sólo una cualidad religiosa, una religión sin un sentido profundo de reverencia no es en absoluto una religión.

Finalmente, la religión del futuro debe afirmar aquellos valores a hacer a nuestras vidas más plenamente humanas. En su autobiografía espiritual, La escalera de caracol: En busca del sentido de la vida (Maeva 2006), Karen Armstrong escribe:

En el curso de mis estudios, he encontrado que la búsqueda religiosa no consiste en descubrir 'la verdad', o 'el sentido de la vida', sino en vivir tan intensamente como sea posible el aquí y el ahora. La idea no es captar a una determinada personalidad sobrehumana, ni 'llegar al cielo', sino descubrir cómo ser plenamente humanos.

Esto es precisamente en lo que consiste el naturalismo religioso humanista. Volvernos plenamente humanos implica la transformación de la mente y el corazón, desde estar centradas en el ego, hacia un sentido de ser parte de un todo mayor sagrado y a un cometido profundo con los mundos humano y natural. Trata de la transformación de una vida superficial de miedo, avaricia, hedonismo inmediatista, y materialismo cosificante, hacia una vida de amor, cuidado, gratitud y generosidad, justicia y equidad, gozo y esperanza, así como de un profundo respeto por los otros.



El naturalismo religioso humanista promueve una vida ética en la que uno piense y actúe desde una perspectiva mayor que los intereses egoístas propios, una vida que afirme la valía y la dignidad de cada persona, una vida plena de maravilla y reverencia por la extraordinaria magnificencia del mundo natural y las creaciones humanas. Incluye gratitud por el don de la vida misma y la capacidad de disfrutarlo.



Ser plenamente humanos es desarrollar y usar nuestras mentes sin negligir nuestras emociones e intuiciones. Para mí, es una responsabilidad religiosa y un gozoso desafío aprender todo lo que pueda sobre los seres humanos y el mundo en el que vivimos, así como pensar crítica y constructivamente sobre lo que aprendo. Pero también somos seres emocionales que necesitamos usar nuestros sentimientos al servicio de lo mejor que conocemos. Una persona plenamente humana tiene, tanto una mente abierta y un corazón cálido, como una conciencia social. Como Bertrand Russell (1872-1970) lo sugirió, "La buena vida es una vida guiada por la razón y motivada por el amor".



Fundamentar el humanismo religioso en el naturalismo religioso hace posible afirmar una perspectiva que incluye estas 5 características y por lo tanto califica como una religión para el siglo XXI. Como lo escribió el finado astrobiólogo y divulgador de la ciencia Carl Sagan (1934-1996), "Una religión que destaque la magnificencia del universo como lo revela la ciencia moderna podría ser capaz de extraer las reservas de reverencia y asombro sobreexplotadas por las fes convencionales. Tarde o temprano, ha de emerger tal religión". El naturalismo religioso humanista es justo esa religión. Creo que emerge entre nosotros hoy.




Adaptado con permiso del libro Reason and Reverence: Religious Humanism for the Twenty-first Century de William R. Murry (Skinner House, 2006). El Revdo. Dr. Murry ha sido Presidente del seminario unitario de Chicago, la Escuela de Teología Meadville Lombard.





















26 de noviembre de 2008

Sobre el sentido de la apostasía



A propósito del documento: Ateología: Manifiesto por la Excomunión, publicado por la Federación Internacional de Ateos (FIdA) ofrezco mi visión y mi crítica personal de la actitud facilona de presunto 'desafío' de los compañeros que planean pegar su documento en iglesias, catedrales y obispados católicos romanos, lo que me parece que puede ser una divertida broma, pero que realmente no construye una acción ciudadana en defensa del derecho al control de la información personal, lo que sería más relevante socialmente y desde la perspectiva de la emancipación del control externo sobre nuestras vidas privadas.




Sobre el sentido de la apostasía



Mis padres ya no eran creyentes, pero ante la súplica explícita y enfática de mis abuelas (paterna y materna), consintieron en realizar una ceremonia católica de bautismo. También mis padrinos de bautizo eran ateos declarados. Es decir, que la necesidad de realizar una actividad para responder a las expectativas familiares y sociales, así como la oportunidad de incluir más de cerca a amigos queridos en las vidas de la familia, llevó a una simulación, a primera vista sin mayores consecuencias...

Sin embargo, cada vez que un jerarca católico fundamenta sus intentos de imponer una moral dogmática sobre la sociedad y de negociar prebendas políticas con los poderes públicos en la presunta militancia católica de la mayoría de la población, presuntamente sustentada en las fes de bautizo, vuelvo a considerar que sería pertinente que quienes no avalamos estas posiciones nos deslindáramos de semejante liderazgo, que hagamos visible un movimiento nacional (así sea pequeño inicialmente) que desautorice la manipulación jerárquica de las estadísticas de las fes de bautizo, generalmente realizado sin tomar en cuenta la opinión de los bautizados, que no podíamos defendernos como bebés ante esa imposición...

Me parece que no es cosa menor confundir entre
excomunión y apostasía. La excomunión es un castigo, una exclusión del uso de los sacramentos decretada contra alguien. Evidentemente, si uno renuncia a participar de los sacramentos de determinada comunidad, la 'excomunión' decretada resultaría irrelevante, pues solamente pueden privarnos de lo que deseamos o de aquello de lo que participamos. En cambio, la apostasía se refiere a la exigencia a la jerarquía de la Iglesia Católica Apostólica Romana (ICAR) de que reconozca que algún bautizado ha decidido abjurar de las doctrinas y prácticas de la ICAR. Apostatar es exigir que se nos borre de la lista de bautizados, y así evidenciar la oposición de determinado sector a que la jerarquía de la ICAR siga manipulando las cifras de bautizados para medrar políticamente.

En España con la iglesia han topado muchos solicitantes de que la ICAR tome nota de de su apostasía. Pese a que hay una agencia gubernamental para la protección de los datos personales (que exige que los datos proporcionados con un fin no se comercialicen o utilicen para fines diferentes, que se manejen confidencialmente y que sólo conserven los datos personales mientras se cuente con la autorización de los interesados) la jerarquía de la ICAR ha utilizado todos los medios burocráticos a su alcance para dificultar la toma de nota y borrar de sus registros los datos que el apóstata exija.

En países con una tradición católica predominante históricamente puede sonar engañosamente 'heroico' pretender provocar la declaratoria de excomunión como una supuesta forma de lucha. Sin embargo, me parece que esta es una táctica equivocada. ¿Qué sentido tendría reconocer la eficacia de la excomunión interna? ¿No sería esto validar indirectamente la eficacia simbólica de los mecanismos jerárquicos? Por lo demás, la 'excomunión' no es un derecho, mientras que la apostasía sí lo es. La excomunión es una prerrogativa de los obispos, mientras que la apostasía es exigirles que reconozcan que en uso de su libertad, algunos bautizados han decidido separarse de su doctrina y su práctica autoritaria. No es una diferencia pequeña. Lo que está en juego no es nuestra capacidad para mostrarnos indiferentes ante las condenas al fuego eterno, lo que está en juego es exigir socialmente a los jerarcas autoritarios de la ICAR que nos borren de su lista:
¡No en nuestro nombre, nunca más!

¿Suplicaremos a los jerarcas de la ICAR que nos concedan la gracia de condenarnos al fuego eterno y que nos priven de sacramentos transubstanciados en los que ni creemos, o exigiremos nuestro derecho ciudadano a que conste legalmente que no formamos parte de su lista, que no avalamos su política y que descartamos su doctrina y su práctica autoritaria? ¿Por qué habríamos de presumir coherencia alguna por parte de la jerarquía en cuestión? ¿Por qué habríamos de conceder la razón a la jerarquía de la ICAR en el sentido de que ella sería la suprema y más prístina encarnación de lo religioso en la experiencia humana, y que por lo tanto cualquier crítica contra la jerarquía de la ICAR tendría el efecto automático de demoler la completa categoría de 'lo religioso'?

La principal crítica que hago a este manifiesto de la FIdA es que me parece que, pese a que puede ser un revulsivo fresco que motive muchas discusiones útiles e interesantes, es en todo caso un documento de autoconsumo, no convence a ningún dudoso, solamente refuerza la convicción de los ya convencidos previamente. Pese a que desde la posición ateísta dogmática se acusa a los creyentes de no reflexionar y de deficiencias en su razonamiento, por ninguna parte se ve ninguna demostración de que todos los males de la humanidad provengan ni siquiera de la jerarquía de la ICAR, ya no digamos de 'la religión'. Al parecer, la pereza argumental resulta un riesgo generalizado de la condición humana y no parece que ni la ICAR, ni los creyentes la puedan monopolizar en manera alguna.

Y una vez más, la historia se repite, y como Carlos Marx dijera alguna vez, la primera vez es tragedia, pero la segunda ya es comedia. Cuando Augusto Compte postuló su nueva religión positiva como la vía suprema hacia el progreso continuo de la humanidad, en vez de ofrecer una religión de integridad ética, de búsqueda y de libertad de pensamiento, se autonombró el Papa de la Religión Positiva. Ahora los compañeros de la FIdA se autonombran el I Concilio Ateo (Ateología: I Concilio Ateo), por fortuna, los unitarios sí hemos aprendido algo sobre las trampas de la ortodoxia dogmática autoproclamada por un 'concilio'. Nosotros, a diferencia de la jerarquía de la ICAR y de la FIdA-I Concilio Ateo, no nos autoproclamamos dueños exclusivos de ninguna verdad definitiva, ni consideramos que quienes difieran de nosotros estarían necesaria e irremisiblemente condenados a castigos eternos (el error eterno, según la FIdA).

Saludos en la búsqueda más allá de dogmas.

















5 de noviembre de 2008

El humanismo viviente (una perspectiva libertaria)

Por Francis Mortin (marzo de 2005)

A veces he sopesado cuidadosamente qué es lo que el humanismo tiene que ofrecer. Mi mejor hipótesis es que ofrece un corazón a quienes están listos para decir "no" a la autoridad coercitiva. Cuando los humanistas "crecen", encuentran que son anarquistas.

¿La metafísica? ¡Bah! Que los ateos ocupen su completa atención en los dioses; lo que los humanistas dicen es más bien, ¿y a quién le importa la existencia de los dioses, o su negación? Ambas son éticamente irrelevantes.

Así que se deja de lado la preguntas metafísicas sobre las deidades. Lo que debe ser tratado es la dañina enseñanza de la alienación innata, una doctrina central a las visiones judeocristianas. Una persona libre diría con [el gran filósofo trascendentalista y ministro unitario] Ralph Waldo Emerson (1803-1882), "¿La paz con Dios? Dios y yo nunca hemos reñido".

E importa la cuestión de la actitud propia del ser humano. ¿Todas las rodillas deben hincarse? Tonterías. No las mías. Lo siento por las de ustedes, fundamentalistas.

Pero el punto clave ineludible que veo es que ningún individuo debe humillarse ante ningún Dios, ni ante ningún estado. La obediencia, la virtud central del sistema ético judeocristiano, NO es una virtud. ¿Las leyes? No las "obedezcas"; opta por soportarlas. No es la misma cosa.

Como lo muestra Max Stirner (1806-1856) en "El Único y su propiedad" ("The Ego and Its Own"), la sociedad conspira desde tu nacimiento hasta tu muerte para mantener tu conformidad hacia el 'otro', siempre obediente hacia lo que está por fuera de ti mismo. No eres así una persona, sino una cosa. Permaneces reactivo, no creador como Dios. Se te alecciona cuidadosamente para suprimir esa soberanía que es tu derecho de nacimiento. Lee el poema de Alexander Pope (1688-1744), "Ensayo sobre el hombre", sobre lo que realmente somos.

El llamado del humanismo es a sostener un espejo frente a la humanidad y decirle: ¡Mira! ¡Ve lo que eres! ¡Deja de inclinarte y arrodillarte! ¡Levántate! Ese espejo es la ciencia, la poesía, la religión y más.

El enemigo a derrotar no es la religión; es la autoridad, de la que la religión suele prestarse a ser tan solo una herramienta. Mijáil Bakunin, sin embargo, ve a Dios como una barrera para la libertad: "La autoridad es la negación de la libertad; Dios es la autorización y la base intelectual y moral de toda esclavitud, y la libertad no puede ser completa mientras no aniquile la ficción poco propicia de un amo celeste".

Personalmente, no creo que importe si el amo es celeste o terrenal. Nadie que tenga un amo es libre.

El mensaje del humanismo es: La libertad es tu derecho innato; reclámalo.