7 de enero de 2009

Ateos racionales y ateos anti-dios

Tomado de: http://plazamoyua.wordpress.com



Probablemente Dios no existe,

así que deja de preocuparte y disfruta de la vida

Eso reza la campaña anti dios que está de moda en el Reino Unido, y que van a importar en los autobuses de Barcelona.

Las movidas anti algo son delicadillas, y su justificación depende enteramente de la peligrosidad y agresividad de ese algo. O sea, si son de defensa, o son de ataque bajo pretexto de estarse defendiendo. Es estupendo ser antifranquista cuando hay franquismo, es absurdo y juego sucio ser antifranquista cuando ya no existen ni Franco ni el franquismo. El ataque a lo que ya no existe, o a lo que ya no tiene peligro, suele esconder otro tipo de ataques menos presentables. Generalmente a la libertad de otros. Y aquí tenemos un gran ejemplo con los nacionalistas.

Probablemente Dios no existe,

así que deja de preocuparte y disfruta de la vida

Muy racional. ¿Quien te ha dicho que haya nadie preocuado? ¿Y al que esté preocupado, le va a convencer eso de “probablemente” para arriesgar el fuego eterno? ¿Y quien te ha dicho que los que creen en Dios no disfrutan de la vida más que tú?

En todo caso parece claro que hay muchos teístas para los que sus creencias son una herramienta de vida bien útil. Psicológicamete útil. Como para tantos pueda serlo el vino o la marihuana. No se me ocurre motivo alguno para quitarles su libertad, mientras ellos no atenten contra la libertad de los demás. Una cosa es exigir que te dejen pensar como te de la gana, y muy otra es exigir que piensen como tú.

En fin.

Como viene muy al caso, me gustaría señalar esta traducción de un artículo de Michael Shermer [-->]:

Por un ateísmo racional

Carta abierta a los señores Dawkins, Dennett, Harris y Hitchens










16 comentarios:

FJLG dijo...

¡Ni modo! En el punto #A de su comunicado incluso estos evangélicos españoles dejaron en evidencia la ingenuidad de la campaña del bus ateo:

Lupa Protestante: Comunicado de la Alianza Evangélica Española
Madrid, 7 de enero de 2009

Ante la reciente "campaña atea" en autobuses públicos de Barcelona, que quizá se extienda a otras ciudades españolas, como Alianza Evangélica Española deseamos exponer:

1.- El que un grupo ideológico exprese su filosofía forma parte de la normalidad democrática y del pluralismo de ideas y creencias de la sociedad española.
2.- El contenido de la "campaña publicitaria atea" creemos que no representa en sí un ataque a las creencias religiosas, sino que simplemente expone sus ideas y principios (con los que obviamente se pueden estar de acuerdo o no).
3.- Esto es o debería ser fácil de entender ya que de la misma forma, entendemos que quienes somos creyentes proclamamos nuestras ideas sin que esto deba ser interpretado como un ataque a quienes no creen en Dios. Y a la inversa, las personas e instituciones religiosas debemos respetar y defender desde lo más profundo y con la máxima firmeza el hecho de que se difiera o se opongan a nuestras ideas, idealmente desde el respeto; lo que no es obstáculo a la crítica mutua y el debate razonable.
4.- Precisamente desde ese respeto y debate, queremos exponer nuestra opinión al contenido de la mencionada "campaña atea publicitaria", que a nuestro entender tiene tres profundas paradojas o contradicciones:

A.- Implica una profunda "fe en el ateismo", equivalente o incluso mayor a la de quienes creen en Dios. Es impensable que el no creer en Dios dará la felicidad a quienes "practiquen la religión atea".
B.- Ignora la evidencia de que precisamente la fe ha sido baluarte de paz, esperanza, y fuerza incluso en circunstancias extremadamente difíciles. Como protestantes ponemos los ejemplos de Abraham Lincoln, Martin Luther King y -en España- la reciente actuación del pastor evangélico gitano Juan José Cortés, padre de Mariluz. En el campo católico no podemos dejat de citar a Teresa de Calcuta.
C.- La campaña para fomentar la ausencia de Dios lo que ha conseguido es que Dios se ponga de moda y sea centro de interés en el debate público.

En Madrid, a 7 de enero de 2008
Jaume Llenas Pedro Tarquis
Secretario general Portavoz

FJLG dijo...

PLazaMoyua.Org: soil Dice:
Enero 8, 2009 at 7:54 am

Bueno, se lo merecen, ellos se han metido en su propia jaula. ¡Muy racionalista eso de dedicarse a “creer” que dios no existe! Y dedicarse a juzgar lo que da la felicidad, o lo que preocupa a los demás. O “razonar” con campañas publicitarias.

Pero que no pretendan que otros ateos les acompañemos ni les apoyemos.

irichc dijo...

Interesante blog. Prometo volverme a pasar pronto, y espero encontrarlo abierto al debate.

Un saludo.

FJLG dijo...

¡Hola Irichc! Pues bienvenido tu interés y participación. Creo que no debemos desperdiciar el potencial de promover el buen debate de ideas que tienen los blogs.

Recibe un saludo cordial.

FJLG dijo...

Otro comentaristo evangélico entiende mejor que sus promotores la insubstancialidad del Bus Ateo (y del Bus Evangélico, también):


Lupa Protestante: Nuestros amigos los ateos salen del armario

Enric Capó, España

La forma que las asociaciones de ateos de Londres, seguidas por las de Barcelona, han escogido para salir del armario es francamente decepcionante. No se les ha ocurrido otra cosa que estampar en algunos autobuses urbanos la frase publicitaria: PROBABLEMENTE DIOS NO EXISTE. DEJA DE PREOCUPARTE Y GOZA DE LA VIDA. La frase huele a naftalina y es más propia de las controversias de principios del siglo pasado que de lo que actualmente vivimos. No queremos negar a estas asociaciones su derecho a darse a conocer y hacer su propia aportación al acervo común. A pesar de que, en principio, viven de negaciones –esto es al menos lo que percibimos los que vivimos al margen de ellas- estamos convencidos de que tienen cosas positivas a aportar a nuestra sociedad. Al menos, nos ayudan a reflexionar sobre el misterio de la vida, del presente y del futuro. Al margen de nuestra confrontación en el pasado, su existencia creemos que ha sido positiva al estimular la reflexión y exigirnos razones para nuestra fe. Por tanto, les damos la bienvenida como hacemos en las reuniones interreligiosas en las que nos encontramos.

Es por todo esto que nos ha decepcionado que no tengan otra cosa que hacer o decir que esta inocua frase publicitaria en los autobuses que muestra hasta que punto han quedado anclados en el pasado y que, para su supervivencia, necesitan de los creyentes. Presuponer a estas alturas que la idea de Dios es un impedimento para gozar de la vida, es estar al margen de la realidad. Para convencerse de que no es así, valdría la pena que se acercaran a los verdaderos creyentes y comprobaran que el encuentro con Dios, no ha sido para ellos una mutilación intelectual, ni una carga que han de soportar, ni un infierno que hay que temer, sino todo lo contrario. Ha sido siempre un motivo de gozo. Ha significado para ellos entrar en una nueva relación con Dios y con los hombres que ha aportado a sus vidas nuevas y hermosas vivencias. Los cristianos hemos encontrado en Jesús al buen pastor que nos conduce por caminos de amor, perdón y reconciliación que traen paz, gozo y tranquilidad a nuestras vidas. Hemos comprobado la veracidad de sus palabras: "¡Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré el descanso! ¡Poned mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón! Así encontraréis descanso para vuestro espíritu, porque mi yugo es fácil de llevar, y mi carga ligera." (Mt 11,28 –BTI). Somos testigos de que esto es así. No necesitamos dejar de creer en Dios para gozar de la vida. La gozamos plenamente, gracias a Dios.

La campaña de los ateos ha llevado a la palestra a los cristianos más conservadores que se han sentido heridos en su sensibilidad más profunda, es decir, en todo aquello que afecta a su fe. Según la prensa, la iglesia evangélica de Fuenlabrada y los e-cristianos han dado a conocer su intención de replicar de forma parecida a lo que consideran un ataque de los ateos. Así, parece ser que vamos a entrar en una batalla de carteles en los autobuses. Por lo que ha trascendido, los evangélicos de Fuenlabrada ya tienen su frase: DIOS EXISTE. SÉ FELIZ EN CRISTO.

Sin pretensiones de pontificar, creemos que entrar en este juego es erróneo. Toda confrontación, sea del carácter que sea, trae malas consecuencias. En el pasado de la Iglesia, tenemos amargas experiencias. Siempre que hemos entrado en confrontaciones, quizás hemos ganado batallas, pero en el fondo hemos perdido la guerra; porque Dios no necesita defensores, sino testigos de su amor y de su fidelidad. Y es a esto que los cristianos somos llamados a ser. La frase publicitaria de los ateos no nos va a hacer ningún daño. Ellos mismos –aunque sea incomprensiblemente- dicen que no va dirigida a los creyentes, sino a los ateos. Aceptemos que esto sea así. Al menos, sólo ellos van a hacerle caso.

Por otra parte, los ateos no son nuestros enemigos. Todo lo contrario. Los hemos de aceptar como amigos con los que convivimos y con quienes nos esforzamos en la construcción de un mundo mejor. Todos tenemos algo que decir y aportar en esta sociedad en la que vivimos. En esta vida que compartimos, nosotros no tenemos todas las respuestas y ellos pueden estimular nuestra reflexión. Tampoco ellos las tienen y el diálogo, al que somos llamados, puede llevarlos a que nos vean bajo una nueva perspectiva. Probablemente, el dios en el cual ellos no creen es un dios en el que yo tampoco crea. Probablemente, la vida cristiana que yo vivo, la ven triste porque no la conocen. Probablemente, en la vida de muchos ateos existe un dios desconocido en el que, sin saberlo, creen; un Dios en el que yo también creo. ¿Dialogamos?

Enric Capó

FJLG dijo...

Otro punto de vista de un profesor ateo algo sorprendido por el Bus Ateo y sus detractores religiosos:

Publicidad divina ( Diario Córdoba - 13/01/2009 )

FJLG dijo...

Otro comentario interesante:

ElManifiesto.com: Los dichosos autobuses divinos

JESÚS ZAMORA BONILLA dijo...

Yo he propuesto el camión de la basura ateo (que es mucho más coherente).

FJLG dijo...

Otro comentario sensato:

lUPA pROTESTANTE: ¿Autobuses ateos?

Librepénsador dijo...

El País-Fernando Vallespín: Autobuses doctrinarios y EpC



El Tribunal Supremo ha desestimado la objeción contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC). A la espera de leer la sentencia con calma, tengo para mí que es la decisión correcta. De no haber sido así, el alto tribunal hubiera tenido que justificar que los principios, derechos y valores fundamentales reconocidos en nuestra Constitución no vinculan a determinados ciudadanos. Se podrá alegar que aquello contra lo que se objeta no son estos valores, sino la forma torticera a través de la cual se presentan en algunos manuales, o la capacidad adoctrinadora que, en una dirección o en otra, puedan tener determinados docentes. Pero esto, la forma concreta en la que eventualmente puede ser aplicada, no invalida la cuestión de principio, la necesidad de que los alumnos conozcan dichos valores, sepan operar críticamente con ellos, y se acerquen al funcionamiento del entramado institucional de la Constitución.

Parece, sin embargo, que lo que preocupa a quienes fomentaron la objeción no es ya sólo la asignatura de marras, sino la misma existencia de una moral pública por encima de su propia moralidad privada. Tienen una gran dificultad en interiorizar algo que es el abecé de las democracias contemporáneas, la neutralidad del Estado respecto a las diferentes concepciones del bien. O, lo que es lo mismo, que lo que se considera "verdadero" desde dentro de una de ellas -la doctrina católica, por ejemplo- no ha de recibir por ello el marchamo de verdad moral oficial. Se respetan y protegen las convicciones y las opciones vitales personales, pero eso no significa que algunas deban tener el derecho a convertirse en la perspectiva oficial de una comunidad, por muy generalizadas que estén. Bajo las condiciones de un amplio pluralismo moral, de lo que se trata, por el contrario, es que todos podamos converger hacia principios cuya labor consiste precisamente en mediar en este pluralismo. Y son estos principios, como la tolerancia o la laicidad, los que al final acaban dotando de contenido a la moral pública, que, insisto, no sólo no ataca a ninguna concepción del bien en particular, sino que, al contrario, permiten su coexistencia con otras. Sobre esta idea tan sencilla se ha articulado el difícil equilibrio del ya insoslayable pluralismo valorativo de nuestras sociedades modernas, algo que, claro está, tendrá que ser impartido en EpC.

Que hay una confusión entre cuáles deban ser los límites entre moral pública y privada se ha visto claro en la pintoresca disputa a la que estamos asistiendo con los autobuses con mensajes ateos. Puede ser un buen estudio de caso para EpC. Soy contrario al "ateísmo doctrinario" que hoy tiende a florecer, porque, por definición, el ateísmo debería alejarse de todo proselitismo para no convertirse en una doctrina más. Pero ésta no es la cuestión. La cuestión es la sorprendente reacción del cardenal Rouco, cuando afirmó que ello significa utilizar "espacios públicos para hablar mal de Dios ante los creyentes"; o, y esto ya sí que es chocante, que "no es justo obligar a quienes tienen que hacer uso de esos espacios, sin alternativa posible, a tener que soportar mensajes que hieren su sentimiento religioso"; y que "los medios públicos no deberían ser utilizados para socavar derechos fundamentales". O sea, los ateos no pueden decir públicamente lo que piensan, pero ellos, que no dejan de reclamar un todavía mayor acceso al espacio público, si estarían plenamente legitimados para lanzar sus mensajes. No olvidemos que, a la postre, estas manifestaciones de ateísmo doctrinario no son más que una débil y casi anecdótica señal de resistencia ante las continuas apariciones públicas de lo religioso.

La libertad de expresión debe tener un límite, pues, no ya en las graves injurias a la religión, algo que en el Reino Unido se ha tipificado recientemente como delito, sino siempre que "hiera" algún sentimiento religioso. Y, al parecer, afirmar públicamente que "probablemente Dios no exista" y que, por tanto, hemos de disfrutar más la vida, provoca este tipo de sentimiento. Un derecho fundamental, incorporado al patrimonio de la moral pública, se hace depender así de lo que desde una confesión se interprete como lesivo a su sensibilidad.

Es muy posible que haya casos difíciles en este tipo de confrontaciones -recordemos la disputa de las caricaturas de Mahoma-, pero situaciones como la descrita ponen de manifiesto la dificultad de un sector de nuestro catolicismo para absorber las nuevas reglas bajo las que han de convivir en una sociedad plural. ¿Lo resolverá la EpC?

Librepensador dijo...

TRIBUNA: JUAN JOSÉ TAMAYO
ElPais.com: Dios y ateísmo: un debate abierto

JUAN JOSÉ TAMAYO 03/02/2009

La jerarquía católica de España se ha sentido agredida por la campaña publicitaria de diferentes asociaciones de ateos y librepensadores en los autobuses, y ha expresado su condena de la misma con especial beligerancia, volviendo así a dar muestras de intolerancia para con los increyentes. La Conferencia Episcopal Española (CEE) ha calificado de "blasfemia" la tímida insinuación de que "probablemente Dios no existe". Su vicepresidente, monseñor Ricardo Blázquez, ha manifestado que la campaña encierra una clara intención anticristiana y anticatólica. Su presidente, el cardenal Rouco Varela, la considera "lamentable" porque, a su juicio, implica hablar mal de Dios, socava derechos fundamentales, hiere el sentimiento religioso de las personas creyentes que toman el autobús, pretende "arrancar la fe del corazón de los hombres (sic)" y constituye un abuso en el ejercicio de la libertad religiosa. Por ello ha osado pedir a las autoridades una tutela especial para los derechos y las convicciones de los creyentes.

Sorprende para empezar la desproporción entre el tono respetuoso de la campaña y las gravísimas acusaciones de los obispos españoles. Algunas organizaciones cristianas han pasado incluso de las palabras a los hechos. El Centro Cristiano de Reunión, comunidad evangélica de Fuenlabrada, y el colectivo E-cristians han replicado con una campaña similar en defensa de la existencia de Dios. Esta situación me sugiere estas reflexiones.

1. La campaña de los ateos es una respuesta a los fundamentalismos religiosos instalados con frecuencia en las cúpulas de las religiones, que se muestran agresivos con la increencia en sus distintas manifestaciones: ateísmo, agnosticismo e indiferencia religiosa. Los fundamentalistas llegan a afirmar que el hombre sin Dios es como un animal que pace y que Dios es el único fundamento de los derechos humanos. Reclaman el protagonismo de las religiones en la esfera pública, pretenden imponer la moral religiosa -en España, la cristiana- a toda la ciudadanía, no respetan la autonomía de las realidades temporales y ocupan los espacios públicos para deslegitimar la democracia. Condenan asimismo la teoría científica de la evolución y defienden como ciencia el mito de la creación y la teoría del diseño inteligente.

2. Creyentes y no creyentes están en su derecho a expresar libremente sus ideas. Se trata de un derecho humano fundamental e inalienable. La Constitución Española garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que el mantenimiento del orden público. Y, ciertamente, estas campañas en nada alteran el orden público. Son, más bien, un ejemplo del pluralismo ideológico y religioso, un ejercicio de la libertad de expresión, una muestra de respeto hacia todas las creencias e ideologías y un signo de madurez de los ciudadanos españoles.

3. Creo, sin embargo, que el problema de la existencia o inexistencia de Dios es demasiado serio como para dirimirlo a través de anuncios cruzados a favor o en contra en unos autobuses. Es necesario crear otros escenarios de reflexión y debate en torno al tema. En los años sesenta del siglo pasado prestigiosos intelectuales cristianos, ateos y agnósticos de la talla de Roger Garaudy, Karl Rahner, J. Baptist Metz, Gilbert Mury, Lombardo Radice, Giulio Girardi y Milan Machovec participaron en los diálogos cristiano-marxistas en torno a Dios, la trascendencia, el futuro de la religión y su significación en las sociedades modernas. González Ruiz, participante en aquellos diálogos, recordaba años después la petición de los intelectuales marxistas a los teólogos cristianos: "No maltraten el Misterio. Respétenlo porque es fuente de espiritualidad". Cristianos y marxistas renunciaron a sus respectivos dogmatismos y pasaron, en feliz expresión del filósofo Garaudy, "del anatema al diálogo", sin por ello renunciar a sus respectivas cosmovisiones. Fue una iniciativa fructífera que debería continuarse hoy en el nuevo escenario sociorreligioso.

4. Me preocupa el tono de confrontación entre creyentes y no creyentes que pueden tomar la campaña y la contracampaña, ya que corre el peligro de seguir la estrategia del choque de civilizaciones y religiones diseñada por el politólogo norteamericano recientemente fallecido Samuel Huntington. En cuyo caso, superadas ya las guerras de religiones, el siglo XXI se iniciaría bajo el signo del enfrentamiento entre personas religiosas y no religiosas. Las creencias e increencias religiosas volverían a ser motivo de división o de conflicto, cuando son, más bien, expresión del pluriverso ideológico, de la diversidad religiosa y de la riqueza de lo humano.

El nuevo siglo debe caminar por la senda del encuentro entre culturas, el diálogo entre religiones y entre creyentes y no creyentes, y la alianza contra la pobreza con un objetivo bien definido: la construcción de una sociedad más justa y fraterna, intercultural, interétnica e interreligiosa. En la tarea han de colaborar creyentes y no creyentes desde el reconocimiento del otro y el respeto a sus diferencias. Exista Dios o no, hay que disfrutar de la vida, pero luchando contra las injusticias, sin caer en el individualismo insolidario, sea éste ateo o creyente.

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid.

Librepensador dijo...

El País: A la buena de Dios

FERNANDO SAVATER 17/02/2009

Es para no creerse lo que aún sigue dando Dios que hablar. Ahora que ya ha vuelto a sus lares el cardenal Bertone (quien por cierto tiene un aire al malvado mago Sokhura que interpretó genialmente Torin Thatcher en Simbad y la princesa) y que nuestras piadosas autoridades se han sacudido de la ropa el olor a incienso, quizá podamos hablar con franqueza de los llamados "autobuses ateos" (?). Reconozco que me cuesta no simpatizar con cualquier iniciativa que escandaliza al obispado, pero en este caso el eslogan ("Probablemente Dios no existe. Despreocúpate y disfruta de la vida") me parece de una ingenuidad teológica propiamente... anglosajona, al estilo por un lado de Richard Dawkins y por el opuesto del poco añorado George W. Bush.

Dos objeciones pueden hacerse a esa profesión motorizada de escepticismo. Para empezar, los creyentes veneran a Dios precisamente para aminorar su preocupación principal -la muerte- y así poder disfrutar mejor o peor de la vida, como intentamos los demás. Hoy en día, aquellos a los que la religión les produce más sufrimiento que consuelo no tardan en abandonarla. Segundo, decir que Dios "probablemente no existe" es decir demasiado o demasiado poco. Imaginemos que alguien nos pregunta si el Banco de Santander existe: como hay numerosas sedes de esa entidad, directivos y empleados, gente que le confía sus ahorros, cotiza en Bolsa y reparte jugosos dividendos, etcétera..., la única respuesta lógica y sensata es la afirmativa. Pero si mi interlocutor me asegura que acaba de encontrarse con el Banco de Santander por la calle y le ha revelado fórmulas para escapar de la crisis, me negaré a creerle... porque el banco en cuestión no existe, es decir, no existe en el sentido que vale para los viandantes, Barack Obama, la sierra de Gredos o los animales invertebrados. Creo que lo mismo ocurre con Dios: en un sentido es imposible negar que existe, en otro es imposible afirmarlo. Lo que no entiendo es que Rouco considere una "ofensa a Dios" el lema cauteloso del autobús: podía haberlo considerado una coartada (Stendhal dijo que "la única excusa de Dios es que no existe") o una confirmación de su fe (el gran teólogo Bonhoeffer, asesinado por los nazis, aseguraba que "un Dios que es, no es").

No me gusta que a uno le llamen "ateo", "agnóstico" y otros calificativos religiosos: es como esos carnets de conducir para no conductores que hay en USA, a fin de no privar a nadie de tan imprescindible documento de identidad. Pero, si me resigno al mote, me parece imposible hacer compatible el ateísmo con el afán misionero: tiene cierto morbo pero es un afán incongruente, como una monja dedicada a bailar estriptís. Otra cosa es que a un ateo le encanten los debates con creyentes, como a mi buen amigo Paolo Flores d'Arcais. Ya lleva muchos y su especialidad son los cardenales, que en Italia son como los cocineros en el País Vasco, pues están por todas partes y los hay de diversos tipos: desde el sutil y post-heideggeriano Angelo Scola (véase Dio? Ateismo della ragione e ragioni della fede, ed. Marsilio) hasta el mismísimo Ratzinger antes de ascender al papado (¿Dios existe?, ed. Espasa), más convencional. Lo mejor de este último librito es la coda posterior de Paolo, Ateísmo y verdad, y aún más sabrosa su discusión con dos filósofos -Michel Onfray y Gianni Vattimo- en Atei o credenti?, Fazi editore. No creo que nadie pueda argumentar con mayor paciencia, aunque hasta él se permite alguna broma: "[las creencias religiosas son] como el cubito de sentido para el caldo de la existencia".

Librepensador dijo...

TRIBUNA: José Antonio Garmendia

ElPais.com: Si Dios existe

José Antonio Garmendia 23/02/2009

En puro probabilismo estadístico tanto monta monta tanto "probablemente Dios no existe" como "probablemente Dios existe". O sea que los autobuses de Londres o Barcelona -si bien puestos a rodar fundamentalmente por ateos beligerantes- ni niegan ni afirman de modo absoluto ninguna existencia divina. Ambos lemas puede hacerlos suyos el agnóstico, precisamente por declararse más o menos equidistante de ambas probabilidades y además incompetente en tan espinoso asunto. Se limita a prescindir de la fe y del misterio. Prescinde incluso de la ciencia como instrumento detector de Dios: así, sería improcedente llevar al laboratorio en el bolsillo la proposición "Dios existe" y aguardar la reacción química positiva o negativa. Semejante comportamiento sería insensato y aquella proposición un sinsentido, no significaría científicamente nada. Por supuesto, nada habrían significado tampoco las clásicas cinco vías de Tomás de Aquino, para el fraile dominico absolutamente científicas por ser teológicas. En fin, para el positivismo lógico, sería puro disparate epistemológico todo intento científico descubridor de un principio o logos divino.

"En el principio era el logos" y su lógica, divina y sagrada. Esta consigna era, a su vez, un principio sagrado. Sin embargo, con el tiempo, el de los tiempos de la Ilustración, aquella lógica descendió de las alturas y fue secularizada, liberada de lo sagrado y del mito. Profana y racional habría de ser en adelante la explicación no sólo de los fenómenos naturales sino de los llamados sobrenaturales. La Humanidad y sus instituciones se esclarecerían no desde una ordenación divina, de la que emanaría la autoridad sagrada del monarca soberano, sino de una legitimación humana, que acabaría cortando cabezas de reyes y príncipes. Para dar cuenta de todo ello no se recurriría ya al misterio sino a la ciencia y las matemáticas. Y lo que no es científico es arte, poesía, brujería, teología y -Kant dixit- metafísica.

En esta oleada de profanación/secularización hubo quienes acabaron anulando no sólo a la teología sino a los mismos dioses, negándoles su existir mismo. Para éstos, el Más Allá no estaría lejos del Big Bang o del bosón de Higgs, esa forma de energía (en cuanto energía fina, equivalente a información) configuradora de la llamada "partícula de Dios". No estaría lejos quiere decir propiamente que no habría ningún Más Allá divino.

Abandonados, pues, de la ciencia, urge preguntarse entonces si fuera de ella hay salvación. Ciertamente, el agnóstico no es hermético ni menos todavía predica el ateísmo. Sostiene, eso sí, que intentar demostrar científicamente la existencia delo divino es hacer trampa, algo así como en fútbol marcar goles con la mano. Por cierto, de ello se deduce que en este campo el científico no tiene más autoridad que un poeta, un teólogo o un sociólogo. Es decir, existen límites para la ciencia. No verlos y creer sin límites en ella es una forma de fe del carbonero tanto para los que, esgrimiendo argumentos científicos, afirman la existencia de Dios como para los que la niegan (la llamada fe atea). Se ha dicho que los Premios Nobel se dividen en dos mitades, creyentes y no creyentes.

No obstante, es razonable admitir que aquellos límites son temporales: en efecto, mañana puede tener sentido lo que hoy es sinsentido o demostrarse lo que hoy no sólo es indemostrado sino indemostrable. Precisamente, estas confesadas limitaciones abren más la ciencia al flirteo y juego de reflexiones del mismo agnóstico con ella. Más aún, en un intento de conciliación de la razón con lo sagrado le cabe asumir menos penosamente la hipótesis de que el libro de Dios está escrito en lenguaje racional. O sea, que valdría la pena manejar matemáticas, física, astrofísica, química... y hasta metafísica, aunque de momento no se haya dado con el Santo Grial. Por cierto, tampoco de momento ha podido demostrar el ateo lo sumamente improbable de que sólo el azar, el puro juego de dados, haya generado lo existente

Volviendo a preguntarse si fuera de la ciencia hay salvación, el agnóstico puede acariciar la tentadora idea kantiana de que sí la hay por otra vía, la de la razón práctica. Viene a decir el filósofo prusiano que resulta obligado postular indirectamente -aunque no demostrar científicamente- la existencia de Dios. En efecto, el hecho de la ley moral universal o imperativo categórico implica admitir la necesidad de dicha existencia. De otro modo, no quedaría garantizada la justicia de aquella ley impresa en todos nosotros. Sería injusto que los malos saliesen premiados y los buenos castigados.

Siguiendo parecidas vías indirectas y apoyando ahora el razonamiento en la cuestión de la inmortalidad cabría, incluso para el escéptico, el intento de postular la existencia de un Ser Supremo. Es un intento muy repetido en la historia del pensamiento y que asoma más de una vez en la obra de Miguel de Unamuno, particularmente en la novela Niebla: somos inmortales porque anhelamos trágicamente serlo y sólo la Humanidad siente ese anhelo. El razonamiento recuerda el silogismo de Anselmo de Canterbury, algo así como "si Dios es lo más perfecto que podemos pensar, habremos de pensarlo necesariamente como existente", de lo contrario, no sería lo más perfecto. Se igualaría, pues, indebidamente (aunque no tan indebidamente según Buenaventura, Duns Scoto, Descartes, Leibniz, Hegel y otros) realidad y pensamiento o, como en Niebla, realidad y anhelo. Sin embargo, este anhelo -podría conceder el agnóstico- es un hecho social, una realidad universal.

Para más abundamiento, sólo los humanos saben que un día morirán y sólo ellos sienten la rebeldía contra la muerte después de la muerte. Anhelan la inmortalidad como algo necesario y constitutivo, porque en ello les va el ser o, en palabras de M. Heidegger, "en su esencia está el existir". Y el filósofo existencialista, observando algo de divino en ello, añadió que "Dios es la luz de ese ser". En parecido sentido, Hegel: "la fe en lo divino sólo es posible porque ya está en el hombre".

En consecuencia, repugna al ser del hombre la sentencia calderoniana de que su delito mayor sea el haber nacido: sobre todo, si tras su muerte le sobreviene a Segismundo como pena la muerte infinita. Tan tremenda doble faena, argumentará el hombre, no puede ser porque iría nada menos que contra el Ser.

Después de estas últimas razonables, aunque no científicas, consideraciones puede que el agnóstico sienta la tentación de alejarse de la increencia. Seguirá envidiando al bienaventurado creyente, incluso más que antes por haber gustado la miel en los labios. Por supuesto, es posible también que todo se haya quedado en pura efemérides si de pronto le viene otra consideración, la que tiene que ver con la trágica existencia del mal y del dolor y la consecuente pregunta acerca de un supuesto Dios así de absurdo y cruel

Por allí pasaba otro autobús, ahora con el seco lema "Dios existe". Antes de montar en él, alguien preguntó al conductor si estaba de acuerdo con tan contundente divisa. Un encogimiento de hombros fue la respuesta. Quería decir que vaya usted a saber, que probablemente...

José A. Garmendia es catedrático de Sociología UCM.

s.peraltamorillo@yahoo.es dijo...

laverdad.es: La ofensiva del autobús ateo

26.02.2009 -
SALVADOR HIDALGO

Ya hemos expuesto anteriormente que el mensaje del mal llamado autobús ateo no ofende a ningún creyente. Lo que sucede es que hay cristianos que se sienten molestos al ver una propaganda contraria a sus creencias, por ser algo nuevo, que nunca ha sucedido, y a lo que no están acostumbrados. Aceptan que haya ateos, ya es una avance pues nunca han admitido la libertad de pensamiento, pero no que saquen sus ideas a la luz pública, quieren que las guarden y estén calladitos. Olvidan que la Iglesia sí hace propaganda pública de su fe: en los templos, en la calle (procesiones, vía crucis, etc), en las cadenas propias de televisión y emisoras de radio, en la escuela (con profesores que imparten la religión como una asignatura). Y sin embargo los ateos no tienen nada de esto, su inferioridad de medios es enorme. ¿No se les va a consentir ni siquiera algo tan simple como la exposición de un lema en un autobús? Nos hemos acostumbrado a la democracia política, que conlleva oír públicamente ideas contrarias a las nuestras, ataques a nuestro partido que llegan, a veces, al insulto y la mayor descalificación. Y no por eso llamamos a la guerra. En este mundo plural y global también tenemos que oír en cualquier medio público manifestaciones que contradicen o niegan nuestra fe, sin por ello llamar a la cruzada. El sentimiento religioso, sin dejar de respetarlo, hay que sacarlo del ámbito de lo sagrado e intocable. Es la grandeza de la libertad de pensamiento y expresión que disfrutamos en el mundo occidental, después de muchos siglos de haberlo impedido la Iglesia, y que en el mundo musulmán aún no lo han conseguido.
Sin embargo, a los que sí puede ofender el lema del autobús en cuestión es a los ateos responsables y auténticos. La frase «No te preocupes, disfruta de la vida» es una frivolidad y una banalidad que degrada al ser humano en general. Desde los albores de la humanidad el hombre se ha preocupado de los fenómenos físicos que no comprendía. Así surge la religión, atribuyendo a un supuesto dios o varios dioses la explicación de lo desconocido. Prácticamente en todas las civilizaciones ha existido la creencia en los dioses. Pero ya en la antigua Grecia aparecieron los primeros filósofos no creyentes. Su número aumentará con el movimiento cultural del enciclopedismo del siglo XVIII y el progreso de la ciencia positiva en el XIX. Porque conforme la ciencia ha avanzado en la comprensión de los misterios de la vida y los fenómenos del universo, se han ido sacando estos conocimientos del mundo de lo religioso, aumentando así el número de los no creyentes. Pero no olvidemos que tanto unos como otros tienen el mismo punto de partida: la preocupación por la razón de su existencia y la explicación del mundo. Lo que les diferencia es el punto de llegada: los creyentes aceptan un Dios y los ateos lo niegan. Luego el ateo no es un ser despreocupado por la posible o imposible realidad de Dios, dedicado a la vida alegre e irresponsable, que es a lo que parece invitar el lema del autobús. La inquietud por la dudosa existencia de Dios y, por tanto, por la esencia de nuestra vida, es lo más noble del ser humano, lo que le distingue de los seres irracionales. Si los ateos quieren hacer propaganda de sus ideas, están en su derecho, pero que ofrezcan, en sustitución de la fe religiosa, una vida justificada por el respeto a los principios éticos (independientes de la religión) y a los valores fundados en la razón natural, comprometidos con la sociedad y con los deberes ciudadanos. Esos valores, ahora llamados derechos humanos, que todas las religiones han perseguido, incluida la Iglesia Católica. Pero que no salgan con un lema que más bien parece propio de un grupo de hippies y alegres vividores. El disfrute de la vida, en la medida de lo posible, es común a todos los hombres, religiosos y no creyentes. Los auténticos ateos, los que lo son porque han llegado a ese convencimiento por su inquietud en descubrir la verdad, tienen que pensar que si la invitación a la despreocupación y la vida alegre fuera el verdadero mensaje del ateismo, entonces podrían decir (hasta con rima) que «más vale una religión con sus falsedades que un ateismo sin sus valores morales».

Fer dijo...

Saludos Francisco,tanto tiempo.Soy Fer de Chile,me apunté a tu blog como seguidor.
Abrazos.
Fernando Rubilar.
http://www.fer-ateo-chile.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Interesante...
Supongo que existen los ateos pasivos, aquellos que no creen ni les interesa perder el tiempo en proclamar su creencia.
Están también los activos, los que incitan a no creer o dejar de creer.
¿Qué hay de los verdaderos anti-dios?
Es decir, aquellos que creemos ciertamente que Dios es real, y que se le puede destruir. Es decir, que Dios puede dejar de ser Dios.
No estoy hablando de decir públicamente que Dios no existe y que dejen de creer, sino de rebelarse abiertamente contra la entidad Dios.