23 de enero de 2010

El músico ateo Brian Eno participa en el coro de una iglesia


Por Francisco Javier Lagunes Gaitán

En entrevista con Paul Morley para el suplemento The Observer del 17 de enero de 2010, del prestigioso periódico británico The Guardian (que contó entre sus fundadores con un número notable de cuáqueros y unitarianos), Brian Eno (Woodbridge, Suffolk, Reino Unido, 1948-), el notabilísimo y visionario experimentador sonoro y productor musical (parte del Roxy Music original, destacado creador en el sonido 'ambient', muso de David Bowie, el cerebro detrás de Talking Heads y 'quinto integrante' de U2) comparte en esa entrevista su visión, experiencias y algunas ideas notables, de las que comento dos:

A propósito de cantar

"Pertenezco a un coro de gospel. Ellos saben que soy ateo pero son muy tolerantes. En último análisis, el mensaje de la música gospel es que todo mejorará. Si escuchas millones de grabaciones gospel –y yo lo he hecho– e intentas poner en claro lo que tienen en común, se trata de un sentimiento de que de alguna manera hemos de triunfar. Puede haber miles de cosas. Pero el mensaje… bueno, hay dos mensajes… uno es de cierta clase de optimismo por el futuro, más que pesimismo. La música gospel nunca es pesimista, nunca es 'oh, Dios mío, todo se va por el caño', como el blues sí es frecuentemente. La música gospel siempre trata de las posibilidades de trascendencia, de que las cosas mejoren. También es sobre la pérdida del ego, que triunfarás o te sobrepondrás a la adversidad al perderte a ti mismo, al volverte parte de algo mejor. Ambos mensajes son completamente universales y no tienen nada que ver con la religión, o con una religión en particular. Tienen que ver con las actitudes humanas básicas y se puede compartir esa actitud y por ello cantar gospel incluso si no eres parte de una religión."

Me encanta la visión de Brian Eno sobre este asunto. No ser creyentes no tendría por qué ser vivido como una fatalidad que nos impidiera gozar de una rica vida comunitaria en una iglesia. La experiencia de vivir una congregación cantora proporciona una fuerte estimulación social y síquica que contribuye a nuestro autoconocimiento y autopercepción de un lugar de amor y aceptación para nosotros en el mundo (lo que suele denominarse 'espiritualidad'). No. Ser ateos, agnósticos o no-teístas no tendría que implicar privarnos de ningún ámbito, servicio o actividad social que enriquezca nuestra vida. Una iglesia pluralista que no pretenda imponer sus creencias, dogmas, ni una presunta autoridad suprema por encima de nuestra conciencia, razón, intuición y experiencia sería un ámbito ideal para nuestro desarrollo humano. Incluso el conocido escéptico James Randi (Toronto, Canadá, 1928-) simpatiza en cierta medida con los unitarianos, incluso dice que en algún momento se habría unido a esta iglesia postcristiana pluralista sin credos obligatorios.


Sobre la celebración de la fragilidad humana

"La otra vez escuché a una banda con el peor vocalista, el percusionista con menos ritmo y el guitarrista más desafinado que jamás había oído en uan grabación profesional, y yo me dije: al fin, por fin ha encontrado su lugar la reacción contra la profesionalización instrumental estandarizada. Un ingeniero con esa visión lo habría arreglado y pulido, pero esta banda era realmente una celebración de la fragilidad humana. Era tan tosca que resultaba realmente inspiradora."

Ser ateos o agnósticos no tendría que implicar que nos uniéramos a la conspiración contra la vulnerabilidad que vende el estereotipo de nuestra cultura consumista. Contra lo que suelen pensar muchos ateístas latinoamericanos, o los 'nuevos ateos', nos perdemos de lo más importante de la vida si no contamos con un ámbito comunitario para, renovar nuestra esperanza, recordar nuestros mejores llamamientos, lamentar y celebrar juntos, para hablar de lo que nos duele y de nuestras vulnerabilidades, en vez de quedarnos instalados en la indigencia existencial de nuestras certezas arrogantes. Como lo dice Don Beaudreault: Ser agnóstico, no es tener una licencia para la complacencia o la soberbia sobre los imponderables de la existencia humana.





7 de enero de 2010

FJLG: ¿Odiar al pecado y amar al pecador? ¡Es complicidad con la opresión!



"La infumable frase que suelen repetir como mantra 'justificadora' los extremistas religiosos discriminadores es: 'Odiar al pecado y amar al pecador'. Al parecer la dijo originalmente Mohandas K. Gandhi, pero se refería a perdonar a los opresores, sin dejar por ello de resisitir activamente a la opresión. ¡Ciertamente no era para usarla con soberbia y ponerse de perdonavidas con las víctimas que la misma institución autoritaria oprime!"

~Francisco Javier Lagunes Gaitán (Ciudad de México, 1966-)






5 de enero de 2010

Nicola Abbagnano: La razón y su falibilidad


"La razón es en sí misma falible y esta falibilidad debe encontrar un lugar en nuestra lógica."

~Nicola Abbagnano (1901-1990)





3 de enero de 2010

formspring.me

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¿Existe el 'laicismo radical' que descalifica Ratzinger?

Del blog Fascinación por la vida de Alberto Gimeno

Rouco Varela asegura que el laicismo radical acabó en el nazismo. ¿Qué es el laicismo radical? “Laicismo” y “radical” asociados directamente. ¿Tiene sentido?

Un cristiano puede ser radical si quiere imponer su fe a los demás. Si quiere imponer sus dogmas y creencias a los demás. Si quiere que familia sólo exista la cristiana. Eso es un cristiano radical. Igual que los islamistas imponen el velo a sus mujeres, hay cristianos que quieren imponer sus creencias a los demás, por ejemplo impidiendo que exista otra familia que la cristiana. Es decir, que por ley no fuera posible la unión de personas del mismo sexo, aunque esas personas no sean cristianas. Pero, si esas personas no son cristianas y creen en la unión de personas del mismo sexo, ¿por qué otras personas han de imponerles el modelo cristiano y negarles el modelo de familia en el que ellos creen?

Mucha gente piensa, como Rouco, que ser laico también es ser radical. Me he encontrado afirmaciones como “Tú, que te manifiestas en contra de los privilegios de la Iglesia eres igual que radical que alguien que quiere un Estado fundamentado en la moral cristiana”. Claro, son puntos de vista opuestos. Si un punto de vista es radical, su opuesto también será radical ¿no? Veamos por qué no es así. Una persona que odia a los negros, homosexuales, judíos,… es un radical. Creo que estamos todos de acuerdo. Entonces lo opuesto también sería ser un radical según el planteamiento anterior. Una persona que no odia por raza, orientación sexual, religión,… entonces sería un radical. Vaya, creo que no es el caso, entonces el argumento anterior es incorrecto. Odiar por motivos de raza, sexo, religión, es ser radical. Lo contrario no.

¿Cómo sería un laicista radical? Mmmmm… para eso tenemos que preguntarnos ¿qué es ser laico?

[...] se vincula a la estricta separación entre las instituciones del Estado y las iglesias u organizaciones religiosas.[...] Los laicistas consideran que están garantizando la libertad de conciencia además de la no imposición de las normas y valores morales particulares de ninguna religión o de la irreligión.

¿Una persona que quiere un Estado que no imponga valores morales de ninguna religión particular o irreligión es radical? Pues no. Imponer a los demás es ser radical, no imponer no es ser radical. Un laicista no impone, así que el “laicismo radical” no tiene sentido.

Actualizado.

Rouco Varela también parece olvidar las relaciones de la Iglesia y el nazismo



13 de diciembre de 2009

Edd Doerr-Carta al NYT: Concentrémonos en lo que nos une con los creyentes

Carta de Edd Doerr publicada en el New York Times, el 9 de diciembre de 2009.


Al editor:

En referencia a: “Approaching Holidays Prompt Atheist Campaign” (news article, Dec. 2):

Como alguien que ha sido directivo por 14 años de la Asociación Humanista de los EUA (American Humanist Association, AHA), me siento avergonzado por la campaña de anuncios en vehículos de transporte de la AHA, “Puedes ser bueno sin Dios”. Los humanistas son naturalistas filosóficos pero, lo que es más importante que ser capaces de poner anuncios, es que uno de los componentes de su visión del mundo es destacar la muchas posiciones positivas que tenemos en común con un amplio rango de creyentes de diversas religiones.

En referencia a cuestiones tales como la paz, las libertades civiles, la libertad de religión, el medio ambiente, la justicia social, la democracia, los derechos de las mujeres y muchos más.

La sociedad de nuestro planeta no puede permitirse el lujo de enredarse en debates iracundos sobre filosofía. Nosotros, todos nosotros, hemos de hacer frente a problemas inmediatos como el calentamiento global, las guerras interminables, la degradación ambiental, la negación de las libertades civiles, la extendida crisis económica, el patriarcado misógino, el triunfo de la avaricia y el egoísmo autosuficiente sobre la empatía, el desempleo y la necesidad de una reforma que garantice el acceso a la salud.

Los humanistas progresistas y establecidos, los católicos, los protestantes, los judíos y otros de buena voluntad necesitan concentrarse en lo que nos une, no en lo que nos divide. Las campañas de anuncios que producen división son una invitación a repercusiones indeseadas y estimulan a que ambos polos del espectro religioso se enzarcen en escaramuzas infructuosas de adjetivos e insultos.

Edd Doerr
Silver Spring, Md., 2 de diciembre de 2009.

2 de diciembre de 2009

FJLG: Emanaciones de moral

Columna publicada en el periódico La Prensa, Cd. de México, 13 de noviembre de 2009

Por Francisco Javier Lagunes Gaitán *

¿De verdad es mejor la moral de una persona que se hace la espantada de todo? ¿Por qué se sienten más 'respetables' las personas que se dedican todo el día a juzgar lo que los demás harían con su sexualidad? Lo que ellos llaman 'moral' no es otra cosa que un prejuicio añejo, una obsesión enfermiza: el miedo al placer.

No es preciso decir que 'tenemos un cuerpo', la verdad es que somos un cuerpo. ¿Cómo podríamos vivir una buena vida sin una mínima satisfacción y bienestar? Avergonzarnos de nuestra capacidad para el gozo corporal es ir en contra de nosotros mismos. Lo que realmente animaliza al ser humano es vernos sólo como meras fábricas de hijos.

Los puritanos, esos sepulcros blanqueados, imaginan que para que algo sea bueno, tendría que ser desagradable; y que si algo es divertido, será que habría de ser malo. Reza la certera definición: “Puritano es aquel que está seguro de que en este momento alguien se está divirtiendo más que él” [Hugh Heffner]. Creer cosas tan disparatadas no nos haría ni más morales, ni nos capacitaría como custodios de la moral de nuestros vecinos.

Los puritanos se llenan la boca todo el tiempo con sus dizque valores y principios ¿pero bien a bien qué valores y principios defienden?: El miedo, la envidia, el odio y la discriminación son sus motivos y valores. Sobre semejante fundamento no se podría jamás construir el Reinado de los Cielos. No es realmente religioso manipular los miedos de los demás para ganar poder terrenal, ni señalar con dedo flamígero a los más vulnerables. Quitar derechos a los que no comulguen con sus ruedas de molino puritanas no es una labor de amor, no ayuda a reconciliar a la gran familia humana.

Entre mayor miedo dejemos entrar a nuestra vida, menos piedad y amor seremos capaces de ofrecer a nuestros hijos y al mundo. Hay quienes se dedican a hablarnos del Fin de los Tiempos solamente para volvernos rehenes del miedo, para herir nuestra libertad, para mutilar nuestra capacidad humana de disfrutar la vida, de cuestionar y dudar.

Una de las más superficiales formas de sentirse dizque religiosos es usar santurronamente la fe de uno para, sin hacer nada especial, proclamarse superior a los demás. No podemos dejar de lado el hecho de que todo el bien que hay en el mundo es el producto de un arduo trabajo hecho por manos humanas. Si de verdad reconocemos una chispa de divinidad en la vida de todo ser, tenemos el deber sagrado de defender los derechos humanos, de combatir los prejuicios y la discriminación. No podemos evadir nuestra responsabilidad nadie más puede hacer lo que nos toca a nosotros. Quedarnos sentados, o mirar para otro lado no es aceptable. Debemos actuar para que se respete nuestra humanidad común. ¡Nadie es libre hasta que todos seamos libres!

Cierro con la reflexión clásica del sabio rabino Hilel: “Si no hablo por mí, ¿entonces quién lo hará? Si sólo hablo por mí, ¿entonces qué sería? Si no es ahora, ¿entonces cuándo?”

* Activista y analista cultural: unitarius@gmail.com Integrante de la Libre Congregación Unitaria de México: www.lcum.blogspot.com Móvil: 04455.2021.1837




Francisco Javier Lagunes Gaitán: Emanaciones de moral -




13 de noviembre de 2009

Los políticos católicos ya no son confiables, ahora son rehenes del Vaticano


Ya pasaron los tiempos en los que políticos de fuerte identidad católica, como la familia Kennedy en los EUA, demostraban su libertad de conciencia al apoyar la despenalización del aborto o los derechos gay.



En una declaración, publicada el 12 de noviembre de 2009 por el periódico www.publico.es el portavoz de la Conferencia Episcopal Española, el Obispo Juan Antonio Martínez Camino, dijo que "votar por la Ley de Aborto es una herejía pública merecedora de excomunión". Así que con esta actitud la jerarquía de la ICAR (Iglesia Católica Apostólica Romana) amenaza en convertir en zombies teledirigidos a control remoto a los políticos católicos que se dejen presionar. ¡Habrá que pensarlo 2 veces anora antes de votar por un católico devoto, pues ya no podrán seguir su conciencia, sino que serán rehenes del Vaticano!



Si durante la elección de John F. Kennedy, el argumento anticatólico elemental de que el Papa mudaría el Vaticano a los EUA y sería el poder real sobre el mundo, se demostró falso ante la independencia que demostró el presidente asesinado. Pero ante esta nueva actitud antidemocrática claramente teocrática de la jerarquía eclesiástica, los obispos ofrecen argumentos plausibles y fundamentos razonables para hacer cuestionar democráticamente la elección de funcionarios católicos practicantes que se dejen teledirigir.

31 de octubre de 2009

Diferentes visiones de la Biblia entre no-creyentes latinoamericanos

[A propósito de una nota sobre la Biblia y los adventistas se da este intercambio sobre el valor literario de la Biblia y las estrategias para hacer frente al fundamentalismo:
http://blog-sin-dioses.blogspot.com/2009/10/la-biblia-viajera-de-los-adventistas.html
]

Francisco Javier Tienen toda la razón, Glenys, la IASD y las demás iglesias todavía no han hecho su tarea de "redescubrir el valor en leer ese libro". Proclaman grandes dogmas y doctrinas que ni siquiera tienen que ver con lo que los auotres y redactores de esa antología pretendían. Saludos


Glenys El problema que veo es: ¿cómo saber qué pretendían esos autores (y los editores) cuando ni siquiera sabemos sobre las pretenciones de los escritores que todavía nos acompañan? Más aún, la Biblia es sumamente violenta y se trata de una recopilación de escritos que fueron elegidos por un grupo de humanos con objetivos específicos. Que gran parte de la humanidad use este libro con fines distintos y bajo una miríada de interpretaciones le proporciona un peligro inmenso y le resta toda veracidad e importancia ante mis ojos. Hay muchos mejores libros que ese, en mi opinión :)


Francisco Javier ¡Pues para eso está la hermenéutica! Hay enfoques que buscan esclarecimiento a través del análisis histórico literario del contexto en que se escribieron y editaron los textos. Otros enfoques semióticos analizan la estructura de significado del texto final. No sé si se llegue por ahí a alguna parte, pero puedes pasarte toda la vida investigando y descubriendo...

Literariamente me parece un criterio bastante pobre y poco recomendable medir la pertinencia de un clásico literario por la cantidad de litros de sangre derramados en su narración. Preferiría otros criterios más literarios...

Tampoco me parece muy pertinente juzgar los merecimientos literarios de una obra por la cantidad de lecturas estúpidas que se han hecho de ella. Es un criterio completamente extraliterario y, por lo tanto, irrelevante para discutir sus méritos.

Si todos los ejemplares de la Biblia (en papel o digitales) desapareciesen mañana, habría gente que inventaría sus nuevas escrituras para justificar la discriminación, la opresión o cualquier crimen. Y otra gente podría hacer buena literatura. Los humanos no dejaremos de ser humanos con y sin la Biblia. ¿Por qué es que para muchos no-creyentes latinoamericanos parece constituir tan insuperable tabú?

Un abrazo, Glenys.

Glenys Pues sencillamente por eso, Francisco, porque a lo mejor se puedan construir otros escritos para justificar barbaridades y de igual forma los descartaré, porque me parece innecesario que ocurra (con toda la historia que tú mismo me aconsejas analizar) y me parece que esto va más allá de la literatura, obras literarias hay millones, pero estas obras son consideradas libros sagrados, que es lo que nos lleva a tener esta argumentación, (sino estuviéramos analizando a la Rand, pero ella no es una Diosa así que nadie se la toma tan en serio como, digamos, el Papa, que tiene línea directa con Dios) las personas se creen estos escritos como hechos verdaderos, como leyes y rigen parte de mi gobierno y limitan mis opciones y juzgan mi vida de acuerdo a sus leyes morales y aunque alguna vez en el futuro serán considerados leyendas y mitos, como los anteriores, mientras tanto, la Biblia y los demás libros de palabras de dioses, juegan un papel decisivo en la sociedad, entonces sí deben ser tomados en cuenta más allá de sólo una obra literaria.

Y seguirá siendo tabú mientras se tomen para discriminar, a lo mejor puedas llevarlo en contexto y decir que eran los tiempos o que es una mala traducción, aún así, le ha restado valor a mi sexo y ha discriminado a los homosexuales, a los ateos y a una cantidad innumerable de individuos que es considerada en esos libros como "los no deseados por dios". El hecho de que otra iglesia más moderna le dé interpretaciones módicas y ligeras no arregla el problema que crea la iglesia con su Biblia en los pueblos. Puedo darte tantos ejemplos como vioencia hay en la Biblia.

Y estoy de acuerdo contigo, no son formas de evaluar una obra literaria, pero no la considero como tal, ni hablaba de ella como tal (aunque pienso que está mal escrita, no es dinámica, la historia está entrecortada, Shakespeare y Quijote son más legibles y hay que buscarse un libro, como el de Asimov y leer los Evangelios agnósticos, para comprender mejor todos los errores, mentiras y demás desaciertos que hay en ella, especialmente cuando se toma de forma literal, como millones en el mundo aún lo hacen) Y todavía hay que aguantar todas las interpretaciones de acuerdo a cada creyente y sus iglesias. Me parece una forma muy disparatada de gobernar al ser humano. Aquí en mi pueblo la iglesia y su Biblia han hecho mucho daño, desde que vinieron y la impusieron desde Europa...no lo hicieron con el Corán, sino con la Biblia, por eso es que mis críticas van dirigidas a ella. Y continuarán mientas el ser humano tome cualquier libro y trate con él de imponer normas arbitrarias a otros. ... Leer más


Marcelo > No sé si se llegue por ahí a alguna parte, pero puedes
> pasarte toda la vida investigando y descubriendo...

Por supuesto, pero con eso sólo descubrirás las intenciones de las personas que escribieron las distintas partes. No se niega el valor que todo eso tiene para las disciplinas humanas de análisis histórico de texto, pero no aporta en lo absoluto para darle un mínimo de credibilidad al vengativo y maligno protagonista del libraco. El peligro de la publicación de marras es que legiones de fanáticos la consideran la fuente inerrante de la verdad y se justifican en ella para matar a quienes no siguen sus preceptos. Por supuesto, otros libros "sagrados" sufren del mismo problema, pero las comillas no son casualidad: el grave error de todos quienes aceptan su contenido es asumir que la deidad mitológica que los caracteriza es otra cosa que un personaje de ficción.

Cuando quieras, esperamos las pruebas sólidas, reproducibles e incontrovertibles de que el fulano existe; en ese caso, hasta los más recalcitrantes de los ateos tendremos que asumir nuestro error, pero mientras tanto, seguiremos afirmando que la evidencia es insuficiente. Algunos repetiremos con energía nuestra hipótesis cero, que afirma que el Papá Pitufo celestial es completamente ficticio. Mientras tanto, como dicen en inglés, "put up or shut up".


Angel Una obra "inspirada por Dios" que resulta ser tan ambigua y críptica que requiere ser analizada y re-analizada por superespecialistas para poder extraer de ella lo que "realmente" quiere decir.

Una obra que, sin embargo, es interpretada LITERALMENTE por millones de personas y que es convenientemente recortada para hacerla digerible a muchos millones más y que es usada por los líderes de las iglesias para manipular las cosas como más les conviene.

¡Qué humor negro el del dios inspirador! ¡un libro que le dice "la verdad" a los pocos eruditos que creen poder interpretarlo! ¡un libro que se cierra a los millones de ojos simples que simplemente leen lo que en él se escribió! ¡una serie de inexactitudes históricas, de contradicciones, de enmendaduras, de tergiversaciones, de falsos orígenes, de sincretismos!

Lo que sucede es que deben de ser muy pocos lo que realmente la han leido y, entre ellos, los que lo hayan hecho sin sesgos, imparcialmente, deben de ser muchos menos aún.

Un obra peligrosa, por su influencia nefasta.


Angel Sam Harris también tiene algo que decir al respecto:


Hernán Creo que la gran falacia consiste en pregonar la Biblia como un "Clásico Literario" que hay que "valorar más", cuando los no creyentes criticamos a la gran mayoría de creyentes que ven un mensaje de la divinidad en esos textos.

Incluso, los defensores de la "belleza" literaria "del Libro" (sic) están usando la falacia de equiparar a "UN LIBRO" un pastiche de textos escritos en diversísismos momentos y contextos históricos, y recopilados a dedo por una clase que buscaba propugnar sus intereses muy particulares.

De hecho, la "hermenéutica" moderna de la Biblia, mayormente de plumas creyentes, no es más que una proyección en los textos de lo que los intereses fideístas quieren creer por razones confesionales. Pura EISégesis.

La Biblia (entiéndase el pastiche de textos inconexos) fue escrita por hombres simples, con motivos transparentes, amenazas infantiles para los que se desviaban, con relatos absurdos, y muchas veces contradictorios o manipulados.

Obvio que hay algunos textos más o menos bonitos, como el Cantar de los Cantares, que casi no queda en el Canon Judío, por no mencionar a Dios...

Pero en general, esos que critican a los ateos por señalar barbarie, errores, contradicciones, inmoralidades y otros aspectos nefastos en la Biblia, porque no criticamos otros textos literarios, están meando fuera del tiesto, porque nadie usa a homero o séneca para prohibirme mis derechos a nombre de Dios.


Francisco Javier Glenys: Prefiero enfocar la discusión sobre la Biblia como una discusión sobre literatura, no porque sea para mí algo como el paradigma del non plus ultra en la literatura, sino por razones metodológicas poderosas: 1) Porque es una obra literaria clásica, y la ignorancia quema libros es inaceptable, provenga de ateos o de la inquisición, y 2) Porque la religión misma, según opinión de Fernando Savater que comparto, es algo muy semejante a un mero género literario; y considerarla de esa manera me parece la forma más respetuosa de la cultura, realista y radical de negar el fundamentalismo literalista pseudobíblico.

Personalmente te diré que disfruto más de la lectura de ciertas partes de la Biblia, que de Nietzsche o de Ayn Rand, pero eso sí es cuestión de gustos personales, y por lo tanto difícullmente se trata de algo opinable.

Creo que la gente conserva la suficiente creatividad (a su pesar) para reinventar continuamente las 'revelaciones' necesarias para justificar su proceder, los ultras bíblicos usan la Biblia como pretexto, los rebeldes mayas de fines del siglo XIX con las cruces parlantes que los incitaban a rebelarse contra sus opresores, etc. Que por 'justificaciones' de lo injustificable no paramos los humanos...

Lo de la autoridad del Papa es bastante discutible. Según la última encuesta hace un par de años el 72% de los católicos mexicanos no comparte las opiniones sobre sexualidad de su jerarquía eclesiástica. Del 86% de católicos declarados en el censo, sólo alrededor de un 10% de ellos acude asiduamente a misa. Yo no veo en México el surgimiento de un integrismo papal peligroso, no por lo menos en este momento.

Leer el Quijote no es tan fácil como pareciera. En realidad hay unas 3 mil palabras en su léxico que ya significan algo completamente distinto a lo que significaron en su tiempo. Así que leerlo en serio implica bastante investigación lexicográfica.

Campos completos de la filosofía actual (como la hermenéutica) han surgido en conexión con el estudio y la interpretación de la Biblia. Así que investigar y reflexionar sobre esa antología de textos no me parece una tarea necesariamente baladí. Pero no afirmo que deba ser parte de la educación pública en todos los niveles, sólo que, como antropólogo, me parece personalmente interesante esa investigación, lectura y reflexión. En mi canon personal de lecturas recomendadas para comprender el mundo, muy posiblemente sí incluiría la Biblia, como una de las respuestas humanas que se han ofrecido al misterio de la existencia. Que otros hagan de la Biblia su ídolo es una posición que no comparto.

Violencia hay en 'La guerra y la paz', de Tolstoi, en La Iliada y la Odisea, incluso en '100 años de soledad'... Somos humanos y no veo por qué algo de lo humano habría de sernos ajeno. ¿No te parece ridículamente moralista la posición de pretender censurar un libro por contener 'apología de la violencia'?

Si mañana usaran 'La caperucita roja' para justificar la matanza y extinción de todos los lobos, yo no aceptaría igual que se diejera que habríamos sido dañados por La caperucita roja, los responsables son personas y tienen nombres y apellidos.

Creo que declararse 'enemigos de la Biblia' sería tanto como decir que ese libro sería lo más importante de la existencia (incluso como centro del mal en el mundo), sería una posición refleja en espejo de la posición de los fundamentalistas fanáticos literalistas. Yo creo que la negación más radical de la presunta centralidad existencial de la Biblia es precisamente no hacerla el centro de nuestras vidas. La forma más consecuente que conozco para lograr eso es devolverla al librero de los clásicos que podemos leer cuando se nos de la gana, si así lo deséaramos.

Bastante harto estoy del fundamentalismo literalista como para ahora inscribirme en un fundamentalismo ateísta...


Francisco Javier
Marcelo:

¡Exacto Marcelo! Mi punto es que tal vez para algunos especialistas o curiosos pueda ser útil investigar y reflexionar sobre la Biblia, igual que hay académicos cervantistas o especialistas en literatura latinoamericana, ni más, ni menos.

Algo que a mí me gusta de la Biblia es que puedes percibir, si la estudias con cuidado, la evolución del personaje principal (Dios). Al principio es un Dios henoteísta que no niega la realidad de los otros dioses, pero exige ser considerado el único para los adeptos de su tribu, y paralelamente al culto centralizado en Jerusalén va evolucionando hasta el monoteísmo. Hay en el pentateuco (5 primeros libros) diferentes documentos entremezclados, y en cada uno el protagonista tiene diferentes características. Incluso en la Biblia hay un progresivo desvanecimiento de Dios, que habla con los humanos directamente e incluso toma el fresco en el Jardín del Edén, pero que se vuelve cada vez más lejano y desparace totalmente desde el libro de Judit.

Además, no todos los crímienes relatados en la Biblia tuvieron lugar. Según los arqueólogos contemporáneos nunca tuvo lugar la matanza ordenada por Dios en Jericó contra hombres, mujeres y niños, pues la ciudad ya tenía mucho tiempo deshabitada a la llegada de los israelitas.

Coincido contigo en que los protagonistas mitológicos de los relatos sagrados suelen ser seres más bien ficticios. Pero no creo que la estupidez y credibilidad humana hayan comenzada, ni terminarán con la Biblia.

Peronalmente no soy creyente y considero que no podría haber pruebas de la existencia de Dios, puesto que cualquier cosa cuya existencia pueda probarse es una 'cosa', y las deidades son interpretaciones humanas del misterio.


Glenys ¿Entonces tú crees que soy una atea fundamentalista porque pienso que la Biblia es un disparate y no es un clásico literario?


Glenys Pero, Francisco, ciertamente le debes a tu oponente un poco más de credibilidad, realmente pensar que sólo por criticar a la Biblia, que es el problema mayor porque si criticas otro libro el asunto no llega tan lejos ni hiere tantos egos ni creencias (a menos que sea el Corán que entonces podríamos acabar muertos), voy a creer que es donde comienza y termina la estupidez humana, por favor, me ofende que puedas sugerir que he dicho algo parecido.

Lo que he dicho desde el principio es que es imposible saber lo que los autores de la Biblia pretendían hacer con esos escritos, sencillamente imposible, no tengo ninguna objeción a que te pases la vida estudiando el libro y buscando lo que quieras en él, mi problema comienza cuando quieres tomar el libro e imponer tu interpretación personal o institucional de éste para juzgarme o controlarme. Eso es lo que defiendo, y no, no creo que eso me haga una fudamentalista, simplemente me hace una atea cansada de callarme y de aceptar las muchas interpretaciones de ese libro que demasiado daño ya han hecho.

¿Sabes lo que realmente me gustaría? Que la gente le diera la misma importancia que al Quijote y a la Caperucita Roja, si así fuera, ninguno de los dos estuviéramos ahora escribiendo todo esto, ya hubiese muerto la argumentación como pasó con Rand.

Personalmente, encuentro la Biblia aburrida y prefiero aprender historia de otras fuentes menos propensas a la interpretación ya que la historia, y todo el conocimiento humano, siempre está atado a la subjetividad. Por eso es que siempre me ha gustado la ciencia, creo que el peer review y todo lo que viene con eso es uno de los mejores inventos de la humanidad.

un abrazo, cariño :)


Angel La Biblia como objeto de estudio antropológico-histórico-literario-hermeneútico puede ser muy interesante, pero eso no excluye que como objeto "sagrado" sea nefasto para creyentes y no creyentes (daños colaterales)

Aquí el debate se da en dos frentes. El primero es académico y el segundo es práctico. Si dejamos all primero de lado ¿alguien considera que la influencia de la Biblia sobre la sociedad es más positivo que negativo?.

Yo no, para mi es extremadamente negativa.


Hernán Parece que Francisco Javier está aplicándonos la falacia del espantapájaros, cuando dice de algunos de nosotros: " ¿No te parece ridículamente moralista la posición de pretender censurar un libro por contener 'apología de la violencia'? "

La pregunta puede verse por dos lados. Pienso que ningún ateo serio activista pretende censurar la Biblia como texto.

Todo lo contrario. Pretendemos mostrarlo todo. No sólo las partes que le convienen a los creyentes.

Pero ahora me pongo en el lugar de abogado del Diablo. Si a los niños se les restringe el acceso a violencia gratuita e incluso, a erotismo más o menos inocente, ¿qué hablar de un texto que relata cercenamientos de prepucios, aperturas de vientres de mujeres embarazadas, hijas que emborrachan a sus padres para "follárselo", etc?

Si se restringe el acceso infantil a Playboy... ¿qué pensar de restringírselo a un texto como el descrito?


Hernán Pero no es el único espantapájaros que usa Francisco aquí. Cuando dice:
"Si mañana usaran 'La caperucita roja' para justificar la matanza y extinción de todos los lobos, yo no aceptaría igual que se diejera que habríamos sido dañados por La caperucita roja, los responsables son personas y tienen nombres y apellidos."

El espantapájaros es evidente. Caperucita es un cuento, un relato. Por el contrario, buena parte de los textos del pentateuco son un CÓDIGO LEGAL con obligatoriedad de cumplimiento en la cultura Judía.

Hay una diferencia abismal entre un cuento infantil, cuyo objetivo inicial fue ese, y un texto legal impuesto por una clase dominante, cuyo objetivo inicial, (e incluso contemporáneo en el Judaísmo y parte del Cristianismo), es un código de conducta, que para más INRI, obliga a violar derechos de los no correligionarios.

La falacia no puede ser más patente.

No creo que Francisco la ignorara. Pienso más bien que juega el papel de abogado del diablo por puro placer.


Francisco Javier Glenys: Hay muchas grandes obras literarias que pueden ser en muchos sentidos disparatadísimas, sin que dejen por ello de ser grandes obras clásicas.

Si no tienes una opinión elogiosa de la calidad literaria de la Biblia, pues eso sería solamente un hecho que no me parecería opinable. En literatura cada cual sabrá qué valora y qué no valora. De la misma manera, 100 años de soledad me parece un texto más que prescindible. Creo que pese a nuestras opiniones sobre libros específicos en particular, ambos podríamos coincidir en que ambos son libros clásicos, logros imporantes de la creatividad humana, aunque en lo personal no nos inspiren ni nos parezcan notables para nuestra vida.

Los ateos fundamentalistas serían quienes pretendiesen hacer su cruzada contra la Biblia.


Francisco Javier Hola Ángel:

Calificar a una obra como 'peligrosa' nos pone en una situación antiliberal mucho más peligrosa aun, nos estaríamos colocando en el reino de los censores, nos autoproclamaríamos como autorizados (¿por quién o qué?) para determinar lo que sería lícito o permisible que los demás leyeran.

En mi perspectiva lo peligroso está en los seres humanos, no tanto en objetos externos como la Biblia.

El literalismo y el fundamentalismo (generalizado como el intento de imponer nuestra verdad por cualquier medio a los otros) son tentaciones humanas que no se basan en algo externo a las personas, sino en algo tan inherentemente humano como la intolerancia hacia la incertidumbre de la vida.

¡Rechacemos toda forma de totalitarismo!

La verdad no necesita de tiranos a su servicio para defenderla. Se defiende sola con su propia evidencia.


Francisco Javier
Hernán:

Mi punto es algo diferente. Lo que yo sostengo es que asuntos como la creencia en Dios, o la lectura literalista de la Biblia, como si fuera fácticamente verdadera en todo, ambos fenómenos característicos del fundamentalismo moderno.

El fundamentalismo pretende rechazar la visión de la modernidad que valora ante todo los hechos y considera un texto como la Biblia como un mito más o menos inspirador, o literario, sujeto a una interpretación simbólica. El fundamentalismo contrapone a la modernidad una visión paradójicamente 100% moderna. A diferencia de las lecturas precríticas que los antiguos hacían de la Biblia, los fundamentalistas literalistas postulan que la Biblia sería un recuento infalible de hechos (logos). Las lecturas precríticas no consideraban la Biblia como colección de hechos, sino como fuente de símbolos y de significados profundos (es decir de 'mythos').

Como antropólogo interesado en la historia de las mentalidades y de las diversas episteme y paradigmas que han marcado la historia del pensamiento humano, me parece un error craso que muchos apologetas del ateísmo (personalmente la apologética me parece una militancia inaceptable, pues no parte de la verdad y la razón, sino que sólo las utiliza para combatir otra posición, es inmune a la autocrítica), que den por buena la lectura peculiar del fundamentalismo, como si de verdad fuera el resumen y paradigma de cualquier lectura posible de la Biblia, cuando en realidad no es sino una manifestación de una rebelión moderna contra la modernidad.

Eso en cuanto al marco general de mi perspectiva.


Francisco Javier
Sigo, Hernán:

Pienso que cada cual debe ser responsable del mensaje que encuentre o crea encontrar en cualquier creación humana. Una vez comenté con un amigo que me parece muy inteligente mi admiración por la película Matrix. Él comentó que sí, que sus innovadores efectos visuales y la coregorafía de las patadas voladoras eran geniales. Yo valoraría de Matrix más su visión del solipsismo compartido creado por la Matrix, que cualquier efecto visual, pero cada cual...

Hernán: Me parece un criterio pobrísimo y completamente extraliterario que el caracter de 'pastiche' o las intenciones e intereses 'particulares' de sus autores le sumen o resten interés literario a su lectura. Desde luego que la Biblia es una antología heteróclita, y algunas grandes obras literarias se nos presentan de manera muy parecida (pienso en Finnegan's Wake de James Joyce). ¿Acaso sugieres que si un libro no tiene la estructura simple que nos enseñaron en la secundaria, no merecería leerse? ¿O hay que investigar la militancia política de Balzac antes de saber si merece leerse la Comedia Humana?

La peor crítica cienmatográfica de Matrix que he encontrado es la de un pedante periodista sabelotodo que dijo que "no es más que un pastiche de muchas otras películas y libros anteriores".

Pues mira, sobre la hermenéutica hay interesantes hermeneutas y los hay pésimos. Que sean creyentes, ateos, o lo que sea, no los hace mejores, ni peores. Siento decepcionarte, pero el mundo no se divide en amigos y enemigos, como enseñan las iglesias dogmáticas militantes. Creo que no deberíamos aceptar la tentación estalinista de condenar y rechazar todo lo que no sea acorde con nuestra ideología. Prefiero la idea de 'entregarnos a la insondable verdad' que la de 'militar para una verdad'.

Dices: "La Biblia (entiéndase el pastiche de textos inconexos) fue escrita por hombres simples, con motivos transparentes, amenazas infantiles para los que se desviaban, con relatos absurdos, y muchas veces contradictorios o manipulados."

¿Acaso te sientes un Dios ateo celoso, como para que las mentes de los hombres te resulten transparentes? En general esta clase de pontificaciones que pretenden conocerlo todo de la 'naturaleza humana' me parecen sorprendentes y algo ridículas, tanto cuando provienen del nefasto Papa de Roma, como cuando provienen de mi amigo Hernán.

En este sentido es que me reivindico 100% humanista. Y no porque idealice a los humanos o sólo quiera ver el lado rosa de nuestras vidas. Pienso con Alexander Pope que los humanos somos: "la gloria, el enigma y la burla del mundo". Y por eso es que en las obras humanas más inopinadas encontramos geniales ejemplos de gloria, enigma y burla del mundo. La Biblia es humana y por eso no me puede ser totalmente ajena.

Si mañana surge una secta de matrixianos pentecostales o algo así, esto no le quitará ni un ápice de su excelencia simbólica y artística a Matrix.

Es cierto que la Biblia (en pésimas traducciones) es blandida por los fundamentalistas y literalistas ignorantemente como si fuera un arma. Pero entrar a su esgrima no me parece una superación radical de su desafío, pues estaríamos en su propio terreno. Devolver la Biblia al librero de los clásicos de la humanidad, en mi perspectiva, es la forma más radical de negar su uso como arma.

El mayor filósofo de los EUA en el siglo XIX, Ralph Waldo Emerson lo sintetizó magistralmente cuando dijo:

"La verdad que se usa como un arma, deja de ser verdad".

¡Dejémonos de ridículas cruzadas y de esgrímas pro o anti bíblicas!

La verdad es un compromiso de vida, no un refugio para nuestras inseguridades existenciales.


Glenys No se necesita ser fundamentalista para darle una lectura, digamos, nociva, a la Biblia. Te doy dos ejemplos el primero con el que tengo que lidiar mucho y el segundo porque ocurrió el otro día. Aquí muchos creyentes, incluídas personas en mi familia, practican el ritmo como método anticonceptivo porque sus iglesias aseguran que es lo que dios quiere para ellos. También se predica la abstinencia y el ritmo en los campos, donde el promedio de hijos está en ocho. Pastores y curas en general promueven este tipo de educación entre sus feligreses.
Por otro lado, en días anteriores un pastor fue entrevistado por una de mis colegas en el periódico. Cuando hablaba de las personas en su congregación le aseguró orgulloso que ahí no encontrará degeneración porque tienen estrategias para evitar que entren homosexuales, sus palabras, no las mías. Este señor tiene una iglesia a su mando y miles de personas siguen sus enseñanzas. En mi opinión eso no está bien. Y aquí eso no es fundamentalismo, es lo más normal.
Estas personas no tenían los libros de Jared Diamond en la mano, tenían la Biblia ¿me entiendes?

Me parece, Francisco, que tú sigues metido en la falacia que menciona Hernán, sigues dándole vueltas al asunto de que hay muchas obras más disparatadas y más violentas, lo que es innegable pero no es lo que yo discuto, el asunto es que ninguna de esas obras son tratadas como sagradas, es tan simple como eso. Ninguna de esas obras disparatadas y violentas que tú equiparas con la Biblia, tienen efecto en la vida de los millones de feligreses que la siguen, ni son una guía de machismo y discriminación. Habrán muchos libros peores, pero no veo a jefes de iglesias esgrimiéndolos para justificar su odio hacia lo distinto y su deseo de controlar.

Mi argumento es simple. Puedes usar la Biblia para lo que desees, pero si millones la siguen como palabra de dios y ley moral, creo que sí es y ha sido peligrosa. Y no sólo creo que el hombre NO necesita la religión para hacer el mal, estoy segura que tampoco la necesita para hacer el bien.


Hernán
Hola Francisco.

Disculpe que vaya al grano en vez de la forma. Señalo lo que vicia su argumentación:

Dice:

"Lo que yo sostengo es que asuntos como la creencia en Dios, o la lectura literalista de la Biblia, como si fuera fácticamente verdadera en todo, ambos fenómenos característicos del fundamentalismo moderno".

No son exclusivamente característicos de ese fundamentalismo. De hecho, antes del renacimiento, la interpretación de la gleba promedio que inició el cristianismo, sin formación científica griega, era bastante literal; no "precrítica". Eso de los siete cielos, y el Hijo del Hombre bajando de las nubes no era una "alegoría" de un reino espiritual. Para ellos, el cielo estaba allá arriba.

Dice:

"me parece un error craso que muchos apologetas del ateísmo (...)que (sic) den por buena la lectura peculiar del fundamentalismo, como si de verdad fuera el resumen y paradigma de cualquier lectura posible de la Biblia"

La damos por buena, porque a quienes criticamos la dan por buena. Si tomando como buenas las bases de ellos se llega a disparates, se logra la reductio ad absurdum. Ya si no le gusta el Debunking, es gusto suyo... a mí sí me gusta.

Dice:

"(personalmente la apologética me parece una militancia inaceptable, pues no parte de la verdad y la razón, sino que sólo las utiliza para combatir otra posición, es inmune a la autocrítica)",

Dos non sequitur en una línea. 1) La postura apologética puede partir de la verdad y la razón (e.g. usar la postura opuesta como negación de la hipótesis para una reducción al absurdo perfectamente lógica y veraz). 2) La apologética puede ser autocrítica.

Dice:

"Me parece un criterio pobrísimo y completamente extraliterario que el caracter de 'pastiche' o las intenciones e intereses 'particulares' de sus autores le sumen o resten interés literario a su lectura".

A mí también me parecería paupérrimo. No caigo en ese punto. El que la Biblia sea un Pastiche, y los intereses manipuladores de los hagiógrafos sean transparentes como una gota de agua, no elimina lo interesante de esa lectura y su análisis desde una óptica no Fundie. Espero que no haya insinuado que lo que cito era mi postura.

Dice:

"¿Acaso sugieres que si un libro no tiene la estructura simple que nos enseñaron en la secundaria, no merecería leerse?"

No. Ese es el espantapájaros que pretendes crear de mí con esa pregunta retórica. Aclaro: el que ese pastiche tenga cientos de duplicaciones torpemente pulidas con el Midrash de cada tradición redactora, no elimina méritos de lectura. Lo que hace es quitarle calidad literaria. Y con eso no pretendo ni censurarla, ni quitarle interés histórico como texto. (Para que no me montés otro espantapájaros con mi respuesta).

Dice:

"La peor crítica cienmatográfica de Matrix que he encontrado es la de un pedante periodista sabelotodo que dijo que no es más que un pastiche de muchas otras películas y libros anteriores".

En realidad, en su idea central, es casi un plagio trivializado de "El Piso 13", solo que ésta tiene más profundidad metafísica ya que no se queda en dos niveles simples (real y virtual), sino que apela a una serie infinita y anidada de realidades virtuales dentro de otras realidades virtuales, que deja con un vértigo casi Borgesiano.

Así, Matrix, en lo que se cree fue novedosa, fue trivial en profundidad. Su mérito principal, los efectos: Hollywood. (Sin negar que como comida chatarra, la disfruté).

Dice:

"Pues mira, sobre la hermenéutica hay interesantes hermeneutas y los hay pésimos. Que sean creyentes, ateos, o lo que sea, no los hace mejores, ni peores. "

Cuando el interés es la historia, tratar de dilucidar los hechos, el hermeneuta creyente, por su necesidad de defender sus creencias, se la suele tirar.

Dice:

"Siento decepcionarte, pero el mundo no se divide en amigos y enemigos, como enseñan las iglesias dogmáticas militantes".

Perogrullada. No cree espantapájaros conmigo. Cualquiera sabe que el mundo es gris. Ya si Ud. no entiende lo que es una reducción al absurdo lógica, asumiendo como cierta la postura opuesta de un fundamentalista, es su problema. Eso no significa que yo de por cierta tal visión.

Dice:

"¿Acaso te sientes un Dios ateo celoso, como para que las mentes de los hombres te resulten transparentes?"

En el caso de los transparentes escritores bíblicos, sí.

Dice:

"En general esta clase de pontificaciones que pretenden conocerlo todo de la 'naturaleza humana' me parecen sorprendentes y algo ridículas, tanto cuando provienen del nefasto Papa de Roma, como cuando provienen de mi amigo Hernán".

Pues es tu parecer. Yo opino distinto.

Dice:

"Es cierto que la Biblia (en pésimas traducciones) es blandida por los fundamentalistas y literalistas ignorantemente como si fuera un arma. Pero entrar a su esgrima no me parece una superación radical de su desafío, pues estaríamos en su propio terreno. "

Así se refuta una idea por contradicción y reducción al absurdo. Si no le gusta esa estructura de argumentación, entonces es su postura. Yo prefiero ceñirme a la lógica proposicional.

Dice:

"Devolver la Biblia al librero de los clásicos de la humanidad, en mi perspectiva, es la forma más radical de negar su uso como arma."

Pues es su perspectiva, pero no la comparto.

Dice citando a Emerson:

"La verdad que se usa como un arma, deja de ser verdad".

Eso es una imbecilidad lógica. La veracidad o falsedad de argumento no depende del uso que se le de.

Dice:

"¡Dejémonos de ridículas cruzadas y de esgrímas pro o anti bíblicas!"

Mejor deje de caricaturizar los estilos de argumentación racional de quienes quieren confrontar imbecilidades, sólo porque a Usted no le guste la militancia en una idea.


Francisco Javier
Hola Hernán:

Antes de la crítica literaria de la ilustración (aplicada a la Biblia por primera vez), la gente no necesitaba "creer en Dios". La "creencia" es una operación intelectual, y la gente daba por hecho a Dios, no necesitaba "creer en el hecho de su existencia". La alegoría es una forma de retórica, y ya decía Orígenes de Alejandría, hace 1700 años, que quien desconociera los métodos de interpretación literaria no podría entender el mensaje de la Biblia, sino que se quedaría en la superficie, haría una "lectura como de niño". Esa clase de lectura hoy sólo suelen hacerla los fundamentalistas literalistas, y algunas de sus contrapartes ateas que desprecian los métodos literarios.

Hay varias estrategias de lectura y discusión. Una puede ser dar por buenas las categorías del oponente y buscar incoherencias o contradicciones. Yo prefiero cuestionar incluso las categorías que da la Iglesia Católica Apostólica Romana para explicarse a sí misma, busco concpetos que sirvan para un análisis intercultural y diacrónico. Pienso que hacer incluso 'debunking' sólo dentro de las categorías de consumo interno de la ICAR en última instancia equivale a validar esas categorías.

La apologética hace un uso meramente instrumental de la razón (no un uso realmente crítico). Y la apologética ateísta se traga la píldora de las categorías de autoconsumo de la ICAR, por lo que no es nada extraño que cuando ofrezco otras visiones las rechacen con argumentos equivalentes a los de la ICAR. Un ejemplo, la ICAR sositene que las narraciones bíblicas serían cualitativamente incomparables a cualesquier otras, especialmente a las narraciones populares o profanas. Cuando yo asemejo la Biblia a la Caperucita Roja, Hernán apostilla indignado que serían cualitativamente diferentes porque la Caperucita no contiene un código sacerdotal.

Cuando critico la apologética ateísta, Hernán saca sus latinajos (dignos de mejor cura) para afirmar presunto razonamiento inconsecuente. Es muy fácil decir 'non sequitur', pero en lógica las afirmaciones se prueban, no se hacen a un lado sólo con calificativos.

La apologética es una defensa de una posición determinada (una militancia) que utiliza para ese fin la razón. Pero lo que parece que vemos diferente es el campo semántico de 'razón', que al parecer Hernan tiende a canonizar. Para mí la razón no es necesariamente un sinónimo del bien, ni de la virtud, es una forma de discurso, o una estructura de argumentación, pero puede utilizarse con fines incluso incompatibles con un análisis racional. Es un medio, no un fin en sí misma.

El que se contradice flagrantemente es quien afirme que la apologética puede ser autocrítica. Sé de muchos apologistas, cristianos principalmente, que en un momento se dieron cuenta de las incoherencias en la posición que defendían. Así que se alejaron de la apologética y pasaron a la autocrítica de fondo de su posición.

FJLG: "Pues mira, sobre la hermenéutica hay interesantes hermeneutas y los hay pésimos. Que sean creyentes, ateos, o lo que sea, no los hace mejores, ni peores. "

Hernán: "Cuando el interés es la historia, tratar de dilucidar los hechos, el hermeneuta creyente, por su necesidad de defender sus creencias, se la suele tirar."

Sí, pasa frecuentemente, pero no tanto con los hermeneutas serios, sino con los intelectuales orgánicos serviles al poder establecido. Pero conozco interpretaciones hermenéuticas deslumbrantes escritas por curas o ministros religiosos ortodoxos religiosamente convencionales. Y otras mediocres de hermeneutas sin ataduras institucionales o incluso ateos.

FJLG: "Es cierto que la Biblia (en pésimas traducciones) es blandida por los fundamentalistas y literalistas ignorantemente como si fuera un arma. Pero entrar a su esgrima no me parece una superación radical de su desafío, pues estaríamos en su propio terreno. "

Hernán: "Así se refuta una idea por contradicción y reducción al absurdo. Si no le gusta esa estructura de argumentación, entonces es su postura. Yo prefiero ceñirme a la lógica proposicional."

Eso no tenías ni que decirlo. En vez de un pensamiento crítio profundo que de verdad contribuya a un cambio de paradigma, te ciñes a la lógica proposicional. Esto no es en absoluto criticable. Cada cual busca sus caminos. Lo único que afirmo es que el hecho de que esa sea tu elección no implica que sea mejor o peor que la mía.

FJLG: citando a Emerson: "La verdad que se usa como un arma, deja de ser verdad".

Hernán: "Eso es una imbecilidad lógica. La veracidad o falsedad de argumento no depende del uso que se le de. "

Ciertamente no en la lógica proposicional, pero la vida real es algo un poco más paradójico.

Tomado de:

17 de octubre de 2009

El humanismo de Arthur Miller


"Me consideraría un humanista secular, excepto por los momentos en los que el misterio de la vida es abrumador y una fuerza conductora demencial parece innegable"
~ Arthur Miller (dramaturgo y guionista estadunidense, 1915-2005 )

1 de julio de 2009

Calderón contra el abismo ateo

Por Jesús Silva-Herzog Márquez

A la mitad del camino sigue sin estar clara la estrategia del gobierno federal en su guerra contra el narcotráfico. Resulta también evidente que la administración no se ha tomado en serio la reforma institucional y que el nuevo modelo de enjuciamiento penal carece de promotores dentro del gobierno. Lo que se clarifica es la filosofía presidencial: la moral detrás de la guerra. En distintas piezas oratorias, Felipe Calderón ha expuesto las razones de su cruzada. Son ofensivas y preocupantes.

A principios de este año, el jefe de un Estado laico describió al país que representa como la tierra de una virgen y un santo. En aquella ocasión, el presidente mexicano abrazó integralmente la cosmovisión más conservadora y dogmática de la iglesia católica para sermonear a un país que, al desviarse de la senda natural, pagaba un castigo terrible. La familia tradicional fue retratada por el presidente como la única semilla posible de la moral. Su quiebra provocaba una estela de desgracias. Elogiándose como miembro de una familia ejemplar, declaró que la práctica del divorcio esparcía la deshonestidad y la violencia. Los infieles que rompen el pacto indisoluble destrozan la decencia, la armonía y la justicia. El presidente Calderón exhibió entonces una desconocida y peligrosa secta del crimen organizado: los narcodivorciados.

Ahora Felipe Calderón continúa su disertación moral sobre el crimen. Ha sugerido que el ateísmo está en la raíz de la delincuencia. El origen de nuestros males está en la pérdida de la fe, en lo que él llama “el desconocimiento de dios.”

En el día internacional contra las drogas, el presidente se adelantó a dictaminar las causas de la muerte de un cantante. Antes de que las autoridades y los peritos se pronunciaran sobre las causas que provocaron la muerte de Michael Jackson, el presidente lo condenó como suicida. Terrible castigo eterno estará recibiendo el vicioso. A juicio del presidente mexicano, Michael Jackson se suicidó porque consumía drogas. El veredicto presidencial fue veloz. Para el reproche moral basta el dictamen del prejuicio. Nuestro piadoso presidente se adelantó para decir que el muerto buscó su muerte por lo que, supongo, la merece.

El sermón presidencial prosiguió: las drogas proliferan porque el mundo ha perdido la fe. Si la juventud creyera, no caería. La juventud está siendo carcomida desde dentro. No solamente la corroe la falta de oportunidades, sino la falta de sentido. Más allá de los aprietos económicos, la incredulidad. Estas fueron las palabras de Felipe Calderón: “Una juventud que por sus condiciones sociales, familiares, educativas, por falta de oportunidades, tienen pocos asideros trascendentes que tienen poco que creer, que no creen en la familia, que no tuvieron; que no creen en la economía o en la escuela, que no creen en Dios porque no lo conocen.” Nótense los acentos del presidente. Creer, creer, creer, creer. La creencia como basamento de la moral; la incredulidad como fermento del crimen; la ausencia de fe como fuente del mal. Sigue el presidente: “Esta falta de asideros trascendentales hace, precisamente, un caldo de cultivo para quienes usan y abusan ese vacío espiritual y existencial de nuestro tiempo.”


En el discurso del presidente de mi país me descubro en la raíz del crimen. No me había percatado de que mi incapacidad para creer en el personaje omnipotente, ese creador de mares, volcanes, batracios y constelaciones; ese supremo definidor de vicios y virtudes que tiene la llave de la salvación y la condena eterna me convertía en enemigo de la moral y de la justicia. No sabía que mi ateísmo me convertía en cómplice de sicarios. No me había dado cuenta que mi escepticismo fuera tan pernicioso. Lo confieso: no me dicen nada las nubes de la trascendencia y, a diferencia del presidente Calderón, no tengo el gusto de “conocer” a dios. Me doy cuenta de que, a ojos del presidente de mi país no soy, simplemente, un ateo: soy un charco para la germinación del vicio. Si la guerra de Calderón contra el crimen organizado va—como debería--a la raíz del problema, entiendo que debe de ir contra mí, contra lo que mi “falta de asidero trascendental” significa para la juventud.

Eso es lo que sucede cuando se pierde la balsa común de la laicidad. La prédica sectaria agrede a quien no comparte el dogma. El presidente de mi país me ha declarado la guerra.


[Subscribo plenamente esta reflexión del notable politólogo Jesús Silva-Herzog Márquez. Francisco Javier Lagunes Gaitán]

Tomado de:

24 de marzo de 2009

Mi familia es la humanidad

Columna publicada en el diario “La Prensa” el viernes 16 de enero de 2009

Por Francisco Javier Lagunes Gaitán *

Todos necesitamos un lugar de amor incondicional, de respeto, de aceptación que nos permita identificarnos, una serie de relaciones que nos digan a nosotros y al mundo quiénes somos. Estos lugares y estas relaciones que nos definen es lo que llamamos 'familias'. La familia, como todas las formas de organización social, evoluciona y se transforma a lo largo del tiempo.

En el Imperio Romano, la familia la constituía el conjunto de bienes y personas bajo la autoridad y tutela del Padre de Familia. Por esta razón una de las palabras que se usan para etiquetar a las servidoras domésticas es 'fámula'. El conjunto de los bienes de el Padre de Familia romano se llama el 'Patrimonio' y las unión legítima del Padre de Familia con una esposa reconocida socialmente (aparte de las concubinas) se llama 'Matrimonio' [la ocupación de la mater].

El matrimonio es uno de los ejes que tradicionalmente han definido a las familias. Las relaciones de afinidad (parientes políticos) se derivan de la relación matrimonial entre los clanes y tribus y la función más universal del matrimonio en todas las culturas humanas es la de legitimación de los hijos. Incluso en la sociedad Nuer de África (todavía a principios del siglo XX) se daban los matrimonios entre mujeres, en los que una de las integrantes se embarazaba con la colaboración biológica de algún hombre, pero los hijos eran reconocidos legítimamente como hijos de ese matrimonio del mismo sexo. El matrimonio de personas del mismo sexo no es, pues, ni novedoso, ni moderno.

Los momentos más decisivos de cambio en la historia moderna de la familia son la Reforma protestante del siglo XVI y la Revolución Francesa del siglo XVIII. El matrimonio y la familia va liberándose progresivamente de sus ataduras a conceptos teocráticos definidos por la iglesia impuesta desde el estado, para pasar a definirse en el ámbito del derecho civil, de la voluntad y la libertad de los individuos. El concepto mismo de la infancia como un bien merecedor de la protección pública se formó en la cultura occidental apenas en el siglo XVIII.

Con este panorama en mente contrasta que el reciente Encuentro Mundial de las Familias, convocado por el Papa se haya limitado a machacar una y otra vez declaraciones doctrinarias sin contacto con la realidad plural de las familias de México y el mundo. Según INEGI 20% de los hogares mexicanos son dirigidos por una mujer sola (30% en el DF), cada vez hay más familias creadas sin realizar ninguna forma de matrimonio. La aprobación de la Ley de Sociedad de Convivencia el DF ha contribuido a hacer visibles muchos de los hogares formados por parejas del mismo sexo.

Lo único sorprendente del citado encuentro es que se haya puesto de manifiesto que algunos jerarcas religiosos pretenden no darse por enterados de que vivimos en el siglo XXI y de que los cambios de los últimos 500 años son irreversibles.

* Activista y analista cultural: unitarius@gmail.com Integrante de la Libre Congregación Unitaria de México: www.lcum.blogspot.com

18 de marzo de 2009

¿Acaso ateos y creyentes serían dos especies diferentes?

En su comentario a la entrada “Los cerebros de creyentes y ateos son diferentes”, en el blog “Cyberateos”, Máximo Kinast nos propone un curioso y divertido aforismo:



Yo siempre he sospechado que hay una incompatibilidad entre inteligencia, religión y honestidad. Las tres juntas se dan de patadas.

Es posible ser inteligente y honesto, pero no puede ser religioso.

Es posible ser religioso y honesto, pero no puede ser inteligente.

Es posible ser religioso e inteligente, pero no puede ser honesto.



Es de agradecerse el comentario ingenioso de Máximo, sin embargo, ya fuera de simplificaciones de afán más o menos literario, de verdad espero que declararnos ateos, agnósticos o no-creyentes sirva para algo más que para sentirnos superiores a los demás gratuitamente.



¿No es acaso eso mismo para lo que la religión les sirve a los santurrones que sólo por creer en determinados dogmas y doctrinas se autoproclaman, salvos, perfectos, pueblo elegido, representantes terrenales del bien supremo espiritual, portadores de ínfulas de jueces inapelables de todos los demás, poseedores exclusivos de las 'llaves del reino' y cosas por el estilo?



La inteligencia es un fenómeno complejo y multivariado. De hecho, hay múltiples inteligencias según los principales investigadores del asunto. El caso es que una determinada posición sobre una cuestión dada, por ejemplo, sobre la 'existencia de Dios', no garantiza nada. Se puede ser ateo por buenas y por malas razones, lo mismo creyente. El pensamiento crítico es una habilidad que se conquista penosamente cada día (y se pierde en cualquier pequeño descuido) y que no nos caerá del cielo solamente por sumarnos a determinada posición en un debate.



Una vez escuché una frase ingeniosa como tu aforismo que dice que "el 90% del IQ (coeficiente intelectual) está en la actitud”. ¿Cuánto IQ, de esta clase, se refleja al aceptar acríticamente las definiciones más medievales de 'Dios' y demostrar que no resisten la prueba de la contrastación empírica? ¿Pero es que se necesita tanta 'inteligencia' para autoproclamarse, sin pruebas, como superiores al resto del género humano y como el próximo eslabón evolutivo de los homínidos, solamente por declarar que 'Dios no existe'?



Tal vez tú sólo conozcas a creyentes gregarios, pero por cada 100 mil de esos hay quizás más de un creyente crítico y honesto que encuentra formas de conciliar sus ideas sobre lo profano y lo sagrado, aunque muchas veces no coincidan con los dogmas declarados obligatorios en su tradición de fe. Por ejemplo, cada vez encuentro más creyentes pensantes que dudan sobre, o de plano niegan, la 'existencia de Dios' (pues la simple categoría de 'existencia' es una propiedad de los objetos, y ellos se oponen a objetivizar y cosificar a Dios).



Yo considero que nuestros hechos son más elocuentes que nuestras creencias (o increencias) proclamadas. Dejemos que nuestras vidas prediquen más que nuestras declaraciones inmodestas y autocomplacientes. Hay ateos y creyentes que son, por hablar metafóricamente, bendición para el mundo y para sus vecinos. Y hay ateos y creyentes que son nefastos: pésimos padres o parejas, empresarios depredadores, políticos corruptos y manipuladores, o criminales antisociales peligrosos.



No veo evidencia suficiente en el mundo para apoyar la dicotomía (entre creyentes y no creyentes) como categoría definitiva de clasificación de las personas, que nos proponen los que asumen la posición de Máximo.


Humanistamente,

Francisco Javier Lagunes Gaitán

15 de enero de 2009

¿Qué es y de dónde viene 'religión'? Rechacemos etimologías espurias

Alineación al centro


Usos y abusos de 'religión'

Es de lo más frecuente actualmente que al debatir con cierta profundidad sobre temas religiosos, nos encontremos con que muchos de los desacuerdos provienen del diferente sentido que damos a la palabra 'religión'. Por ejemplo, muchos ateos militantes optan por calcar exactamente la definición común de 'religión' en boga entre las iglesias hegemónicas convencionales. No parece importarles mucho que con este procedimiento queden apresados en la misma red de categorías que han elaborado las iglesias occidentales para su autorreflexión. Mientras que algunos connotados agnósticos, como Fernando Savater, entienden que la religión no es susbstancialmente otra cosa que algo semejante a un género literario (en cuyo caso no tendría mucho sentido militar contra un género literario), otros ateos fundamentalistas militantes dan por buena la definición dogmática hegemónica, cuyo paradigma está dado por la Iglesia Católica Apostólica Romana (ICAR), según el cual religión sería un culto organizado a una divinidad sobrenatural. Con semejante definición quedarían excluidas tradiciones incuestionablemente religiosas como el budismo, el taoísmo, el confucianismo, el cristianismo noteísta (o de la muerte de Dios), el humanismo religioso (a lo
John Dewey, 1869-1952, o Roy Wood Sellars, 1880-1973) que han practicado muchos entre los unitarios, en el judaísmo humanista y en la cultura ética.


Hace algunos años fue notorio el caso de una funcionaria fiscal de Texas que pretendió retirar el reconocimiento como iglesia a una congregación unitaria universalista, debido a que no establecía en sus estatutos "un sistema de creencias". Bien, la unitaria ciertamente no es una organización religiosa 'ortodoxa' o tradicionalista, puesto que es una iglesia occidental postcristiana que practica el pluralismo de creencias y carece de dogmas, doctrinas o escrituras obligatorias. Pero ¿acaso las autoridades fiscales de Texas han de asumir la función de determinar la esencia de la religión, más allá de lo que los mayores filósofos y estudiosos de la humanidad han podido llegar a entrever? Afortunadamente, las cortes consistentemente han revertido la decisión arbitraria de esas autoridades fiscales de imponer como único criterio para considerar religioso a un grupo su "creencia en un Dios, en dioses, o en un Poder Superior".

En medios cristianos fundamentalistas y evangélicos conservadores es frecuente afirmar que su práctica religiosa y su iglesia no constituirían una 'religión', y que la única 'religión' de ellos sería 'aceptar al Señor Jesús'. Tal giro del lenguaje resulta una arbitraria y gratuita autoproclamación de un cristocentrismo excluyente.



Concepto esencialmente impugnado

La etiqueta de concepto esencialmente controvertido proviene de un artículo de Walter Bryce Gallie (1912-1998) donde caracterizó por primera vez una categoría de conceptos que "son esencialmente controvertidos, conceptos que su uso inevitablemente conlleva disputas sin fin acerca del correcto uso por parte de los hablantes" GALLIE, W. B., "Essentially contested concepts", Proceeding of the Aristotelian Society, 56 (1955-56), (167-198), p. 189. Según Waldron, la etiqueta de concepto esencialmente controvertido cumple tres condiciones: a) Es una disputa entre paradigmas rivales sobre el significado central del concepto. b) La controvertibilidad es parte de significado en cuestión. c) El desacuerdo es indispensable para el uso del término WALDRON, Jeremy, "Vagueness in law and language: Some philosophical issues", California Law Review, vol. 82, 1994, (529-539), pp. 509-554.

Dado que cualquier definición de la palabra 'religión' contiene necesariamente elementos evaluativos encuadrados en diferentes paradigmas del hecho religioso, se le considera un 'concepto esencialmente impugnado', o 'esencialmente controvertido', de igual manera que lo son 'democracia', 'arte', 'bien', 'ideología', 'poder', 'simplicidad', etc. Esto significa que no es posible obtener una definición unívoca y universalmente aceptable de 'religión'. Sin embargo, sigue siendo un concepto útil en la ciencia social, siempre que tengamos conciencia de los alcances y límites de los paradigmas en los que puede inscribirse.




Visiones contrahegemónicas

La más extendida definición de 'religión' entre los ateos parece remitirse a la visión esencialista decimonónica del antropólogo evolucionista E. B. Taylor (1832-1917), según la cual la religión sería una "creencia en seres espirituales", nos llevaría a un entendimiento privado e intelectualista de la religión, del que sólo hay un paso hacia la posición condescendiente del ateo dogmático hacia estos presuntos "creyentes en seres espirituales". La definición de E. B. Taylor converge con el relato oficial de los grupos de fe hegemónicos convencionales, dado que postula la adhesión a determinada creencia como clasificador de pertenencia a un colectivo (un claro resabio del idealismo filosófico europeo, con sus proclamaciones solemnes de credos y juramentos de lealtad).

Émile Durkheim (1858-1917), por el contrario, nos ofrece una comprensión funcional de la religión desde la óptica del comportamiento colectivo, para su visión la religión se enmarca en la 'comunidad moral o Iglesia'. En una perspectiva funcional, tu religión es aquello que determina tu relación contigo mismo, con los demás y con el universo.

Desde la investigación en religiones comparadas, en la visión de
Wilfred Cantwell Smith (1916-2000) la fe personal (relación personal con lo sagrado) se ve contenida o modelada por la tradición acumulada de las comunidades de fe (rituales, doctrinas, organizaciones).
La fe y la creencia no son sinónimos en esta perspectiva, ni la fe es necesariamente sinónimo de creerse lo que es absurdo.




Ejemplo de definición no-convencional

Según Paul Connelly, la religión proviene de un intento de representar un orden de creencias, sentimientos, imágenes y acciones que surgen en respuesta a la experiencia directa de lo sagrado y lo espiritual. Al expandirse el intento en su formulación y elaboración, se convierte en un proceso que crea significado para sí mismo sobre una base sustentable, tanto en lo concerniente a sus experiencias originarias, como a sus respuestas continuadas.

Lo sagrado es una manifestación misteriosa de poder y presencia que se experimenta tanto como algo primordial, como también transformativo, que inspira asombro y captura la atención.

Lo espiritual es la percepción de la comunidad de la conciencia del deber que borra las fronteras entre el YO y el mundo, que produce una sensación de unión de propósitos del YO y el mundo para afrontar las cuestiones existenciales y proveernos de una mediación del reto de responder a la interacción entre el YO y el mundo, lo uno y lo múltiple.




Etimología de 'religión'

Muchas veces, las discusiones etimológicas resultan básicamente insubstanciales y suelen aportar mucho menos al esclarecimiento del tema que al lucimiento erudito de quienes suelen proponerlas. Sin embargo, espero que en este caso se demostrará la pertinencia de analizar el origen y parte de la evolución del término.


El objeto de investigación de la religión como ciencia es muy controvertido. Se empieza por discutir la etimología de la palabra. Según Marco Tulio Cicerón [106-43 a. C.], en De natura deorum, II, 28, escrito 45 a. C., el sustantivo religio se deriva del verbo relegere.

Siglos más tarde, Lucius Caecilius Firmianus Lactantius [250-325 d. C.], en Divinae Institutiones IV, 28, redactadas entre el 304-313 d. C., hace derivar la palabra religio del verbo latino religare.

Para Cicerón, la religión sería asunto del culto cuyas reglas hay que observar escrupulosamente. Para Lactancio, la religión tiene un carácter más existencial de religación del hombre con la trascendencia.

Según el lingüista francés Emile Benveniste (1902-1976), desde el punto de vista lingüístico, no se puede derivar religio de religare pues no existe el abstracto *ligio derivado de ligare. El sustantivo de religare ('unir fuertemente', 'vincular intensamente') sólo podría ser religatio y no religio.

A partir del verbo legere se puede obtener el sustantivo legio ('cuerpo armado o conjunto de soldados reclutados'). De los verbos de los que se podría derivar la palabra religio, que serían

religere ('tener en cuenta'), (Augustín: Retract. I, 12, 9)

religare ('religar', 'atar fuertemente')

relegere ('leer atentamente', 'repasar escrupulosamente')

obtendríamos los sustantivos siguientes:

relictio de religere

religatio de religare (etimología propuesta por Lactancio)

religio de relegere (etimología propuesta por Cicerón)

El verbo legere tiene varios significados:

leer (por ejemplo un escrito),

recolectar, colectar, juntar (espigas, uvas),

escuchar, espiar (recoger con el oído),

escoger, elegir (reconocer y decidir),

leer en voz alta (algo a alguien).


Cicerón relacionaba la palabra 'religio' con el verbo relegere ('tratar con diligencia'), un derivado del verbo lego ('reúno', 'recojo'), del que se derivan neglego [con lo que se implica que 'religión' es lo contrario de 'negligencia', como en la frase usual: 'pagó religiosamente sus deudas', FJLG], intellego, diligo y dilectio.

Según Walde (1965: 352), diligo, intellego y neglego, por tener la misma flexión, la misma derivación y por su significado son sentidos por la conciencia lingüística de los hablantes como pertenecientes al mismo grupo.

«Religión, 1220-50. Tomado del latín religio, -onis, íd., propiamente 'escrúpulo, delicadeza', y de ahí 'sentimiento religioso'.»[J. Corominas: Breve diccionario etimológico. Madrid: Gredos, 1967, p. 501]

La expresión latina mihi religio est significa 'me causa escrúpulo'.

«Un gran historiador de las religiones (Cumont 1929: 40-41) escribía que el culto de los dioses en Roma era un deber cívico, mientras que el culto de los dioses de misterios extranjeros era la expresión de una fe personal; esto fue lo que hizo que el Imperio se abriera a formas de religión distintas de las puramente cívicas, causando la fácil victoria de los dioses griegos y orientales en los últimos siglos de la república. La organización social y política puede producir tal vez la ilusión de apuntalar una religión; generalmente la perfora.» (Zubiri 1993: 178)

La interpretación más extendida es la 'cristiana' que dio Lactancio (304-311 d. C.), que hace derivar religio de religare, vincular, atar fuertemente [Nota importante: el prefijo 're' tendría aquí el sentido de reforzamiento, no de iteración, se refiere a 'atar con fuerza', no a 'volver a vincular'. Así que la tan repetida versión de 'volver a unir' carece de cualquier fundamento más allá de la repetición irreflexiva del dicho de Lactancio, FJLG].

Sea como fuere, el problema de la etimología de la palabra 'religio' sólo tiene interés histórico. Es significativo que esta palabra no existe en otras lenguas que no sean las influidas directamente por la cultura romana. Las otras lenguas no tienen una palabra cuyo significado abarque todo lo que en nuestro ámbito cultural queremos decir con la palabra religión. Los romanos no comprendían la religión separada de la vida política y del ámbito profano. La religio no podía ser algo separado de la esfera pública. La así llamada "historia de las religiones" es una investigación que comienza en Europa en el siglo XVII. Justo Fernández López
http://culturitalia.uibk.ac.at/hispanoteca/Foro-preguntas/ARCHIVO-Foro/Religi%C3%B3n-religare-relegere.htm



A manera de conclusión

Los diccionarios usuales de la lengua no son autoridades normativas, sino solamente recopilaciones léxicas que indican la frecuencia estadística de uso de un término en determinado acervo documental. Un debate sobre el sentido de 'religión' no podría zanjarse por el simple expediente de recurrir a un diccionario de la lengua.

La religión como sistema de creencias más o menos sobrenaturalistas no es sino uno de los posibles paradigmas. Que las iglesias y comunidades religiosas afirmen que lo central de su actividad son sus creencias proclamadas no lo hace una verdad fáctica autoevidente.

¿Por qué dar por buena la definición hegemónica de religión para realizar una valoración crítica del fenómeno religioso? ¿Y si el centro de la religión está en otra parte y no en las
creencias autoproclamadas?

Y lo más notable del asunto. En la antigüedad la definción orginal de 'religión' ('religio') no se centra en determinada creencia que permitiría la 'fuerte vinculación' hacia una deidad en particular (como espuriamente inventó Lactancio), sino un 'escrúpulo por cumplir con lo que es debido' (como originalmente señaló Cicerón más de 3 siglos antes). El sentido original de 'religio' era mucho más funcional y matizado que el sentido vulgar que se le atribuye basados en una etimología espuria.





7 de enero de 2009

Ateos racionales y ateos anti-dios

Tomado de: http://plazamoyua.wordpress.com



Probablemente Dios no existe,

así que deja de preocuparte y disfruta de la vida

Eso reza la campaña anti dios que está de moda en el Reino Unido, y que van a importar en los autobuses de Barcelona.

Las movidas anti algo son delicadillas, y su justificación depende enteramente de la peligrosidad y agresividad de ese algo. O sea, si son de defensa, o son de ataque bajo pretexto de estarse defendiendo. Es estupendo ser antifranquista cuando hay franquismo, es absurdo y juego sucio ser antifranquista cuando ya no existen ni Franco ni el franquismo. El ataque a lo que ya no existe, o a lo que ya no tiene peligro, suele esconder otro tipo de ataques menos presentables. Generalmente a la libertad de otros. Y aquí tenemos un gran ejemplo con los nacionalistas.

Probablemente Dios no existe,

así que deja de preocuparte y disfruta de la vida

Muy racional. ¿Quien te ha dicho que haya nadie preocuado? ¿Y al que esté preocupado, le va a convencer eso de “probablemente” para arriesgar el fuego eterno? ¿Y quien te ha dicho que los que creen en Dios no disfrutan de la vida más que tú?

En todo caso parece claro que hay muchos teístas para los que sus creencias son una herramienta de vida bien útil. Psicológicamete útil. Como para tantos pueda serlo el vino o la marihuana. No se me ocurre motivo alguno para quitarles su libertad, mientras ellos no atenten contra la libertad de los demás. Una cosa es exigir que te dejen pensar como te de la gana, y muy otra es exigir que piensen como tú.

En fin.

Como viene muy al caso, me gustaría señalar esta traducción de un artículo de Michael Shermer [-->]:

Por un ateísmo racional

Carta abierta a los señores Dawkins, Dennett, Harris y Hitchens










30 de diciembre de 2008

La razón y la reverencia



Emerge un nuevo humanismo religioso que ofrece profundidad, sentido y propósito sin sacrificar la honestidad intelectual, ni la dimensión espiritual. Por William R. Murry publicado en el número de diciembre de 2006 en UUWorld (Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán).

Hace algún tiempo un vecino, al enterarse de que me considero humanista, me preguntó cuál era el significado de 'humanista'. Le contesté que el humanismo se refiere a afirmar la valía y la dignidad de cada persona, a un cometido de mejoramiento humano y a la necesidad de que los seres humanos asuman la responsabilidad de sí mismos y del mundo. "Si es así, parece que yo también sería humanista", respondió aparentemente sorprendido. En este sentido amplio de 'humanismo' millones de personas serían humanistas, aunque no se identifiquen como tales y los valores humanistas permean nuestra cultura e instituciones.

Le expliqué a mi vecino que hay muchas clases de humanismo y que algunas son teístas, en tanto que el humanismo religioso y su primo, el humanismo secular, son noteístas [en palabras de Tom Flynn: En la definición de Michael Martin para el Cambridge Companion to Atheism, se distingue entre ateísmo positivo, o la firme convicción de que no existen deidades, y el ateísmo negativo, o simple ausencia de creencia en dios alguno. En varios escritos, Paul Kurtz se ha hecho eco de la dicotomía de Martin, proponiendo una distinción entre ateísmo y noteísmo (...) En nuestras respectivas enciclopedias para no creyentes, Gordon Stein y yo hemos discutido una definición de ateísmo más cercana al ateísmo negativo de Martin: La simple ausencia de creencia en dioses. Esto refleja las raíces grietas de la palabra, a-theos, literalmente sin dios. Stein y yo hemos encontrado perverso que el ateísmo real deba requerir algún tipo de certidumbre en la no existencia de dios, algo que en sí mismo aparentaría ser un tipo de fe].

El humanismo religioso es una posición hacia la vida que demuestra gozo hacia estar vivos en este universo inimaginablemente vasto y de una belleza que quita el aliento y que muestra alegría y satisfacción en contribuir al mejoramiento humano. Sin un credo, pero con insistencia en la la razón, la compasión, la comunidad, la naturaleza y la responsabilidad social, se trata de una manera de vivir que responde a las necesidades espirituales y religiosas de la gente actual. Un nuevo humanismo emerge entre los unitarios universalistas, un humanismo religioso conformado por los desarrollos culturales y los descubrimientos recientes en las ciencias humanas y naturales, que se fundamenta en el contexto amplio del naturalismo religioso, un humanismo religioso que ofrece profundidad, sentido y propósito, sin sacrificar la honestidad intelectual, ni la dimensión espiritual.



El naturalismo religioso es una perspectiva que encuentra sentido religioso en el mundo natural y rechaza la noción de un ámbito sobrenatural. En años recientes, el naturalismo religioso ha experimentado un resurgimiento. La mayoría de los naturalistas religiosos son teístas que entienden a Dios como perteneciente al universo natural, más que como una deidad sobrenatural.

Yo asumo una fe noteísta, una perspectiva que llamo naturalismo religioso humanista. Como el humanismo religioso tradicional, rechaza lo sobrenatural y mantiene que sólo hay una realidad, el universo natural. El humanismo tradicional, sin embargo, históricamente ha sido demasiado antropocéntrico, mientras que para el naturalismo religioso humanista es la naturaleza, más que el ser humano, lo que es último. Esto aporta el fundamento para una ética ambiental fuerte, tan necesaria en un mundo amenazado por la destrucción ambiental. Lo que es más, integrar el humanismo religioso con el naturalismo religioso resulta en una mayor profundidad espiritual y en un lenguaje de reverencia, aspectos ambos que muchos consideran faltantes en el humanismo tradicional. Se trata de una forma emergente de humanismo que también ofrece un relato significativo: la épica de la evolución. Las diferencias con el humanismo religioso tradicional podrían parecer sutiles, pero ofrecen el fundamento para un humanismo más abierto, menos racionalista y más incluyente, que hable al corazón y al alma, no sólo al intelecto.



Por la otra parte, el naturalismo no es una fuente suficiente de sentido religioso, debido a que la naturaleza es moralmente neutral, o simplemente amoral. Su único valor parecería ser la creatividad. La naturaleza ha producido lo que percibimos como la magnificencia del universo. A través de la evolución creó a la humanidad, que a su vez desarrolló principios morales. Pero la lluvia de la naturaleza cae sobre el justo y el injusto por igual. La enfermedad y la muerte afligen a todos, con independencia de su carácter [carácter moral: el conjunto de virtudes y hábitos de conducta moral de una persona]. La naturaleza no sabe nada de la justicia, el amor, la bondad, o la generosidad. El humanismo, con su convencimiento sobre la dignidad y el valor de todos los humanos y todo lo que se sigue de este principio, provee de los valores de los que el naturalismo carece.

Además, me parece que el naturalismo religioso, ya sea en su forma teísta o noteísta, es la perspectiva teológica de la religión liberal, particularmente el unitarismo, o unitarismo universalista. El estudio Engaging Our Theological Diversity [Tomar parte en nuestra diversidad teológica] elaborado por la Commission on Appraisal [Comisión de Evaluación] de la Asociación Unitaria Universalista de Congregaciones refuerza esta convicción de varias maneras. Los sondeos de la comisión revelaron que el Séptimo Principio, que afirma "El respeto por la trama interdependiente de todo cuanto existe, de la cual formamos parte" está "en el centro de nuestra visión compartida del mundo" y que la mayoría de los encuestados rechazaron la idea de un universo de dos habitaciones, la correspondiente a lo natural y la que correspondería a lo sobrenatural. Más aun, la mayoría de los encuestados que mencionaron a Dios como parte de su teología hablaron de Dios en términos naturalistas, tales como el poder de la creatividad, la fuerza inmanente del bien en el mundo, o simplemente como el misterio. En una palabra, encontrar lo sagrado en el mundo natural parece ser una delas principales características del liberalismo religioso. Este rechazo al sobrenaturalismo distingue a la religión liberal de otras formas de religión occidental.

Los estudiosos frecuentemente diferencian entre dos clases de religión, mythos y logos. Mythos se refiere a la religión imaginativa basada en mitos, o en relatos con significados. Los mitos ofrecen una explicación de por qué las cosas son como son y dan un significado más profundo a la vida. Los dos relatos d ela creación en la Biblia Hebrea están entre los mitos más famosos de la cultura occidental. Creo que los mitos nunca fueron concebidos para ser creídos al pie de la letra, sino que probablemente fueron entendidos por la gente precientífica como intentos metafóricos de describir una realidad que resultaba demasiado compleja y misteriosa para para ser comprendida de cualquier otra forma. Es sólo en la época científica,con su insistencia en el conocimiento fáctico, que los mitos han llegado a ser tomados como hechos. Al tomar al pie de la letra a los mitos, la religión fundamentalista transforma los mitos en logos.



El logos es la religión racional, lo que en nuestro tiempo usualmente significa la religión basada en la visión del mundo científico-empírica. La religión racional se desarrolló principalmente en la filosofía griega, que en mucho es esencialmente una versión racionalizada de la mitología griega. También surgió en alguna medida en la tradición de los profetas hebreos, que se rebelaron contra los rituales y las ceremonias, e insistieron en una vida moral y en la justicia social. El naturalismo religioso humanista es una forma contemporánea de la religión del logos.

Los mitos y los relatos son importantes para la religión, pues hablan a nuestro inconciente y por ello nos afectan en un nivel profundo e influyen sobre nuestros supuestos y actitudes básicos. Aunque el naturalismo religioso humanista pertenece al tipo de religión del logos, incluye también relatos que sirven a la misma función que los mitos para proveer de un entendimiento narrativo del origen y sentido del universo y de la vida humana. Uno de estos es el relato de la evolución cósmica y biológica. Es la historia de los poderes creativos emergentes de la naturaleza, misma que continúa hoy en la forma de la evolución moral, espiritual, social y cultural que suscita la creatividad humana. Un segundo relato, consistente con los valores del humanismo, es la notable historia de la expansión de la libertad humana en el mundo, tanto de la libertad política, como de la libertad religiosa.

Ha sido tiempo que el humanismo ha sido uno de los blancos predilectos de la derecha religiosa. Hace algunos años el Revdo. Tim LaHaye proclamó que "los humanistas son enemigos mortales de todos los americanos en favor de la moral y constituyen la más sería amenaza contra nuestra nación en toda su historia". LaHaye es uno de los más notorios dirigentes evangélicos y coautor de la serie Left Behind [Dejados atrás]. LaHaye, Jerry Falwell y otros han culpado al humanismo por todo lo que creen que va mal en América, la libertad de elección reproductiva, los programas contra la pobreza, el movimiento feminista, el movimiento por los derechos GLBTI [gays, lésbicos, bisexuales, transgéneros e intersexuales], las leyes contra la oración obligatoria en las escuelas públicas, el control de armas y la educación sexual.

Al mismo tiempo se equivocan y tienen razón. Están completamente equivocados al llamar a los humanistas una amenaza para la moralidad nacional, pues el humanismo es una forma elevada de vida ética, pero tienen razón en cuanto a conceder crédito a los humanistas por haber promovido el cambio social. Al articular mi entendimiento del humanismo emergente, espero ayudar a otros a considerarlo una opción viable para el mundo de hoy. En su estudio monumental, Una historia de Dios, 4000 años de búsqueda en el judaísmo, el cristianismo y el Islam (Paidós, 2006), la notable estudiosa y escritora, experta en historia de la religión, Karen Armstrong (1944-) escribe:

Cuando las ideas religiosas han perdido su validez, usualmente se desvanecen sin dolor; si la idea humana de Dios ya no funciona para nosotros en la época del empirismo, será descartada. Ya en el pasado la gente ha creado nuevos símbolos para actuar como foco de la espiritualidad. Los seres humanos siempre han creado una fe para ellos mismos, para cultivar su sentido de la maravilla y del significado inefable de la vida.

Estoy convencido de que en esta época empirista, el naturalismo religioso humanista puede y debe ser esa fe.




Creo que una religión viable para el siglo XXI debe incluir las siguientes 5 características:

En primer lugar está la afirmación de que los seres humanos son una parte integral de la naturaleza. No estamos separados, ni somos distintos del resto del mundo natural; formamos parte y somos un fragmento de él. Estamos relacionados con cada criatura viviente, tanto planta, como animal. Los elementos de los que estamos compuestos —carbono, calcio, nitrógeno, oxígeno, hierro— son los mismos elementos de los que está hecho el resto del universo.

La segunda característica se sigue de la primera: No somos dominantes sobre la naturaleza, como una vez creímos; somos sus servidores y administradores. Una religión para el futuro afirmará la responsabilidad del género humano en la preservación y sostenimiento del mundo natural. El futuro de la vida sobre este planeta y ciertamente el del planeta mismo depende de ello.

En tercer lugar, cualquier religión viable futura debe tomarse en serio las implicaciones para la religión de los descubrimientos notables de las modernas ciencias naturales y humanas. El mundo de la ciencia moderna es un mundo diferente al de nuestras percepciones ordinarias y al de los pueblos antiguos que dieron nacimiento a las religiones occidentales [abrahánicas]. La religión del futuro debe ser una religión que aprenda de la ciencia y se adapte consecuentemente a la tecnología. Y dado que cada religión requiere de una narración, el relato de la religión del futuro será un relato científico con un significado mítico.

En cuarto lugar, tal religión habrá de reconocer la importancia, tanto de la razón, como de la reverencia. La habilidad humana para pensar crítica y constructivamente ha hecho posibles nuesytros muchos logros artísticos, así como los avances médicos y tecnológicos, pero es sólo la reverencia, entendida como sentimientos de respeto y asombro, lo que puede salvarnos de la hybris [desmesura, orgullo, soberbia] que destruiría todo el bien que hemos logrado. Como lo escribe Paul Woodruff en su elegante libro, Reverence: Renewing a Forgotten Virture [La reverencia: Renovación de una virtud olvidada], "La reverencia parte de un entendimiento profundo de las limitaciones humanas". Y señala que la reverencia evita que los seres humanos actúen como dioses. Por ello es esencial para nuestra verdadera humanidad. También creo que se puede presentar un fuerte alegato en cuanto a que la carencia de reverencia es una de las causas principales de todas las formas de violencia humana a lo largo de la historia y en la vida familiar y comunitaria, así como con respecto al ambiente natural. Y dado que la reverencia no es sólo una cualidad religiosa, una religión sin un sentido profundo de reverencia no es en absoluto una religión.

Finalmente, la religión del futuro debe afirmar aquellos valores a hacer a nuestras vidas más plenamente humanas. En su autobiografía espiritual, La escalera de caracol: En busca del sentido de la vida (Maeva 2006), Karen Armstrong escribe:

En el curso de mis estudios, he encontrado que la búsqueda religiosa no consiste en descubrir 'la verdad', o 'el sentido de la vida', sino en vivir tan intensamente como sea posible el aquí y el ahora. La idea no es captar a una determinada personalidad sobrehumana, ni 'llegar al cielo', sino descubrir cómo ser plenamente humanos.

Esto es precisamente en lo que consiste el naturalismo religioso humanista. Volvernos plenamente humanos implica la transformación de la mente y el corazón, desde estar centradas en el ego, hacia un sentido de ser parte de un todo mayor sagrado y a un cometido profundo con los mundos humano y natural. Trata de la transformación de una vida superficial de miedo, avaricia, hedonismo inmediatista, y materialismo cosificante, hacia una vida de amor, cuidado, gratitud y generosidad, justicia y equidad, gozo y esperanza, así como de un profundo respeto por los otros.



El naturalismo religioso humanista promueve una vida ética en la que uno piense y actúe desde una perspectiva mayor que los intereses egoístas propios, una vida que afirme la valía y la dignidad de cada persona, una vida plena de maravilla y reverencia por la extraordinaria magnificencia del mundo natural y las creaciones humanas. Incluye gratitud por el don de la vida misma y la capacidad de disfrutarlo.



Ser plenamente humanos es desarrollar y usar nuestras mentes sin negligir nuestras emociones e intuiciones. Para mí, es una responsabilidad religiosa y un gozoso desafío aprender todo lo que pueda sobre los seres humanos y el mundo en el que vivimos, así como pensar crítica y constructivamente sobre lo que aprendo. Pero también somos seres emocionales que necesitamos usar nuestros sentimientos al servicio de lo mejor que conocemos. Una persona plenamente humana tiene, tanto una mente abierta y un corazón cálido, como una conciencia social. Como Bertrand Russell (1872-1970) lo sugirió, "La buena vida es una vida guiada por la razón y motivada por el amor".



Fundamentar el humanismo religioso en el naturalismo religioso hace posible afirmar una perspectiva que incluye estas 5 características y por lo tanto califica como una religión para el siglo XXI. Como lo escribió el finado astrobiólogo y divulgador de la ciencia Carl Sagan (1934-1996), "Una religión que destaque la magnificencia del universo como lo revela la ciencia moderna podría ser capaz de extraer las reservas de reverencia y asombro sobreexplotadas por las fes convencionales. Tarde o temprano, ha de emerger tal religión". El naturalismo religioso humanista es justo esa religión. Creo que emerge entre nosotros hoy.




Adaptado con permiso del libro Reason and Reverence: Religious Humanism for the Twenty-first Century de William R. Murry (Skinner House, 2006). El Revdo. Dr. Murry ha sido Presidente del seminario unitario de Chicago, la Escuela de Teología Meadville Lombard.





















26 de noviembre de 2008

Sobre el sentido de la apostasía



A propósito del documento: Ateología: Manifiesto por la Excomunión, publicado por la Federación Internacional de Ateos (FIdA) ofrezco mi visión y mi crítica personal de la actitud facilona de presunto 'desafío' de los compañeros que planean pegar su documento en iglesias, catedrales y obispados católicos romanos, lo que me parece que puede ser una divertida broma, pero que realmente no construye una acción ciudadana en defensa del derecho al control de la información personal, lo que sería más relevante socialmente y desde la perspectiva de la emancipación del control externo sobre nuestras vidas privadas.




Sobre el sentido de la apostasía



Mis padres ya no eran creyentes, pero ante la súplica explícita y enfática de mis abuelas (paterna y materna), consintieron en realizar una ceremonia católica de bautismo. También mis padrinos de bautizo eran ateos declarados. Es decir, que la necesidad de realizar una actividad para responder a las expectativas familiares y sociales, así como la oportunidad de incluir más de cerca a amigos queridos en las vidas de la familia, llevó a una simulación, a primera vista sin mayores consecuencias...

Sin embargo, cada vez que un jerarca católico fundamenta sus intentos de imponer una moral dogmática sobre la sociedad y de negociar prebendas políticas con los poderes públicos en la presunta militancia católica de la mayoría de la población, presuntamente sustentada en las fes de bautizo, vuelvo a considerar que sería pertinente que quienes no avalamos estas posiciones nos deslindáramos de semejante liderazgo, que hagamos visible un movimiento nacional (así sea pequeño inicialmente) que desautorice la manipulación jerárquica de las estadísticas de las fes de bautizo, generalmente realizado sin tomar en cuenta la opinión de los bautizados, que no podíamos defendernos como bebés ante esa imposición...

Me parece que no es cosa menor confundir entre
excomunión y apostasía. La excomunión es un castigo, una exclusión del uso de los sacramentos decretada contra alguien. Evidentemente, si uno renuncia a participar de los sacramentos de determinada comunidad, la 'excomunión' decretada resultaría irrelevante, pues solamente pueden privarnos de lo que deseamos o de aquello de lo que participamos. En cambio, la apostasía se refiere a la exigencia a la jerarquía de la Iglesia Católica Apostólica Romana (ICAR) de que reconozca que algún bautizado ha decidido abjurar de las doctrinas y prácticas de la ICAR. Apostatar es exigir que se nos borre de la lista de bautizados, y así evidenciar la oposición de determinado sector a que la jerarquía de la ICAR siga manipulando las cifras de bautizados para medrar políticamente.

En España con la iglesia han topado muchos solicitantes de que la ICAR tome nota de de su apostasía. Pese a que hay una agencia gubernamental para la protección de los datos personales (que exige que los datos proporcionados con un fin no se comercialicen o utilicen para fines diferentes, que se manejen confidencialmente y que sólo conserven los datos personales mientras se cuente con la autorización de los interesados) la jerarquía de la ICAR ha utilizado todos los medios burocráticos a su alcance para dificultar la toma de nota y borrar de sus registros los datos que el apóstata exija.

En países con una tradición católica predominante históricamente puede sonar engañosamente 'heroico' pretender provocar la declaratoria de excomunión como una supuesta forma de lucha. Sin embargo, me parece que esta es una táctica equivocada. ¿Qué sentido tendría reconocer la eficacia de la excomunión interna? ¿No sería esto validar indirectamente la eficacia simbólica de los mecanismos jerárquicos? Por lo demás, la 'excomunión' no es un derecho, mientras que la apostasía sí lo es. La excomunión es una prerrogativa de los obispos, mientras que la apostasía es exigirles que reconozcan que en uso de su libertad, algunos bautizados han decidido separarse de su doctrina y su práctica autoritaria. No es una diferencia pequeña. Lo que está en juego no es nuestra capacidad para mostrarnos indiferentes ante las condenas al fuego eterno, lo que está en juego es exigir socialmente a los jerarcas autoritarios de la ICAR que nos borren de su lista:
¡No en nuestro nombre, nunca más!

¿Suplicaremos a los jerarcas de la ICAR que nos concedan la gracia de condenarnos al fuego eterno y que nos priven de sacramentos transubstanciados en los que ni creemos, o exigiremos nuestro derecho ciudadano a que conste legalmente que no formamos parte de su lista, que no avalamos su política y que descartamos su doctrina y su práctica autoritaria? ¿Por qué habríamos de presumir coherencia alguna por parte de la jerarquía en cuestión? ¿Por qué habríamos de conceder la razón a la jerarquía de la ICAR en el sentido de que ella sería la suprema y más prístina encarnación de lo religioso en la experiencia humana, y que por lo tanto cualquier crítica contra la jerarquía de la ICAR tendría el efecto automático de demoler la completa categoría de 'lo religioso'?

La principal crítica que hago a este manifiesto de la FIdA es que me parece que, pese a que puede ser un revulsivo fresco que motive muchas discusiones útiles e interesantes, es en todo caso un documento de autoconsumo, no convence a ningún dudoso, solamente refuerza la convicción de los ya convencidos previamente. Pese a que desde la posición ateísta dogmática se acusa a los creyentes de no reflexionar y de deficiencias en su razonamiento, por ninguna parte se ve ninguna demostración de que todos los males de la humanidad provengan ni siquiera de la jerarquía de la ICAR, ya no digamos de 'la religión'. Al parecer, la pereza argumental resulta un riesgo generalizado de la condición humana y no parece que ni la ICAR, ni los creyentes la puedan monopolizar en manera alguna.

Y una vez más, la historia se repite, y como Carlos Marx dijera alguna vez, la primera vez es tragedia, pero la segunda ya es comedia. Cuando Augusto Compte postuló su nueva religión positiva como la vía suprema hacia el progreso continuo de la humanidad, en vez de ofrecer una religión de integridad ética, de búsqueda y de libertad de pensamiento, se autonombró el Papa de la Religión Positiva. Ahora los compañeros de la FIdA se autonombran el I Concilio Ateo (Ateología: I Concilio Ateo), por fortuna, los unitarios sí hemos aprendido algo sobre las trampas de la ortodoxia dogmática autoproclamada por un 'concilio'. Nosotros, a diferencia de la jerarquía de la ICAR y de la FIdA-I Concilio Ateo, no nos autoproclamamos dueños exclusivos de ninguna verdad definitiva, ni consideramos que quienes difieran de nosotros estarían necesaria e irremisiblemente condenados a castigos eternos (el error eterno, según la FIdA).

Saludos en la búsqueda más allá de dogmas.

















5 de noviembre de 2008

El humanismo viviente (una perspectiva libertaria)

Por Francis Mortin (marzo de 2005)

A veces he sopesado cuidadosamente qué es lo que el humanismo tiene que ofrecer. Mi mejor hipótesis es que ofrece un corazón a quienes están listos para decir "no" a la autoridad coercitiva. Cuando los humanistas "crecen", encuentran que son anarquistas.

¿La metafísica? ¡Bah! Que los ateos ocupen su completa atención en los dioses; lo que los humanistas dicen es más bien, ¿y a quién le importa la existencia de los dioses, o su negación? Ambas son éticamente irrelevantes.

Así que se deja de lado la preguntas metafísicas sobre las deidades. Lo que debe ser tratado es la dañina enseñanza de la alienación innata, una doctrina central a las visiones judeocristianas. Una persona libre diría con [el gran filósofo trascendentalista y ministro unitario] Ralph Waldo Emerson (1803-1882), "¿La paz con Dios? Dios y yo nunca hemos reñido".

E importa la cuestión de la actitud propia del ser humano. ¿Todas las rodillas deben hincarse? Tonterías. No las mías. Lo siento por las de ustedes, fundamentalistas.

Pero el punto clave ineludible que veo es que ningún individuo debe humillarse ante ningún Dios, ni ante ningún estado. La obediencia, la virtud central del sistema ético judeocristiano, NO es una virtud. ¿Las leyes? No las "obedezcas"; opta por soportarlas. No es la misma cosa.

Como lo muestra Max Stirner (1806-1856) en "El Único y su propiedad" ("The Ego and Its Own"), la sociedad conspira desde tu nacimiento hasta tu muerte para mantener tu conformidad hacia el 'otro', siempre obediente hacia lo que está por fuera de ti mismo. No eres así una persona, sino una cosa. Permaneces reactivo, no creador como Dios. Se te alecciona cuidadosamente para suprimir esa soberanía que es tu derecho de nacimiento. Lee el poema de Alexander Pope (1688-1744), "Ensayo sobre el hombre", sobre lo que realmente somos.

El llamado del humanismo es a sostener un espejo frente a la humanidad y decirle: ¡Mira! ¡Ve lo que eres! ¡Deja de inclinarte y arrodillarte! ¡Levántate! Ese espejo es la ciencia, la poesía, la religión y más.

El enemigo a derrotar no es la religión; es la autoridad, de la que la religión suele prestarse a ser tan solo una herramienta. Mijáil Bakunin, sin embargo, ve a Dios como una barrera para la libertad: "La autoridad es la negación de la libertad; Dios es la autorización y la base intelectual y moral de toda esclavitud, y la libertad no puede ser completa mientras no aniquile la ficción poco propicia de un amo celeste".

Personalmente, no creo que importe si el amo es celeste o terrenal. Nadie que tenga un amo es libre.

El mensaje del humanismo es: La libertad es tu derecho innato; reclámalo.

30 de septiembre de 2008

Ser religiosos en el siglo XXI



Discurso del reconocido teólogo Lloyd Geering(1), dado en la Reunión Unitaria Universalista, Christchurch, Nueva Zelanda Pascua de 1998. Asociación Unitaria de Australia y Nueva Zelanda, ANZUA (Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán(2)

http://www.geocities.com/anzua_2000/sermons/lloyd_geering_easter_talk.htm




Antes de que podamos iniciar adecuadamente la exploración de la manifestación de la religión en el siglo XXI debemos aclarar qué es lo que significa 'ser religiosos'. Hay un creciente número de personas en una sociedad secularizada, como Nueva Zelanda que no sólo dicen que no son religiosos, sino que creen firmemente que toda la religión está en trance de convertirse en obsoleta, así como la visión de que la tierra es plana. Como ellos lo ven vamos entrando a una era no-religiosa.

En su visión de la religión probablemente tienen razón. Por 'religión' ellos se refieren a la creencia en un Dios personal, en la plegaria como petición de intervención de supuestas fuerzas sobrenaturales, en la vida después de la muerte y en cosas semejantes. Éstas han sido ciertamente las características distintivas de la religión cristiana tradicional, pero no se aplican a todas las otras formas de religión, el budismo no-teísta es un ejemplo obvio.



¿Así que qué cuenta como religión? ¿Es posible que haya una forma de religión que sea consistente con el entendimiento no-sobrenatural actual de la realidad? ¿Cuándo se convierte la religión en superstición? Las respuestas a estas preguntas dependen de cómo definamos 'religión'. Mucha de la discusión sobre la religión resulta ser una cuestión semántica. De ahí que necesitemos evitar un debate meramente verbal.



Es tan sólo desde el advenimiento del mundo moderno, hace digamos unos 400 años, que surgió el problema de qué es lo que constituye la religión. Wilfred Cantwell Smith, en su libro seminal The Meaning and End of Religion (El sentido y el fin de la religión, Kairós, España), ha mostrado que el uso popular del sustantivo 'religión' como un nombre objetivo para referirse a un conjunto de creencias y prácticas es un uso bastante moderno. Por ejemplo, La palabra religión nunca solió usarse en plural, como lo hacemos hoy al hablar de 'las religiones del mundo'. Smith nos urgió a dejar de hablar sobre las 'religiones' y a enfocar nuestra atención más bien en la capacidad de la gente de ser religiosa.

¿Pero qué es ser religiosos? Tal como se deriva 'religión'(3
) del latín, la expresión 'religión' no se refería originalmente a una cosa, tal como un conjunto particular de doctrinas, sino a la actitud de devoción. 'Religio', y de ahí 'religión', básicamente significaba un fervor o un compromiso, 'una preocupación conciente por lo que de verdad importa'. No era un nombre concreto para designar una cosa, sino un nombre abstracto referido a un estado del ser –al estado de ser religiosos. Ser religiosos, por lo tanto, es dedicarse, ser devotos, de-todo-corazón, fervorosos, celosos. Por ello hablamos de celo religioso.



Pero, ¿celosos de qué? Albert Einstein(4), quien no era en absoluto religioso él mismo en ningún sentido tradicional del término, dijo: «Ser religioso es haber encontrado una respuesta a la pregunta de cuál es el sentido de la vida». El teólogo Paul Tillich(5) definió la religión como «el estado del ser abrazado por una preocupación última, una preocupación que califica a todas las otras preocupaciones como preliminares y que en sí misma contiene la respuesta a la cuestión del sentido de la vida».

La cultura de toda sociedad conocida ha tenido una dimensión religiosa. Esto se debe a que cada cultura humana es una estructura coherente que se mantiene unificada por su entendimiento compartido del mundo y su conjunto propio particular de respuestas a la búsqueda de sentido. Un estudioso italiano definió la religión como un modo total de interpretar y vivir la vida.

Ser religioso dentro del contexto de una cultura, por tanto, es dedicarse a lo que sea que se crea en ésta que importa más en la vida. Lo que importa más para nosotros depende de cómo vemos la realidad y de cómo interpretamos la vida. Todo esto a su vez depende de la cultura que nos ha formado y de cómo nosotros subsecuentemente hemos llegado a interpretar nuestra experiencia a la luz de ese condicionamiento cultural. No puede haber religión fuera de la cultura humana. No hay una religión libre de cultura. Pero tampoco puede haber una cultura humana con alguna profundidad que carezca de una dimensión religiosa. Como Paul Tillich lo dijo tan atinadamente, «La moralidad, la cultura y la religión se interpenetran mutuamente».



La religión y la cultura están tan cercanamente entretejidas, en todo caso, que es fácil identificar a la religión con las creencias específicas y el conocimiento común que da unidad a la cultura. Pero así uno falla en ver, en cualquier cultura, que el estado de ser religiosos tiene que ver, no con los conceptos principales de la cultura, sino con las actitudes de respeto, admiración o temor reverenciales y la devoción mostrada hacia ellos. Para ilustrar esto quiero primero regresar hacia las culturas más antiguas de las que conocemos algo.

Se trata de culturas étnicas politeístas en las que las preocupaciones más apremiantes eran muy básicas y principalmente las mismas que los humanos compartimos con los otros animales: la necesidad de aire, bebida, alimento, refugio, supervivencia y la regeneración de la especie. Cada animal de cada especie lleva construidos en su interior el instinto de supervivencia y de procreación, y de estos depende la supervivencia de la especie. De tales necesidades básicas e instintos animales partieron nuestros antiguos ancestros humanos. Del impulso primitivo por sobrevivir eventualmente evolucionó la búsqueda de sentido y propósito, o lo que podríamos llamar la búsqueda religiosa. Esto fue solamente después de que los humanos crearon el lenguaje, pues el lenguaje es necesario para expresar la búsqueda de sentido.



Tomemos como ejemplo a la cultura indígena maorí de la Nueva Zelanda anterior a la llegada de los europeos. El mundo, como lo concebían los maoríes era descrito por medio de un ciclo de mitos. Papa (la madre tierra) y Rangi (el padre cielo) surgieron del vientre de la noche primigenia en un abrazo cercano. Fueron los dioses que procrearon entre ambos quienes los obligaron a separarse, y esto fue lo que permitió que la luz entrara al mundo entre el cielo y la tierra. El líder de los dioses era Tane, la deidad de los bosques y los pájaros. Este hecho primigenio de la creación todavía se refleja, según lo ven los maoríes, en la caída de la lluvia y el ascenso de las brumas. Éstos representan, respectivamente, el llanto de Rangi y Papa por su separación forzosa entre ellos.

Los maoríes interpretaron los fenómenos de la naturaleza en clave de dioses. La realidad y el poder de cada uno se manifestaba en el ámbito de la naturaleza bajo su control. Al mirar retrospectivamente hacia el nacimiento de los dioses de la naturaleza en los tiempos antiguos, desde un contexto cultural que ha abandonado hace mucho el politeísmo primitivo, también asumimos de buena gana que la creencia en los dioses maorí constituía el corazón de la religión maorí. Fallamos al no percibir que los 'dioses', concebidos por la imaginación humana para explicar los fenómenos naturales fueron, tanto la esencia de la 'ciencia', como de la 'religión' maorí. Por ciencia me refiero al cuerpo común de conocimiento, asumido sin cuestionamiento por el pueblo maorí como una verdad autoevidente y más allá de la discusión.



Resulta bastante curioso que el recuento maorí de los orígenes incluso relate cómo fueron creados los mismos dioses. Esto podría interpretarse como un reconocimiento involuntario e inconciente que los dioses fueron la creación de los narradores –no de mí como narrador, sino de una larga tradición evolutiva de narradores. De ahí que los dioses maoríes y los mitos que describen su origen y función, constituyeron la substancia del conocimiento cultural maorí, o de su 'ciencia'. Incluso he escuchado a maoríes referirse a este conocimiento como a ciencia maorí. Para los maoríes estas eran verdades autoevidentes sobre al realidad. Ser religiosos dentro de este contexto cultural tiene que ver, no con las creencias culturales como tales, sino con la atención y la devoción que ellos mostraban hacia su conocimiento cultural como partícipes de todos los patrones de conducta que constituían la cultura maorí. Mostrar el debido respeto hacia los propios ancestros, reconocer el mana(6) donde uno lo encuentre, observar el tapu(7), compartir el tangi(8), todas estas son manifestaciones de devoción religiosa así como mostrar respeto a Tane y a otros dioses de la naturaleza.

De ahí que, permeando todas las tradiciones y rituales está la dimensión religiosa que ofrece a los maoríes un sentido de lo que era la vida en el mundo, de acuerdo a como lo entendían. En la cultura maorí pre europea, así como en todas las culturas antiguas, no había forma de separar los equivalentes primitivos de lo que llamamos religión y ciencia. Formaban un todo indivisible.

Tomé el ejemplo de la cultura maorí ante europea no solo porque estamos en contacto con ella en Nueva Zelanda, sino debido a que el pueblo maorí ha sido obligado, en el corto espacio de tiempo de dos siglos, a resignarse a un proceso de cambio cultural que buena parte del resto del mundo ha experimentado por un periodo mucho más prolongado.



Por las tierras del Asia continental este proceso se inició durante el Periodo Axial(9), hace unos dos mil quinientos años cuando las cultural étnicas politeístas fueron desafiadas y substituidas por las culturas que conocemos por nombres religiosos –budista, cristiana, islámica, confuciana. El tiempo disponible sólo me permite mencionarlas por su nombre y apuntar brevemente que, en esa transición, mucho de lo que previamente se había creído y practicado llegó a ser descartado y reemplazado por ideas nuevas y nuevos patrones de comportamiento.

En Nueva Zelanda todo ese proceso se compactó como un telescopio retráctil. Primero, los europeos trajeron la cultura cristiana. Los maoríes fueron desafiados a abandonar su visión de la realidad, a abandonar a sus dioses ancestrales de la naturaleza y a subordinarse al Dios y Padre de Jesucristo, el Salvador de toda la humanidad. Comenzaron a hacer el cambio con notable rapidez hasta que empezaron a darse cuenta de que los cristianos que arribaban a su tierra no siempre practicaban lo que predicaban. Había varias razones para esta falla, pero una frecuentemente pasada por alto es esta.

Pisando los tobillos de la invasión europea llegó una ola posterior de cambio cultural que apenas surgía entonces en Europa –la ola que haría surgir al mundo secular. Tan radical fue este cambio que la cultura europea del siglo XVI estaba un tanto más cercana a la cultura maorí que a la rápida difusión actual de la cultura secular.

Hasta bien entrado el siglo XVII nuestros ancestros europeos se creían rodeados por toda una multitud de poderes espirituales invisibles de los que se pensaba que dependía el destino humano. Los nombres de estos poderes diferían en la cultura maorí de los de la cultura europea, pero los mundos espirituales invisibles eran comparables. Incluso cuando en el mundo antiguo el politeísmo había sido reemplazado por el monoteísmo, primero en el judaísmo, luego en el cristianismo y el islám, se conservó mucha de la anterior visión del mundo, como se ejemplifica en la frase, "Padre nuestro que estás en los cielos", un remanente del antiguo dios-Cielo.



También había además una multitud de seres espirituales que poblaban ese mundo invisible, tanto en la tierra, como en el cielo. Incluso San Pablo habló muy claramente sobre ellos como las «malignas fuerzas espirituales del cielo, las cuales tienen mando, autoridad y dominio sobre el mundo de tinieblas que nos rodea» (Efesios 6.12, DHH). Además de estos, que fueron tomados muy seriamente por los teólogos y por la gente pensante debido a que se mencionaban en la Biblia, también había, en la visión popular del mundo elfos y hadas, duendes y demonios. Todos estos además del Diablo y sus demonios en el Infierno y los ángeles y santos en el Cielo.

En los pasados tres siglos ha habido un cambio cultural radical en el mundo occidental, pues nos hemos movido paso a paso de una clase de cultura hacia otra. Los elfos, hadas y duendes fueron los primeros en irse. Desde finales del siglo XIX la realidad del Diablo y sus demonios comenzó a ser cuestionada y posteriormente abandonada. Durante el presente siglo [XX] la realidad objetiva de Dios ha llegado a cuestionarse más ampliamente. Ciertamente Dios ya no se concibe como un habitante del espacio celeste, pues la visión antigua y medieval del universo ha sido completamente reemplazada por el vasto continuo espacio-tiempo de la física moderna.

Para una creciente cantidad de personas en los tiempos modernos todo el mundo espiritual en el que nuestros antepasados centraron su atención se ha derrumbado casi por completo. Ha sido reemplazado por un complejo universo físico de dimensiones inimaginables en el espacio y el tiempo, que abarca desde las partículas subatómicas hasta las nebulosas distantes. Nuestros antepasados de la era premoderna hablaban de fuerzas espirituales de variadas clases
dioses y espíritus, elfos y hadas, ángeles y demonios. Éstos se concebían como las realidades básicas que explicaban los fenómenos y hechos de su mundo. A diferencia de ellos, nosotros hablamos de una gran variedad de formas diferentes de energía física –los electrones y los quarks, la gravedad y las fuerzas nucleares, el ADN y los cromosomas, el sistema inmunitario y los aminoácidos, las neuronas y las sinapsis. Para nosotros, estos son los componentes básicos de la realidad con los que explicamos la naturaleza del mundo, los fenómenos de la vida dentro de él, e incluso cómo nosotros, en tanto que organismos, pensamos con nuestros cerebros.

Esto no significa, como demasiados han concluido, que nuestros ancestros vivieran en un mundo ilusorio que ellos
en su ignorancia– habrían creado, mientras que nosotros viviríamos en el mundo real porque ahora habríamos descubierto la verdad. No es tan simple como eso. Ambos conjuntos de palabras clave de referencia son una creación de la mente humana. Inclusive, aunque sintamos que tenemos una muy buena razón para preferir un conjunto al otro, es importante reconocer que ambos conjuntos de palabras clave han sido construidos humanamente y ninguno puede proclamarse absoluto o definitivo.



Cada conjunto de palabras clave constituye un lenguaje conceptual que interpretamos y que estructura el mundo del que somos parte. Cuando creamos una nueva forma de hablar sobre el mundo, es como si creáramos un nuevo orden mundial. Un astrofísico llamado Bruce Gregory escribió un libro sobre ello titulado, Inventing Reality (Inventar la realidad: La física como lenguaje). Allí él lo pone de manera muy clara y simple a través de una pequeña anécdota que le sirve como parábola:

«Tres árbitros (umpires) discutían sobre su desempeño en un importante partido de beisbol en el que su tarea es vigilar el lanzamiento de la pelota (pitcheo). El primero dijo, "Yo digo lo que veo". El segundo dijo, "Yo digo lo que es". El tercero dijo, "Hasta que yo no lo diga, no ha pasado nada". El juego no existe si no ha sido creado todavía. Las reglas forman el juego. Los árbitros interpretan las reglas y, al hacerlo, crean el marcador.»

Aunque se nos haya dicho que experimentamos la realidad a través de los sentidos, no hay forma de conocer con nuestras mentes cómo es la realidad, excepto a través del lenguaje. Creamos el lenguaje y luego éste permanece como la cuadrícula, o el cristal, a través del cual vemos lo que vemos, y que siempre colorea y caracteriza eso que vemos. Tal vez ha sido más la física cuántica que cualquier otra la que nos ha llevado a darnos cuenta de esto para nuestra construcción científica del mundo. Al estudiar lo que sucede dentro del átomo, que encontremos partículas u ondas depende de lo que decidamos buscar, lo que tomemos en cuenta como hechos es determinado en última instancia por el lenguaje y los métodos que usamos y no completamente por la realidad misma. Como lo dijo Einstein, «Es la teoría la que nos indica qué se ha de observar».



En el cambio cultural desde el mundo premoderno hacia el mundo moderno, que he delineado brevemente, hemos dejado atrás un lenguaje conceptual para describir e interpretar la realidad y lo reemplazamos con un nuevo lenguaje conceptual. El nuevo lenguaje no es un lenguaje definitivo, pero es preferible al anterior en cuanto a que tiene más poder explicativo y es capaz de predecir mejor el futuro. A veces los científicos se refieren a sus explicaciones como modelos. Si un modelo tiene buen poder explicativo y permite al científico cierta predicción al realizar un experimento, entonces hay confianza en el modelo. Cuando el modelo falla se le descarta y se reemplaza por otro. Lo que ha venido sucediendo en el cambio cultural radical hacia el mundo moderno es que el modelo que se había usado con razonable éxito por más de 2 mil años lo hemos ido descartando por no ser aplicable ya. Lo hemos ido reemplazando con un modelo nuevo.

Es engañoso, sin embargo, interpretar este cambio cultural sólo como desechar un modelo cultural en favor de otro no-religioso. Al descartar a los dioses y espíritus del viejo modelo no es tanto la religión lo que se desecha, sino más bien la 'ciencia' anticuada del pasado. Los dioses eran parte de la ciencia primitiva del mundo antiguo. Seguir utilizando estos viejos conceptos en un nuevo contexto cultural para explicar la naturaleza es caer en la superstición (la superstición puede definirse como tratar con devoción religiosa un concepto anterior que ha sobrevivido a la disolución del 'mundo-de-las-ideas' al que perteneció).

Muchas de las creencias y practicas religiosas que han logrado sobrevivir en el mundo moderno deben ser juzgadas como superstición desde el punto de vista del que nos mira el mundo en el que vivimos. Dado que todavía estamos en el proceso de transitar de una cultura hacia la otra, algunos todavía viven felices en la visión del mundo antiguo, en la medida en que permanezcan dentro de sus restringidos horizontes. Para ellos no es superstición, sino religión genuina.

Ahora volvamos la mirada hacia el mundo que hemos construido con nuestro nuevo lenguaje y nuevos conceptos, y exploremos lo que significa ser religiosos en ese mundo. Todo ha cambiado tanto durante los recientes tres siglos que nos parecería imposible reconocer del mundo en el que vivieron nuestros ancestros. El mundo en el que vivimos realmente está confinado al planeta tierra, pero ahora lo vemos como una minúscula partícula de polvo en un universo inmenso. Sobre el resto del universo sabemos extremadamente poco. Si es que hay vida en alguna otra parte, es algo que no sabemos y que puede que nunca sepamos.

La vida en este planeta ha evolucionado por unos 3 mil millones de años. Nuestra especie humana surgió de una miríada de especies vivientes que evolucionaron, pero sólo muy recientemente, en relación con la historia de la tierra
y más por accidente que por designio. No hay un propósito evidente por el que hayamos evolucionado, o incluso por el que deba haber en absoluto vida en este planeta, dado que ninguno de nuestros vecinos planetarios muestra signos de vida. La existencia humana es un misterio para el que no hay una razón obvia.

A los humanos nos resulta perturbador encontrar que hemos llegado al ser aparentemente por accidente. Nos hace sentir inseguros. Porque al ser concientes de que hacemos cosas con un propósito, saltamos a la conclusión de que los fenómenos y acontecimientos que observamos en la naturaleza también reflejarían un propósito y serían el resultado de decisiones tomadas concientemente. Incluso en estos tiempos seculares, a veces nos sorprendemos a nosotros mismos diciendo, al asomarnos por la ventana en la mañana, "¡Es sol sí decidió salir hoy!". Para los antiguos parecía autoevidente que había voluntades personales detrás de todo acontecimiento de la naturaleza. Así es como llegaron, inconcientemente, a crear a sus dioses. Hoy podemos decir que se proyectaron inconcientemente sobre la naturaleza que observaban. Nuestros antepasados humanos asignaron funciones y responsabilidades a los espíritus y dioses a los que crearon imaginativamente. Esto no era solamente para explicar los fenómenos naturales, sino para discernir alguna razón y propósito detrás de todo. Resulta bastante curioso que se concibiera frecuentemente a estos dioses como caprichosos e impredecibles en su comportamiento, lo que es una indicación de que reconocían que muchas cosas parecían ocurrir por azar. Por lo tanto, los dioses hacían más que solamente estructurar su mundo y ofrecerles un valor explicativo. También proporcionaban a los antiguos los primeros elementos de sentido y propósito para sus vidas. Esto fue posteriormente reforzado durante el Periodo Axial del Medio Oriente. El monoteísmo evolucionó del politeísmo precedente. Esta transición está claramente documentada en la Biblia Hebrea. Tuvo lugar un cambio radical en el uso del lenguaje. Los dioses de los tiempos antiguos fueron expulsados de la corte con escarnio implacable por los profetas de Israel; decían que los dioses de las naciones no tenían más substancia que un soplo de humo.

A pesar de todo ello, sin embargo, los israelitas conservaron la palabra 'dios', pero le dieron un nuevo significado. El Dios de Israel no solamente reemplazó a los dioses de la naturaleza, sino que fue concebido dentro de un orden diferente. Este Dios no tenía principio ni fin. Este Dios no podía ser visto ni retratado de manera visible. Este Dios estaba en proceso de convertirse en el símbolo religioso por excelencia. Este Dios no era sólo la explicación
lo que los científicos de hoy llamarían 'la teoría del todo'; este Dios era también la clave de la existencia, del sentido último de la existencia humana.

La transformación del lenguaje basado en dioses, a partir de los nombres para los dioses de la naturaleza para devenir en el símbolo del sentido, inició durante el Periodo Axial, pero no se completó realmente entonces. A pesar de la prohibición de hacer imágenes de Dios, el monoteísmo cristiano siguió haciendo imágenes mentales de Dios y se dedicó a construir un nuevo mundo alrededor de este Dios todavía objetivado. Ese mundo espiritual se fue haciendo cada vez más importante, pues proveía sentido para la existencia humana en este mundo visible del espacio y el tiempo. Tan convincente era la descripción verbal de ese mundo-de-significado que comenzaron a tratarlo como una realidad de propio derecho, de una manera tal que se hizo de este mundo-visible algo prescindible. Eventualmente, esto se evidenció como insoportable. El otro-mundo del cristianismo tradicional comenzó a derrumbarse. Desde luego, todo el mundo espiritual heredado de tiempos muy antiguos ha ido desvaneciéndose progresivamente hacia la no-existencia. Primero se fueron los elfos, las hadas y los duendes. Luego se fue el Diablo con sus demonios. Luego los ángeles y los santos del cielo. Y, más recientemente, incluso la realidad objetiva de Dios como un ser personal. Dado que ya se decía que Dios era espíritu, ni siquiera Dios podría escapar a la disolución del mundo espiritual como una realidad objetiva. La misma idea de un Dios personal objetivo, todavía contenida en la palabra 'Dios', es el último remanente de la ciencia primitiva de la humanidad antigua. Sobrevive bajo mínimos, pero básicamente como la amplia sonrisa del evanescente Gato de Cheshire(
10) en Alicia en el país de las maravillas.



La razón por la que ha sobrevivido tanto como lo ha hecho es que en el reemplazo de un lenguaje conceptual por otro hay un aspecto del lenguaje anterior que no nos es suministrado por el nuevo lenguaje de gluones y protones, ADN y aminoácidos. Cuando nuestros antiguos ancestros crearon a sus dioses y espíritus para explicar los fenómenos naturales, al mismo tiempo crearon significados. Lo hicieron al proyectar inconcientemente sus propios sentimientos y procesos de pensamiento humanos sobre los dioses. Los dioses detentaban las claves del sentido de la vida. El nuevo lenguaje con el que hemos reemplazado al viejo tiene un poder explicativo mucho mejor con respecto al mundo físico, pero no puede hacer nada para ofrecernos ningún sentido de propósito último o de significado. Debemos hacer esto por nosotros mismos. Los antiguos lo hacían por sí mismos, pero lo hacían inconcientemente. Nosotros hemos de crear sentido concientemente. Para hacerlo todavía puede resultarnos útil retener al Dios-símbolo. De igual manera como esta misma palabra se conservó vigente durante el Periodo Axial, aunque se le usó de manera diferente, estamos en un punto de la evolución de la cultura humana en el que podemos llevar el uso de la expresión 'Dios' a su conclusión lógica como el símbolo del significado último. Como lo ha señalado el teólogo Gordon Kaufmann, el Dios-símbolo ya ha servido en el pasado como «un punto de referencia último». «El símbolo de Dios proclama representar para nosotros un foco de orientación que traerá la verdadera realización y sentido a la vida humana. Resume, unifica y representa en una personificación a los que tomamos como los más elevados y más indispensables valores humanos».



El contenido que ponemos en este Dios-símbolo es nuestra decisión. Lo que nuestros antiguos antepasados hacían de manera inconciente, ahora debemos hacerlo por nosotros mismos con plena conciencia de lo que hacemos. Esto es básicamente lo que ha de significar ser religiosos en el mundo del futuro lo primero es enunciar el contenido que se pondrá en la palabra 'Dios' y luego adorar a ese Dios a través de las vidas que vivimos. En otras palabras, ser religiosos en el mundo del futuro es crear sentido por nosotros mismos al responder a todo aquello que nos concierne en un sentido último, en el entorno en el que vivimos.

¿Cuál es ese entorno? Miremos ahora más específicamente hacia nuestras condiciones actuales de vida. Atravesamos un periodo de cambio acelerado
cambio social, cambio cultural, cambio tecnológico. Disfrutamos de invenciones tecnológicas y de un patrón de vida material que a nuestros abuelos les hubiera resultado impensable. Pero también recibimos algunos signos alarmantes desde la tierra. Son señales tempranas de advertencia de una tierra viviente que comienza a resentir la presión de las maquinaciones que la especie humana ha engendrado. Son el equivalente en el mundo global actual de las advertencias proféticas de un Dios iracundo en la clase de mundo en que vivieron Jeremías y los cristianos primitivos.

Primera, hay una explosión de población humana, que se expande exponencialmente y amenaza con exceder nuestra capacidad de asegurar que se provea a todos siquiera de los bienes más básicos para la existencia.

Segunda, las demandas masivas de la humanidad hacia la tierra conducen al rápido agotamiento de sus recursos no-renovables.

Tercera, la contaminación creciente amenaza el acceso al aire y al agua, los dos bienes más básicos de los que depende la existencia humana.

Cuarta, al destruir los bosques lluviosos tropicales e (involuntariamente) aumentar los desiertos, los humanos interferimos con el equilibrio ecológico de fuerzas interdependientes de las que la vida planetaria depende sutil y dinámicamente.

Quinta, vamos agotando la capa de ozono que nos protege de los efectos dañinos de la radiación solar, e incrementamos la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera, lo que tiene por consecuencia el cambio climático y el calentamiento global.

Sexta, nuestra creciente interdependencia mutua en la aldea global tiene una complejidad que también vuelve excesivamente frágil a la economía global
'Un mal movimiento, o incluso un evento azaroso, puede convertir al orden en caos'.

Séptima, el incremento de la competencia entre individuos, clases, culturas, corporaciones y naciones, conjuntamente con un uso desigual de los limitados recursos de la tierra, produce tensiones explosivas que pueden provocar que la especie humana se autodestruya.

Si los humanos no tomamos nota de estas cuestiones interrelacionadas y no cambiamos rápidamente nuestras costumbres como respuesta, también transitaremos el camino de los dinosaurios y de todas las otras especies terrestres que se han extinguido. Nunca antes las admoniciones de Jeremías (4.23,25-26, DHH) han sido tan literalmente adecuadas:

«Miré a la tierra, y era un desierto sin forma; miré al cielo, y no había luz. [...]
«Miré y ya no había ningún hombre, y todas las aves se habían escapado.
«Miré y vi los jardines convertidos en desierto, y todas las ciudades estaban en ruinas.»



Ser religiosos en el siglo XXI es cuestión de estar finalmente implicados y concernidos con todas estas cuestiones urgentes, de concienciar claramente quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde elegimos ir. Hasta que permitamos que la conciencia sobre estas cosas cambie nuestra escala de valores y redirija nuestra planeación económica, seguiremos siendo moral y espiritualmente inferiores a la humanidad primitiva a pesar de nuestra sofisticación urbana y de nuestros logros espirituales.

Se han dado algunos pasos hacia la resacralización de la tierra. Incluso hemos retomado el concepto de 'santuario'
del edificio de la iglesia- y lo hemos devuelto a la tierra, como en los santuarios para aves, santuarios para peces y otros semejantes. La ecósfera(11) se está convirtiendo ella misma en el Dios en el que «vivimos, nos movemos y existimos» (Hechos 17.28), para usar las palabras de Pablo. Desde luego, el cuidado de la madre tierra, y todo lo que implica, en buena medida reemplaza al anterior sentido de obediencia a un padre celestial.

Se requerirá de toda la voluntad colectiva que los humanos seamos capaces de reunir para detener nuestra explotación, contaminación y formas destructivas de vida; también se ha de requerir nuestra propia elección libre, para recanalizar nuestra energía colectiva hacia vías que respeten a la tierra, preserven la vida y promuevan la armonía en la ecósfera.

Arnold Toynbee, en Mankind and Mother Earth (La humanidad y la Madre Tierra), el último volumen que escribió antes de su muerte, decía:

«En el transcurso de los últimos dos siglos, El Hombre ha incrementado su poder material a un grado tal que se ha convertido en una amenaza para la supervivencia de la biósfera; pero no ha incrementado su potencial espiritual, el vacío entre ambos se ha venido ampliando, un incremento del poder espiritual del Hombre es ahora el único cambio concebible en la constitución de la biósfera que podría asegurar a la biosfera y al hombre mismo contra su destrucción.»

Toynbee estaba convencido de que la actual amenaza a la supervivencia de la humanidad puede disiparse solo a través de un cambio revolucionario del corazón de los seres humanos individuales, y que sólo la religión puede generar el poder de la voluntad necesario para tal tarea, entender que la religión es la respuesta necesaria de los seres humanos al desafío del misterio de los fenómenos que encuentra en virtud de su facultad de conciencia distintivamente humana.

De manera similar, el historiador usamericano Lynn White, quien ha tendido a culpar al cristianismo por los problemas ecológicos que hemos creado, cree, sin embargo, que es sólo la religión, y no la ciencia, la que puede ofrecer la respuesta a la crisis ecológica. La crisis seguirá, dice, «hasta que encontremos una nueva religión, o repensemos una antigua... Dado que las raíces de nuestro problema son esencialmente religiosas, el remedio debe también ser esencialmente religioso, ya sea que lo llamemos así, o no.»

Para semejante religión necesitamos abrevar en parte de las culturas y lenguajes del pasado. En la evolución de la cultura puede haber crisis y cambios radicales, pero nunca hay rupturas completas. Desde luego, el nuevo entorno global la tradición cristiana no es la única implicada en hacer frente a este desafío. En el Occidente no estamos en posición de establecer, o siquiera de sugerir, cómo deben responder otros. Nuestra responsabilidad es ver cómo podemos responder desde el Occidente Postcristiano.

En primer lugar, al reconocer que ya hay un Occidente Postcristiano, debemos descartar del todo algunos conceptos y creencias del cristianismo ortodoxo. Permítaseme apuntar algunas de las cosas de las que debemos deshacernos:

  • La dependencia de una jerarquía sacerdotal.
  • La iglesia como organización monolítica y rígida.
  • La idolización o idolatría de la Biblia.
  • La idolización de Jesús de Nazaret como el único y divino Salvador del mundo.
  • Las proclamas absolutas y excluyentes sobre el Evangelio Cristiano.
  • La revelación divina como fuente de conocimiento.
  • La noción de Dios como un ser personal objetivado, aunque invisible.
  • La plegaria entendida como conversación con una deidad personal externa.
  • La expectativa de una existencia personal posterior a la muerte.

En segundo lugar, debemos estar preparados para crear nuevas palabras clave y conceptos, así como nuevos rituales y patrones de comportamiento social. No hay forma en el presente de que podamos aseverar cómo han de ser éstos. Pero podemos observar que una gran variedad de cosas semejantes ya comienzan a surgir. Tan sólo en los últimos 30 años aproximadamente las expresiones como, espiritualidad, cultura, ecoteología, nuestra madre tierra, se han incorporado al uso común.

En tercer lugar, y lo más importante, debemos explorar cómo es que ciertos conceptos y temas del pasado pueden usarse de maneras radicalmente novedosas. Ya hemos hecho notar, que en el Periodo Axial, el concepto de 'dios' fue conservado, pero se le dio un nuevo significado. Ahora es el momento de llevar ese proceso un paso más allá. Después de todo, todavía usamos palabras tales como hadas, ángeles, demonios y dioses, pero ahora usamos estas expresiones de manera simbólica y poética, y no como nombres para designar realidades objetivas del universo. Si todavía hablamos de Dios en el siglo XXI, no será como el nombre de un ser espiritual objetivo. Simbolizará el sentido que intentamos crear, los valores que nos parecen atractivos y convincentes, así como las metas a las que aspiramos.



Siempre me sorprendo al percatarme del grado en el que esto ya sucede ahora. Desde el mismo Nuevo Testamento se nos ha enseñado por mucho tiempo a decir que "Dios es amor". Mahatma Gandhi(12) nos enseñó a decir que "Dios es verdad". A esto podemos añadir de buena gana que "Dios es vida". Dios es todo lo que valoramos. Todo lo que tiene para nosotros una valía perdurable es, de hecho, nuestro Dios. Por ello es por lo que de buena gana hablamos del "Dios dentro de nosotros", tanto como del "Dios allá afuera" el Dios que encontramos en nuestros vecinos, el Dios que encontramos en todas las criaturas vivientes, el Dios que encontramos en el misterio del universo mismo. En otras palabras, el Dios-símbolo si todavía decidimos usarlo en el siglo XXI– se referirá a la suma total de todas esas cosas que nos atañen, afectan e interesan más y que suscitan en nosotros la misma gama de emociones de asombro, respeto reverencial, gratitud y sentido de obligación que experimentaron en el pasado nuestros antepasados desde su diferente visión de la realidad y con su diferente lenguaje conceptual.

Adorar a Dios en el siglo XXI es asumir una posición de respeto reverencial hacia este universo autoevolutivo del que somos parte y que es tan inmenso en el espacio y el tiempo que nuestras pequeñas mentes no pueden enfrentarlo. Como la teóloga feminista Sallie McFague ha dicho bien, «El universo es el cuerpo de Dios».


Adorar a Dios en el siglo XXI es maravillarnos de la ecósfera viviente, de la vida en este planeta del que somos producto y del que dependemos para nuestra existencia y sostenimiento continuados. La Vida en este planeta es en sí misma la manifestación de Dios y todos somos parte del Dios viviente.

Adorar a Dios en el siglo XXI es estar agradecidos hacia las sucesivas generaciones de nuestros antepasados humanos que han evolucionado lentamente en las varias formas de culturas humanas que nos han permitido llegar a ser la clase de seres humanos que somos.

Adorar a Dios en el siglo XXI es valorar todo aquello que nos ha sido otorgado como seres humanos, nuestra capacidad par pensar y para involucrarnos en la búsqueda de aquello que sea verdadero y significativo; nuestra capacidad de sentir, de amar y ser amados, de mostrar compasión y sacrificio desinteresado.

Adorar a Dios en el siglo XXI es aceptar de una manera responsable y autosacrificial la carga de responsabilidad que ahora ha sido puesta sobre nosotros por el futuro de nuestra especie y por la protección de toda la vida del planeta.

Adorar a Dios en el siglo XXI es dedicarse a maximizar el futuro para todos aquellos cuyo destino está cada vez más en nuestras manos.

Adorar a Dios en el siglo XXI es valorar más que nunca la importancia de las relaciones humanas que nos vinculan en grupos sociales. Porque los humanos somos criaturas sociales mutuamente dependientes por ser lo que somos, por pensar lo que pensamos, por el entendimiento y la práctica de la religión. No habrá una sola forma de ser religiosos, ni un solo lenguaje para expresarlo. No habrá una macro-organización religiosa única, sino una toda una multitud de grupos sociales más bien pequeños en las que los miembros estarán vinculados mutuamente sobre bases puramente personales. Estos grupos deben aprender a ser incluyentes, no sólo para estar preparados para aceptar a cualquiera que desee unirse, sino también para vincularse de manera laxa con otros grupos.

No habrá una única forma de ritual religioso, sino una gran variedad de rituales y prácticas devocionales, en su mayoría provenientes de las culturas anteriores, pero adaptadas a la nueva situación. Desde luego, nos daremos cuenta de que incluso después de descartar mucha de nuestra propia tradición cultural anterior, también mucho de ella saldrá a la luz repentinamente, con nueva relevancia y nuevo sentido. Al entender al Dios símbolo de la manera que he delineado, por ejemplo, no tengo dificultad para afirmar la respuesta a la primera pregunta del Catecismo Menor de Westminster, tan amado por los presbiterianos del pasado, "¿Cuál es el fin principal de la humanidad?" "El fin principal de la humanidad es el de glorificar a Dios, y gozar de Él para siempre."

Tal es el esquema de cómo veo lo que significará ser religiosos en el siglo XXI.




Notas del traductor:

(1) Lloyd Geering. Teólogo y académico bíblico por más de 40 años, especializado en el Nuevo Testamento. Conferencista del Fondo St. Andrew para el Estudio de la Religión y la Sociedad, Profesor Emérito de la Universidad Victoria, Wellington, Nueva Zelanda. Académico asociado del grupo internacional interdisciplinario para el estudio de los textos sobre Jesús de los primeros 3 siglos, Jesus Seminar. En 1988 fue nombrado Companion of the British Empire y en 2001 fue la primer persona en recibir el más alto reconocimiento de su país natal como Principal Companion of the New Zealand Order of Merit.

Es una figura pública de considerable renombre en su natal Nueva Zelanda, en donde es un solicitado conferenciante y comentador sobre religión y asuntos relacionados en radio y TV. Por más de 40 años ha sido catedrático de Nuevo Testamento. En 1966, publicó un artículo titulado, "La resurrección de Jesús" y, en 1967, otro titulado "La inmortalidad del Alma", que juntos desataron una gran controversia teológica pública, que culminó en una acusación formal ante la Iglesia Presbiteriana de Nueva Zelanda –de la que el Dr. Geering es un ministro ordenado– por error doctrinal y perturbación de la paz de la iglesia. Luego de un proceso televisado de dos días, la asamblea de la iglesia dictaminó que no se había probado un error doctrinal, desechó los cargos y declaró cerrado el caso.

Lloyd Geering es autor de diversos libros, entre ellos:
Tomorrow's God (El Dios del mañana), The World to Come: From Christian Past to Global Future (El mundo por venir: Del pasado cristiano al futuro global), Christian Faith at the Crossroads: A Map of Modern Religious History (La fe cristiana en la encrucijada: Un mapa de la historia religiosa moderna) y Christianity without God (Cristianismo sin Dios).

Es cofundador, junto con el teólogo y filósofo británico Don Cupitt (1934-), de la organización pluralista de reflexión y educación religiosa Sea of Faith -
SoF (Mar de Fe), que sustenta visiones religiosas humanistas, posmodernas no-realistas, humanistas cristianas y agnósticas. Algunos unitarios y universalistas participan también en esta iniciativa.


(2) Francisco Javier Lagunes Gaitán. Integrante de la Libre Congregación Unitaria de México: Teléfono: (55) 5378.7808, Móvil: 04455.2021.1837 Correo electrónico: serviciounitario@gmail.com Blog: www.lcum.blogspot.com


(3) Etimología de 'religión'. El objeto de investigación de la religión como ciencia es muy controvertido. Se empieza por discutir la etimología de la palabra. Según Marco Tulio Cicerón [106-43 a. C.], en De natura deorum, II, 28, escrito 45 a. C., el sustantivo religio se deriva del verbo relegere.

Siglos más tarde, Lucius Caecilius Firmianus Lactantius [250-325 d. C.], en Divinae Institutiones IV, 28, redactadas entre el 304-313 d. C., hace derivar la palabra religio del verbo latino religare.

Para Cicerón, la religión sería asunto del culto cuyas reglas hay que observar escrupulosamente. Para Lactancio, la religión tiene un carácter más existencial de religación del hombre con la trascendencia.

Según el lingüista francés Emile Benveniste (1902-1976), desde el punto de vista lingüístico, no se puede derivar religio de religare pues no existe el abstracto *ligio derivado de ligare. El sustantivo de religare ('unir fuertemente', 'vincular') sólo podría ser religatio y no religio.

A partir del verbo legere se puede obtener el sustantivo legio ('cuerpo armado o conjunto de soldados reclutados'). De los verbos de los que se podría derivar la palabra religio, que serían

religere ('tener en cuenta'), (Augustín: Retract. I, 12, 9)

religare ('religar', 'atar fuertemente')

relegere ('leer atentamente', 'repasar escrupulosamente')

obtendríamos los sustantivos siguientes:

relictio de religere

religatio de religare (etimología propuesta por Lactancio)

religio de relegere (etimología propuesta por Cicerón)

El verbo legere tiene varios significados:

leer (por ejemplo un escrito),

recolectar, recolectar, juntar (espigas, uvas),

escuchar, espiar (recoger con el oído),

escoger, elegir (reconocer y decidir),

leer en voz alta (algo a alguien).

Cicerón relacionaba la palabra 'religio' con el verbo relegere ('tratar con diligencia'), un derivado del verbo lego ('reúno', 'recojo'), del que se derivan neglego [con lo que se implica que ‘religión’ es lo contrario de 'negligencia', como en la frase usual: 'pagó religiosamente sus deudas', FJLG], intellego, diligo y dilectio.

Según Walde (1965: 352), diligo, intellego y neglego, por tener la misma flexión, la misma derivación y por su significado son sentidos por la conciencia lingüística de los hablantes como pertenecientes al mismo grupo.

«Religión, 1220-50. Tomado del latín religio, -onis, íd., propiamente 'escrúpulo, delicadeza', y de ahí 'sentimiento religioso'.»[J. Corominas: Breve diccionario etimológico. Madrid: Gredos, 1967, p. 501]

La expresión latina mihi religio est significa 'me causa escrúpulo'.

«Un gran historiador de las religiones (Cumont 1929: 40-41) escribía que el culto de los dioses en Roma era un deber cívico, mientras que el culto de los dioses de misterios extranjeros era la expresión de una fe personal; esto fue lo que hizo que el Imperio se abriera a formas de religión distintas de las puramente cívicas, causando la fácil victoria de los dioses griegos y orientales en los últimos siglos de la república. La organización social y política puede producir tal vez la ilusión de apuntalar una religión; generalmente la perfora.» (Zubiri 1993: 178)

La interpretación más extendida es la "cristiana" que dio Lactancio (304-311 d. C.), que hace derivar religio de religare, vincular, atar fuertemente [Nota importante: el prefijo 're' tendría aquí el sentido de reforzamiento, no de iteración, se refiere a 'atar con fuerza', no a 'volver a vincular', FJLG].

Sea como fuere, el problema de la etimología de la palabra 'religio' sólo tiene interés histórico. Es significativo que esta palabra no existe en otras lenguas que no sean las influidas directamente por la cultura romana. Las otras lenguas no tienen una palabra cuyo significado abarque todo lo que en nuestro ámbito cultural queremos decir con la palabra religión. Los romanos no comprendían la religión separada de la vida política y del ámbito profano. La religio no podía ser algo separado de la esfera pública. La así llamada "historia de las religiones" es una investigación que comienza en Europa en el siglo XVII. Justo Fernández López
http://culturitalia.uibk.ac.at/hispanoteca/Foro-preguntas/ARCHIVO-Foro/Religi%C3%B3n-religare-relegere.htm



(4) El origen de la ciencia y la religiosidad cósmica: Para Albert Einstein (1879-1955) la ciencia se constituye a partir de un sentimiento, o emoción, de carácter religioso, que conduciría, de algún modo, a una forma especial de religiosidad. Esta concepción es presentada por él en una variedad de formas, entre las cuales nos parece suficientemente representativa la siguiente:

«Usted difícilmente encontrará entre las mentes científicas más profundas una que no tenga su propio sentimiento religioso. Pero es diferente de la religión del hombre ingenuo. Para este último Dios es un ser de cuyos cuidados espera beneficiarse y cuyos castigos teme; la sublimación de un sentimiento similar a aquél del hijo por su padre, un ser frente al cual uno se encuentra, por así decirlo, en una relación personal, no importa cuán profundamente pueda ésta estar teñida de temor.

«Pero el científico está poseído por un sentido de causación universal. El futuro, para él, es en cada punto tan necesario y determinado como el pasado. Su sentimiento religioso adopta la forma de un embelesado asombro ante la armonía de la ley natural, la que revela una inteligencia de tal superioridad que, comparada con ella, todo el sistemático pensamiento y acción de los seres humanos es un reflejo totalmente insignificante. Este sentimiento es el principio guía de su vida y obra, en cuanto consigue liberarse de los grillos del deseo egoísta. Es, más allá de toda duda, muy semejante a aquél que ha poseído a los genios religiosos de todos los tiempos.»

La tesis de Einstein de que la ciencia surge a partir de un sentimiento de carácter religioso, no puede ser aceptada tan fácilmente, y presenta serios problemas. El primero es que no nos explica por qué aquel sentimiento de temor reverencial hacia el orden y la magnitud del Universo, se traduciría, en un caso, en una religiosidad antropomórfica, con una liturgia y una teología, y en otro, en la religiosidad cósmica de ciertos filósofos y científicos. Por otro lado, se pregunta uno, ¿no sería más simple y más adecuado denominar metafísico, a aquel sentimiento a partir del cual se originaría la ciencia, en vez de asignarle las cualidades de un sentimiento propiamente religioso?

Veremos, más adelante, cómo dentro de la propia concepción einsteniana de la religión se contienen los elementos de solución a esta dudas y problemas. Pero esto sólo se hará manifiesto en el contexto de un examen más detallado de su concepción de una religión o religiosidad cósmica.

Einstein nos ha dado diferentes expresiones de su idea de una religión cósmica, tanto en sus artículos de corte semipopular, como en respuesta a preguntas que sobre sus creencias le formularon espistolarmente diferentes individuos. Por ejemplo la contestación siguiente de Einstein, a una consulta hecha en marzo de 1954 por un correspondiente ateo, quien, luego de leer un artículo acerca de las creencias religiosas del físico, le manifestó sus dudas sobre la veracidad de las afirmaciones allí contenidas:

«Era, por supuesto, una mentira (lie) lo que Ud. leyó acerca de mis convicciones religiosas, una mentira que ha sido sistemáticamente repetida. Yo no creo en un Dios personal y no he negado nunca esto sino que lo he expresado claramente. Si hay en mi algo que puede ser religioso, por tanto, es la admiración sin límites por la estructura del universo, hasta donde la ciencia puede revelarlo».

O esta otra respuesta a una carta, enviada a Einstein in Berlín el 5 de agosto de 1927, por un banquero de Colorado:

«No puedo concebir un Dios personal que influiría directamente en las acciones de los individuos, o que juzgaría directamente a las criaturas de su propia creación. No puedo hacer esto a pesar del hecho de que la causalidad mecanística ha sido, hasta cierto punto, puesta en duda por la ciencia moderna.

«Mi religiosidad consiste en una modesta admiración por el espíritu infinitamente superior que se revela en lo poco que nosotros, con débil y transitorio entendimiento, podemos comprender de la realidad.»

Es decir, el sentido específico que el término 'religión' tiene para Einstein es el de un sentimiento de admiración hacia la estructura del universo acompañado de la creencia de que ella sería la expresión de una entidad de naturaleza espiritual que la habría creado y, presumiblemente, la mantendría continuamente en existencia. Esta religiosidad no reconocería ni exigiría la creencia en ningún Dios de tipo personal que le haría demandas morales a los seres humanos. Puesto que Einstein postula que la ciencia se originaría en aquel sentimiento, es importante para él dar cuenta de la diferencia que existiría entre el "sentimiento religioso" del Científico y el sentimiento religioso" del científico y el sentimiento religioso característico del simple creyente o el místico:

«El sentimiento religioso engendrado al experimentar la comprensibilidad lógica de profundas interrelaciones es de una clase algo diferente de aquel sentimiento que uno usualmente llama religioso. Es más un sentimiento de temor reverencial y de admiración ante el esquema que se manifiesta en el universo material. No nos conduce a dar el paso de construir un ser como divino en nuestra propia imagen –un personaje que nos hace demandas y que toma interés en nosotros como individuos. No hay en éste (universo) ni voluntad ni propósito, no un deber, sino un puro ser. Por esta razón la gente de nuestro tipo ve en la moralidad un asunto puramente humano, aunque el más importante en la esfera humana.»

Pero Einstein no nos suministra una verdadera explicación psicológica de las diferencias que habría entre el sentimiento religioso propiamente tal y el característico del hombre de ciencia, sino que simplemente se limita a darnos una somera descripción de ellas. Tampoco se nos da ninguna razón de por qué el sentimiento religioso cósmico no conduciría a una concepción antropomórfica de Dios. Pero lo más significativo en este pasaje es que pone de manifiesto que Einstein no distingue entre lo que en realidad son dos clases diferentes de sentimientos. Por un lado el asombro y la admiración ante la organización y racionalidad del Universo, por el otro el temor reverencial hacia ellas. Es manifiesto que en el propio Einstein estos sentimientos se encontraban profundamente integrados, tanto como lo es el hecho de que en otros hombres de ciencia, filósofos y personas comunes, tales sentimientos de asombro y admiración no llegan a traducirse en un temor reverencial hacia la organización, o hacia el "organizador" del universo. El primer tipo de sentimiento bien pudiera ser denominado "metafísico"; mientras que sólo el segundo tiene un carácter propiamente religioso.

Maurice Solovine, un amigo de su juventud, debe haber llamado la atención de Einstein sobre lo inadecuado que es emplear la palabra 'religión' para referirse a aquel primer tipo de sentimiento, recibiendo la siguiente respuesta del físico en una carta de 1951:

«Bien puedo entender tu aversión a usar el término 'religión' cuando lo que se quiere significar es una actitud psicológica y emocional que se muestra más claramente en Spinoza. Pero no he encontrado una mejor expresión que la de 'religioso' para la confianza en la naturaleza racional de la realidad, en cuanto ella es accesible a la razón humana.»

Como hemos visto, por detrás de la cuestión terminológica se encontraba aquella indistinción entre lo que hemos denominado la actitud "metafísica" y la actitud "religiosa", que se hace aquí aún más patente, porque es manifiesto que la confianza del científico en la naturaleza racional de la realidad puede expresarse, y se expresa en realidad a menudo, como un sentimiento completamente secular. Anales de la Universidad de Chile, Sexta Serie, Nº 9, Agosto de 1999
http://www.anales.uchile.cl/6s/n9/doc2e.html


(5) Paul Tillich (1886-1965), uno de los teólogos cristianos más destacados del siglo XX, estudió en la misma Facultad de Teología de la Universidad de Königsberg, donde enseñara Kant, y en la Universidad de Halle. La libertad de pensamiento de estas venerables instituciones dejaría en él una huella permanente que lo llevó a rechazar toda rigidez en el luteranismo sin renunciar a sus fundamentos cristianos. Consecuente con esa huella, Tillich fue el primer académico alemán no judío cesado por sus críticas a Hitler y al movimiento nazi. Emigró a Estados Unidos donde fue profesor de teología en las universidades de Harvard y Chicago.

Tillich era un teólogo revolucionario: rechazaba la idea de un dios antropomórfico y personal, dudaba de la posibilidad de analizar lógicamente la misión espiritual del ser humano y reformuló la fe en términos que interesan a todos, científicos, agnósticos y ateos incluidos. Dos de sus libros trascendieron el ámbito religioso y fueron ampliamente comentados: El valor de ser (1952) y La dinámica de la fe (1957). Comento algunas ideas del segundo libro que sacuden las formidables barreras que han separado tradicionalmente a la religión y a la ciencia, entendidas ambas como actividades humanas y no como instituciones.

Lejos de ser una creencia justificada por la autoridad o la tradición, para Tillich la fe es un estado de preocupación fundamental sobre las cuestiones que interesan centralmente al ser humano. Tal preocupación, una vez adquirida, produce una demanda de tal magnitud que en ella se centra la personalidad toda –emoción, pensamiento y voluntad– en un acto deliberado. De esta forma la fe se desarrolla en un terreno de libertad personal que trasciende lo consciente y racional para emerger de lo trascendente que hay en el ser humano, de aquello que sobrepasa su experiencia. La pasión infinita con la que antaño se describía a la fe se convierte en una pasión por el infinito y se vuelve a la vez objetiva (aquello en lo que se tiene fe) y subjetiva (el acto central de estar fundamentalmente preocupado). Esta simultaneidad implica que al experimentar lo fundamental se rompe la barrera entre sujeto y objeto y que aquello que preocupa centralmente al ser humano se torna sagrado. Lo sagrado tiene un carácter ambiguo e incierto y aceptarlo constituye un acto de valentía. Lo sagrado se reafirma como el "misterio fascinante y terrible", según lo había definido Rudolph Otto.

El valor de vivir consiste, entonces, en asumir la incertidumbre de la existencia, la incapacidad de encontrar respuestas finales que satisfagan plenamente nuestra búsqueda. En pocas palabras: la duda está implícita en la preocupación fundamental, en la fe.

En vista de esto y como la fe no admite autoridad final en las cuestiones fundamentales, resulta que los creyentes de las diversas iglesias que se contentan, sin cuestionarlas, con un conjunto de creencias inamovibles, son las personas que tienen menos fe, en tanto que muchos científicos, artistas o filósofos ateos o agnósticos, en su búsqueda de verdades trascendentales, han demostrado reiteradamente que tienen una fe intensa. Más aún, la fe no afirma ni niega nuestro conocimiento empírico y científico, el cual proporciona certezas más o menos sólidas sobre el mundo, engendra dudas lógicas y pone a prueba hipótesis y teorías. La fe produce certezas y nuevas dudas de índole vivencial y existencial que no versan sobre hechos o conclusiones. La duda de la fe tampoco es la del escéptico y que suele conducir al cinismo, a la desesperación o a la indiferencia. La duda de la fe es la que se percata de la incertidumbre de todo problema fundamental. Es, quizás, comparable a la actitud socrática de negar toda certeza final y de mantener toda cuestión abierta a nuevas evidencias sin importar su naturaleza. Esta incertidumbre sobre cuestiones centrales, como la existencia o naturaleza de Dios, la inmortalidad del alma, el significado de la vida, es lo que Miguel de Unamuno denominó el sentimiento trágico de la vida. Es así que no hay conflicto entre razón y fe; por el contrario, la razón proporciona herramientas para entender y manipular la realidad, en tanto que la fe da la dirección en la que los conocimientos deben ser usados. José Luis Díaz, "La dudosa fe y el saber certero",
El ábaco, la lira y la rosa. Las regiones del conocimiento, FCE, México, 1997. http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/ciencia/volumen3/ciencia3/152/htm/sec_16.htm

...dice Paul Tillich en su Theology of Culture: "Un Dios a propósito de cuya existencia o no-existencia usted puede argüir, es una cosa detrás de otras en el interior de un mundo de cosas". En otras palabras, por este camino, esto es, por la ciencia sin más, usted nunca encontrará a Dios, únicamente encontrará otra cosa. De ahí, añade el famoso teólogo protestante, que tan pertinente sea la pregunta de si tal cosa existe como la respuesta de que no existe. Más aún, "si usted comienza con la cuestión de si Dios existe o no, puede ser que nunca llegue a descubrirlo, pero si usted afirma que Él existe puede que lo logre menos que si afirma que Él no existe".

La razón de ello es clara para Tillich, y debiera serla para todos. La religión, la fe, Dios, y toda realidad verdaderamente religiosa, no es la última parte de la realidad ni de la explicación que descubrimos y construimos con las ciencias, el pensamiento y la filosofía, sin la cual a la realidad le faltaría algo. Tampoco es una realidad aparte pero necesaria a esto que normalmente llamamos realidad. En palabras de Tillich, religión, fe Dios, no es una realidad aparte o última, es más bien la dimensión de profundidad de todas las realidades y de las funciones de éstas. No es algo que concierna a la realidad o a parte de ella, es, como le gusta decir a Tillich, lo que nos "concierne" en toda nuestra profundidad y totalidad como seres humanos. Es una dimensión, una experiencia, la más profunda que se puede tener, no es una cosa, a la que se llega por razonamiento y como conclusión. En otras palabras, ese Dios del que nos hablan no es tal Dios, más bien , como advierte Tillich, plantear así la cuestión de la existencia de Dios es el primer paso para el ateísmo. J. Amando Robles
http://www.jp.or.cr/pulso/2001/amando05.html


(6) Mana. En A Dictionary of the Maori Language Williams enlista ocho significados, y ofrece las siguientes traducciones posibles: 1. Autoridad, control 2. Influencia, prestigio, poder 3. Fuerza psíquica 4. Efectivo, vinculante, autorizado 5. Que tiene influencia o poder 6. Investido con autoridad 7. Ser efectivo, tener efecto 8. Ser vengado.

Estas traducciones, sin embargo, no describen la fuente de mana ni de qué manera se sostiene y mantiene. Ésta, después de todo, no es la labor de un diccionario bilingüe. El resultado es una distorsión desafortunada del significado real de mana, que ese basa inextricablemente en los ámbitos espirituales del mundo.

El Revdo. Maori Marsden, en su artículo ‘God, Man and Universe: A Maori View’, define y discute, entre otras cuestiones los conceptos de mana y tapu. Para él: Mana en su doble aspecto de autoridad y poder puede definirse como 'permiso legal delegado por los dioses a sus agentes humanos y acompañado por la dotación de poder espiritual para actuar en su nombre y de acuerdo con su voluntad revelada'. Esta delegación de autoridad se muestra en signos dinámicos u obras de poder.

A continuación advierte de lo siguiente: La autoridad y el poder en este sentido deben ser claramente distinguidas dado que es claro que ejercer el poder espiritual fuera de los límites de su delegación concedida es abusar del don, lo que resulta en su retirada , o en que ese poder se desboque y cause daño a su agente y a otros.

Una simple analogía sirve para aclarar la distinción entre poder y autoridad. Una persona se aproxima a un cruce de tráfico y las luces se pone en rojo. Él tiene el poder para cruzar, pero no el permiso. Las luces se ponen en verde pero su auto se detiene repentinamente. Tiene permiso para cruzar, pero no el poder. Su carro enciende y las luces siguen en verde. Él tiene el poder y la autoridad para proceder (Marsden 1975: 119).

Hay muchos tipos diferentes de mana y muchos aspectos por los que se manifiesta en la vida diaria. Por ejemplo, todas las cosas vivientes, los animales, árboles, plantas, péces y pájaros, así como los seres humanos, están imbuidos con un mana propio característico, un mana implantado por los dioses. Y así también sucede con muchos objetos inanimados tales como casas de reunión y montañas que son personificadas y tratadas en maorí como ancestros y relaciones.

Los términos mana atua, mana tupuna, mana whenua, mana tangata, mana moana y mana maori motuhake se escuchan frecuentemente y crecientemente dan cuenta de ellos los informes del Tribunal Waitangi. Estos son diferentes tipos o aspectos de mana y pueden ser descritos, aunque muy brevemente, de la siguiente manera: Mana atua el poder sagrado mismo de los dioses que es dado a aquellas personas que cumplen el ritual y los principios sagrados. Mana túpuna es la autoridad y el poder otorgado a través del linaje de los jefes. Mana whenua es el mana que los dioses plantan en Papa-túã-nuku (la Madre Tierra) para darle el poder de producir las recompensas de la naturaleza. De una persona o tribu que 'posea' tierra se dice que tiene o es mana whenua y por lo tanto tiene el poder y la autoridad de producir medios de subsistencia para la familia y la tribu a partir de esta tierra y de sus recursos naturales. Un medio de asegurar que mana whenua se mantenga e intensifique es devolver pito o whenua (la placenta) de un niño a sus tierras ancestrales en lugares específicamente diseñados para este propósito. Pero el medio más poderoso, una vez que el elemento espiritual ha salido de una persona (es decir, que la persona ha muerto), es regresar el cuerpo humano al úkaipõ, al lugar del que proviene su árbol de sostenimiento o del ser, esto es, a sus tierras ancestrales [...] http://r0.unctad.org/trade_env/test1/meetings/tk2/Maori%20Concepts.pdf



(7) Tapu. El Revdo. Maori Marsden discute tapu con alguna extensión, no sólo para desmentir algunas concepciones erróneas sobre el concepto sostenido por los primeros misioneros y antropólogos. Él lo describe así: La idea maorí de tapu es cercana a la idea judía que se traduce en las palabras 'sagrado' y 'santo', aunque carece de las posteriores connotaciones éticas de virtud moral del Nuevo Testamento. Tiene connotaciones tano legales, como religiosas. Una persona o lugar es dedicado a una deidad y por este acto es puesta a un lado o reservada para el exclusivo uso de esa deidad. La persona u objeto es entonces removida de la esfera de lo profano y puesta en al esfera de lo sagrado. Es intocable, ya no puede asignarse al uso común. Esta cualidad de intocable la que es el principal elemento del concepto de tapu. En otras palabras, el objeto es sagrado y cualquier uso profano es sacrílego, pues rompe la ley de tapu. En un aspecto puramente legal, esto sugiere que se ha realizado una relación contractual entre el individuo y su deidad, en tanto que la persona se dedica a sí misma o a un objeto al servicio de una deidad, a cambio de protección contra las fuerzas malignas y el poder para manipular su ambiente para satisfacer sus necesidades. http://r0.unctad.org/trade_env/test1/meetings/tk2/Maori%20Concepts.pdf


(8) Tangi. El tangi o tangihanga designa los ritos funerarios que se ofrecen a una persona antes de su entierro. La creencia maorí es que el tupapaku (el cuerpo de la persona fallecida) no debe ser dejado solo en ningún momento luego de su muerte. De ahí que la gente se reúna para llevar al tupapaku desde la funeraria hasta el marae, o el lugar en el que yacerá en compañía de la gente hasta su entierro. La familia y los amigos pueden ir y venir de ese lugar como lo deseen, o pueden quedarse hasta el entierro. Toda la gente, incluso los parientes que llegan para el tangi, pasarán por el usual karanga (la llamada de bienvenida) y los procedimientos de mihi (saludo). El ataúd permanece abierto, y la gente tocará al tupapaku. Se le hablará directamente al tupapaku, en la creencia de que el espíritu no deja la vecindad del cuerpo hasta el entierro. http://www.griefcare.org.nz/options/tangi.html


(9) Período Axial. Concepto propuesto por el filósofo Karl Jaspers (Alemania, 1883-1969 EC) para abarcar algunos cambios centrales ocurridos durante los siglos VII al II AEC. En el centro de ese periodo (entre 600 a 480 AEC) algunos de los mayores pensadores de todos los tiempos desarrollaron sus ideas: Zaratustra (posiblemente Bactriana, 628-551 AEC) en Persia, Buda (Kapilavastu, 563-486 AEC) y la escritura de los Upanishads (900-600 AEC) en la India, Confucio (551-479 AEC) y Lao-tsé (siglo IV AEC) en China, Pitágoras (Samos, 580-500 ANE), Parménides (Elea, 540-470 AEC) y Heráclito (Éfeso, 544-484 AEC) en Grecia y Deutero-Isaías (siglo VIII AEC) en Israel. Se alejan de las explicaciones mitológicas a favor de una interpretación más simbólica, literaria y abierta (liberal) de las tradiciones religiosas.

Casi simultáneamente, en las más importantes regiones del mundo (y sin que en unas se conociese lo que se hacía en las otras) el hombre se preguntaba por las mismas cosas de una manera radical y percibía sus límites ante la divinidad, al cosmos en su totalidad. Jaspers apunta que en esta época fueron definidas categorías fundamentales y las raíces y pilares de las religiones universales que aún guían a la humanidad. El hombre dio su primer paso en la dirección de volverse conciente de sí mismo, de su universalidad en el plano espiritual. Es a partir del periodo axial que el ser humano pasa a ser considerado, por primera vez en la historia, en su igualdad esencial, como ser dotado de libertad y razón, no obstante sus múltiples diferencias. Se ponían así los fundamentos intelectuales para la comprensión de la persona humana y para la afirmación de la existencia de derechos universales, a ella inherentes.

...época que Karen Armstrong (1944-), y otros, han llamado "La gran transformación" –la época de Buda, Confucio, Sócrates y Jeremías. http://buscaunitaria.blogspot.com/2008/02/23-preguntas-y-respuestas-sobre-el.html



(10) ...el gato de Cheshire es una criatura que parece rebosar toneladas y toneladas de buen talante, luciendo una sonrisa encantadora (de serpientes) encaramado a un árbol. Pero Alicia no cae del todo en las redes seductoras del gato - ¿quién será, será?...- y la niña piensa: "Parece tener buen carácter, pero también tiene una uñas muy largas y un gran número de dientes".

El diálogo que se traba entre la niña y el gato del buen talante me parece calcadito del que podría producirse entre el pueblo fiel y soberano y los gobernantes en el momento en el que nos hallamos:

-"Minino de Cheshire, -dice Alicia-, ¿me podrías indicar, por favor, hacia dónde tengo que ir desde aquí?"

-"Eso depende de a dónde quieras llegar", contesta el gato sin mojarse un pelo de sus bigotes.

-"A mí no me importa demasiado dónde...", replica Alicia que está ya muy mareada y casi perdida en laberíntico país de las Maravillas, como nos sucede a muchos de nosotros.

-"En ese caso, da igual hacia dónde vayas", concluye el astutísimo gato...
Insisto:¿quién es, quién es el gato de Cheshire, maestro del talante y de la sonrisa seductora, que insiste e insiste en decirnos a los ciudadanos "da igual hacia dónde vayáis"?

En fin: nada más inquietante y, según mi olfato, idéntico a lo que siento y presiento que nos pasa como el final de este encuentro entre Alicia y el gato: "¡A ver si dejas de estar apareciendo y desapareciendo tan de golpe, que mareas a cualquiera!... - le recrimina la niña al minino-... "¡Vale!", dijo el Gato, y esta vez se desvaneció muy paulatinamente, empezando por la punta de la cola y terminando por la sonrisa, que permaneció flotando en el aire un rato después de haber desparecido todo el resto".
http://app2.expansion.com/blogs/web/cambra.html?opcion=1&codPost=1256&categoria=5



(11) La ecósfera. Se define como ecósfera, o incluso biosfera, una imaginaria cáscara esférica alrededor de una estrella, en el interior de la cual existen temperaturas tales como para permitir el nacimiento y la evolución de la vida.
Un planeta que se encontrara muy hacia dentro de la ecósfera, tendría temperaturas demasiado altas y por lo tanto incompatibles con el fenómeno de la vida. Del mismo modo un planeta que se encontrara muy hacia fuera de la ecósfera, estaría inmerso en un ambiente demasiado frio.

En el sistema solar, estos dos casos límites están representados por Mercurio, cuyas temperaturas superficiales llegan a la fusión del plomo, y Plutón, en el cual se supone reine una temperatura de -200 grados C. La Tierra, en cambio, se encuentra exactamente en el medio de la envoltura ecosférica.

La extensión de la ecósfera en nuestro sistema solar va aproximadamente desde el nivel de la órbita de Venus hasta una distancia del Sol que está a medio camino entre las órbitas de la Tierra y de Marte. Esto quiere decir que, a excepción de la Tierra y Venus, ningún otro planeta de nuestro sistema recibe la exacta dosis de calor solar compatible con la vida.

Sin embargo, como bien sabemos, la justa dosis de calor solar representa una condición necesaria pero no suficiente, para la presencia de la vida en un planeta. En el caso de Venus, por ejemplo, la atmósfera a base de anhídrido carbónico estropea cualquier cosa, haciendo a aquel planeta tórrido, sofocante e inhóspito.
Admitiendo, como parece probable, que la mayor parte de las estrellas que vemos brillar en el cielo estén acompañadas de un cortejo de planeta similares al nuestro, las dimensiones de la ecósfera de cada estrella varían en función de la clase espectral. Si un sol pertenece a una de las primeras clase espectrales y es muy luminoso, la ecósfera será muy grande; si pertenece a una clase espectral intermedia (como nuestro Sol), tendrá una ecósfera de dimensiones medias; si pertenece a una de las últimas clase espectrales, y tiene por lo tanto una baja luminosidad, la ecósfera será pequeña.

Este hecho implica que sólo las estrellas con elevada luminosidad o media pueden tener planetas en zona de habitabilidad. Cuando la luminosidad es pequeña, el planeta para encontrarse dentro de la ecósfera, debe estar en órbita muy cerca del propio sol y, en este caso, tiende a instaurarse una rotación sincrónica, por la cual el planeta muestra a su propio sol siempre la misma cara, con el resultado de tener un hemisferio demasiado caliente y el otro demasiado frío. http://www.astromia.com/glosario/ecosfera.htm



(12) Algunas citas de Mohandas Karamchand Gandhi (1869-1948) sobre la religión:

La religión es lo que todo lo abarca. En otras palabras: la religión impregna la vida en todos sus aspectos y en todos sus momentos.

De hecho, hay tantas religiones como seres humanos. Pero, si examinamos atentamente la religión de cada persona, descubriremos que en realidad, la religión es una sola.

Una religión que no tiene en cuenta este mundo y únicamente se preocupa del más allá, no merece el nombre de religión. ¿Cómo podría la religión no tener nada que ver con la vida de cada día? La religión no es algo aparte de la vida. La vida misma debería ser considerada como religión. Separada de la religión, la vida no es vida humana, sino vida animal.

Cuando la religión se vuelve mecánica, ya no es religión.

El vicio no se convierte en virtud por el mero hecho de adoptar el ropaje de la religión.

Morir por la religión es una cosa buena; en cambio, no se debe vivir ni morir por fanatismo.

No puedo tolerar la menor concesión a la mentira en mis escritos. Estoy dispuesto a rechazar todo lo que se consiga con mengua de la verdad y, por otra parte,estoy convencido de que no hay mas religión que la verdad.














26 de septiembre de 2008

Las críticas a Palin y la revaloración de la herejía

Con el perdón por el símil clasista que usaré, parece evidente que –como dijera alguna abuela tradicionalista extrema– hasta en las herejías hay clases.

Manuel López, en el blog Lupa Protestante, hace una ilustradora e informada reflexión sobre el extremismo teológico e ideológico de Sarah Palin, la compañera de fórmula como candidata a la vicepresidencia de John McCain por el Partido Republicano en los EUA.

Al comentar que, de manera semejante al deslinde de su pastor y de su congregación que realizó Barack Obama, también Sarah Palin se ha visto obligada a cambiar de pastor y de su congregación de toda la vida para no evidenciarse como extremista enloquecida, Manuel López comenta:

De modo y manera que del mismo modo que Barack Obama se distanció de su pastor, ahora Sarah Palin, si bien por razones opuestas, no ha tardado en seguir sus pasos. "Creer en un Dios creador", recuerda Gledhill, "no es lo mismo que ser un creacionista". "en todo caso", deduce, " parece que la señora Palin cree en el diseño inteligente, que Dios fue el arquitecto de la evolución [¡Muy masónica ella, ahora con su 'arquitecto del universo'!, FJLG], en lugar de crear el mundo en seis días".

Los pastores de la señora Palin no son ajenos al movimiento de la Tercera Ola, que tiene sus raíces en la herejía de la Lluvia Tardía (Latter Rain), condenada por dirigentes de las Asambleas de Dios cuando surgió hace medio siglo. Esta herejía, según señala Ruth Gledhill, toma su nombre de un versículo de la Biblia que algunos usan para predecir el fin de los tiempos, cuando Dios va a asumir el dominio sobre la Tierra.

La Tercera Ola es una parte del amplio movimiento Dominionista. El texto básico del dominionismo pentecostal y otros sistemas de creencias afines es el Apocalipsis, con sus profecías del fin del mundo y la bestia de las siete cabezas, a las que se atribuyen diversas identidades, como el papado, o incluso los EE.UU.

“Los teóricos de la conspiración dominionista asumen que éstos quieren tomar el aparato de Estado”, comenta la corresponsal religiosa de The Times. “No es así”, continúa. “Simplemente están a la espera del momento en que Dios se encargará de ello, en la creencia de que los gobernantes que actúan sin su orientación no están haciendo un buen trabajo”.

No me parece necesariamente malo ser 'hereje' (la palabra viene del griego para 'elegir'). Cuando elegimos tomamos buenas, o malas, decisiones. ¿Habría acaso que recordarle a Manuel López que gracias a personas que tomaron decisiones independientes y fueron calificados como 'herejes', tales como Martín Lutero o Juan Calvino, fue posible la Reforma protestante? Aunque luego protestantes y católicos compitieran en la represión y masacre de los anabaptistas (al calificarlos también de 'herejes').

Así que la elección apocalíptica de los dominionistas de la Tercera Ola de Lluvia Tardía parece poco sabia. Pero tengo la esperanza de que habrá nuevas elecciones más sabias un día de estos entre nosotros, incluso cuando menos lo esperemos. ¿O como para qué otra cosa está el liberalismo religioso?







18 de septiembre de 2008

Las virtudes de la herejía


Dado el 13 de agosto de 2000
Primera Iglesia Unitaria Universalista de Austin, Texas
4700 Grover Ave., Austin, TX 78756 www.austinuu.org



Revdo. Dr. Davidson Loehr
(Traducción, Francisco Javier Lagunes Gaitán)


Oración



¿Quiénes somos y qué creemos realmente? No en palabras escritas por otros, sino en nuestras propias palabras. ¿Quiénes somos, qué creemos realmente y cómo debemos vivir?

Si sólo nos ajustamos a las expectativas de otros, es muy fácil perdernos a nosotros mismos. Si sólo cuidamos de nosotros mismos, perdemos la conexión necesaria con la totalidad del mundo alrededor de nosotros.

Entre esta espada y esta pared se desarrolla nuestro dilema humano: quiénes somos y para quién somos. Esta mañana trataremos solo de la primera pregunta.

Todas estas preguntas son más profundas que sus respuestas. Necesitamos traer a nuestras mentes y corazones aquí a esta experiencia.

Empecemos a centrarnos durante estos momentos calmos de oración y meditación.



Sermón

Vivimos tiempos irritantes. Mucho de lo que una vez pareció cierto ahora se ha vuelto dudoso. Nos sentimos inseguros actualmente. Las cosas parecen no funcionar igual.

Matamos al planeta con nuestra avaricia e indiferencia, destruimos los bosques tropicales y la capa de ozono sobre nosotros. Destruimos cosas que no creamos y que no podemos reemplazar. ¿Cómo viven ustedes su vida en estos tiempos? ¿No hay alguna clase de terror cuando te detienes para hacer un inventario vital y te das cuenta de lo poco, de entre lo que antes dabas por hecho, que sigue vigente ahora?

¿Cuáles son los roles apropiados para las mujeres dentro y fuera de la de la iglesia, así como en la sociedad? ¿Y para las minorías? ¿Para gueis (gays), lesbianas y muchos otros? Teníamos las líneas trazadas al detalle hace una o dos generaciones y ahora parece que nadie se atiene a ellas. Las líneas están siendo redibujadas en tantas áreas que no podemos encontrar un patrón para ellas. No todas esas viejas líneas fueron buenas. Algunas fueron muy represivas e injustas. Pero los cambios aún parecen demasiado fundamentales.

Incluso la religión parece haberse ido al averno. Más que promover la paz, las religiones más vehementes del mundo promueven la guerra. Los militantes religiosos, desde los fundamentalistas islámicos a los sionistas intransigentes, los protestantes y católicos irlandeses, o la derecha religiosa de nuestro propio país (Estados Unidos de América) –todos ellos ansían fervientemente el poder militar, las posiciones agresivas de defensa, o un nacionalismo exacerbado que busca controlar o destruir a quienes se atraviesen en su camino, a todos los que no estén de acuerdo con ellos. Muchos dirigentes religiosos pueden predicar visiones celestiales de gran belleza en un mundo por encima de las nubes, pero parecen ansiar el control de este mundo y de sus riquezas como todos los demás. Y de todas las cosas que los conservadores, religiosos y políticos, no tolerarán –aparte de a la mayoría de los liberales, religiosos y políticos–, lo que menos tolerarán es la disidencia. La religión rara vez ha sido más completamente secular de lo que lo es hoy. Tras de las santas palabras, detrás de toda la palabrería sobre Alá, o Dios, o Jesús, están los apetitos agresivos, territoriales e imperialistas que, además de absolutamente profanos, resultan inquietantemente familiares.



Cuando el camino ante nosotros ha perdido su claridad, existen al menos dos direcciones que podemos tomar. Una es aferrarse todavía más firmemente a las viejas formas, reunir las mayores y más ruidosas multitudes y sacar a gritos el miedo que surge porque las viejas formas dejaron de funcionar. La otra ruta es arriesgarse en la búsqueda de nuevas verdades, incluso si esto significa ir más allá de las fronteras de lo confortable.

Este dilema de escoger entre un pasado sin vigencia y un futuro desconocido no es nuevo. Transcurre a lo largo de toda la historia humana y hace de nuestra propia era tan solo la más reciente variación de dos temas humanos que son probablemente tan viejos como nuestra especie.

Tal es el patrón: una vez tras otra, los humanos llegamos al límite de nuestras viejas formas de ver y hacer las cosas. Nos han quedado pequeñas sus respuestas y sus perspectivas ya no inspiran nuestras mejores virtudes, más bien empiezan a sacar a flote nuestros peores rasgos. Hemos superado los alcances de las viejas nociones y hay ahora obscuridad sobre la tierra. Podemos regresarnos o proseguir hacia delante.



La primera es la ruta de la ortodoxia; la segunda, la ruta de la herejía. Esta puede parecer una manera nada ortodoxa de usar estas dos palabras, pero no lo es, como se verá a continuación.

Retrocedamos un poco para así poder ver cómo ha operado este patrón a través de la historia. Una vez, hace mucho tiempo, la gente creyó que los hechos naturales tenían causas sobrenaturales. Los dioses hacían llover, crecer a los cultivos, salir al sol y ponerse a la luna. Fuerzas ocultas estaban detrás de todo y se requería a los sacerdotes y chamanes para apaciguar a los espíritus ocultos, para mantener todo funcionando bien.

Hace unos 2600 años un griego llamado Tales de Mileto (639 ó 624 AEC-547/6 AEC) apareció. Tales dijo que él no pensaba que los dioses estuvieran detrás de todo esto, que había causas naturales detrás de las cosas y que podíamos investigar esas causas. Entonces Tales pensó que todo estaba hecho de agua: que el agua, en sus múltiples estados y formas –y tal vez en sus humores– era la base de todo. No está claro que es lo que quería decir con esto. Tal vez intentaba decir que todo era fluido y que cambiaba sus formas como lo hace el agua que va de hielo a agua y a vapor. No lo sabemos. Pero ese no es el punto. El punto es que todos a su alrededor siguieron recitando la vieja historia de los dioses moviéndolo todo. Tales fue más allá de las fronteras establecidas y escogió un nuevo camino.

Creo que uno de los poemas de Robert Frost (1874-1963) contiene estas líneas:

“Dos caminos divergen en un bosque y yo –tomé el menos transitado, eso hizo toda la diferencia”.



Ahora, en nuestras vidas personales, sabemos cómo es esto. Todos hacemos un poco de esto para poder crecer, dejamos algunas de las costumbres de nuestros padres atrás y llegamos a ser quienes debemos ser. Y al hacerlo así, todos salimos de las fronteras aceptadas por nuestra familia y amigos de una u otra forma. Piensa en frases usuales como, dejar el nido, valerse por sí mismo, o incluso, dedicarnos a lo nuestro. Todos escogemos la vía menos transitada de alguna manera. Puede ser muy duro actuar así respecto a la familia. ¡Imagínate hacerlo con toda una cultura o con toda la historia! Puede ser peligroso.

Pero regresemos a los griegos. Un siglo después de Tales, a quien ahora se considera el primer filósofo, vino otro filósofo griego llamado Protágoras de Abdera (485 AEC-411 AEC), quien fue más allá: “Respecto a los dioses”, escribió él, “no puedo saber con certeza si existen o no... Muchas cosas impiden la certeza –la obscuridad de la materia y la cortedad de la vida” Hace 2500 años, eso era una herejía. ¡Muchos dirán que todavía lo es!

Luego de un siglo más, Sócrates (470 AEC-399 AEC) sería condenado a morir por sus creencias heréticas, por ir demasiado lejos de lo que parecía confortable a quienes le rodeaban, por elegir la vía menos transitada. El cargo contra Sócrates no era sostener las creencias adecuadas: él murió por haber elegido donde otros declaraban que las alternativas estaban cerradas.

Cuatrocientos años después otro hombre sería acusado de herejía y traición y asesinado. Jesús fue llamado hereje porque habló, según dijeron, “como alguien con su propia autoridad”. Él dejó el nido, buscó su propio camino y esto puede provocar temor si eres uno de los que se quedan atrás.



Hoy, muchos todavía los consideran a ambos, Sócrates y Jesús, como el mayor sabio y el mayor profeta, respectivamente, de la historia occidental. Estos dos herejes, podría decirse, compartieron suficiente luz antes de ser asesinados para ayudar a iluminar el camino de millones de personas que los seguirían. Los otros, aquellos cuyas creencias ellos dejaron atrás, ahora son vistos como ignorantes, de mentalidad estrecha o inclusive repugnantes.

Este es un patrón que se repite una y otra vez. Se trata del conflicto entre ortodoxia y herejía. Ahora que les he dado algunos ejemplos para poner un poco de carne sobre las ideas, permítanme definir estos dos términos. ¿Qué son estas palabras “ortodoxia” y “herejía”? ¿Qué significan? Ortodoxia significa “recta opinión” o “pensamiento correcto”. Vemos el prefijo “orto-” en palabras como “ortopedia” que es el arte de corregir o evitar las deformidades en tus huesos, o en “ortodoncia”, que trata de la corrección de las irregularidades en tu dentadura, o en una palabra más obscura como “ortografía”, que significa la forma correcta o convencional de escribir. De aquí que “orto-” significa recto, correcto, conforme, o aceptable. El sufijo “-doxia” se refiere a las creencias u opiniones. O como lo expresa un humorista del siglo XVIII, “La ortodoxia es mi doxia, la herejía es tu doxia".

Eso es lo que la mayoría de la gente piensa que herejía significa: creencia equivocada. Pero esto no es lo que significa. La palabra herejía viene del verbo griego que significa elegir. Elegir. Lo que herejía realmente significa es elegir, cuando las alternativas han sido declaradas cerradas por una ortodoxia. Significa ir más allá de las fronteras convencionales del grupo, buscar más luz donde otros te prohiben mirar.



Primero tenemos una ortodoxia. Primero tenemos este grupo de gente que tiene la inexplicable arrogancia de proclamar las creencias 'correctas' –que siempre parecen coincidir con sus creencias. Entonces tenemos a gente que escoge el camino menos transitado. Y ellos son, por definición, herejes. Y yo quiero decirles, tan fuerte y claramente como pueda, que la luz, el valor y la esperanza de la raza humana dependen de nuestros mejores herejes y que el mayor obstáculo al desarrollo personal y colectivo, espiritual o incluso científico, está en las ortodoxias.

Los herejes de ayer terminan como los santos, sabios y salvadores de hoy. Tales tenía razón: los dioses no impulsan de esa manera las cosas que nos rodean desde detrás de la escenografía cósmica. Protágoras tuvo la honestidad y el valor para adelantarse a su propio tiempo y al nuestro. Los desafíos de Sócrates a la autoridad vacía todavía se enseñan en las mejores escuelas para guiar a los estudiantes hacia una mayor luz, al tiempo que las parábolas y enseñanzas de Jesús han traído consuelo y gracia a incontables millones de almas anhelantes.

Pensemos en la cantidad de veces que estos dos temas se han representado en la historia. Los cristianos primitivos fueron llamados herejes y ateos por los romanos, debido a que no creían en los dioses ortodoxos romanos. Martín Lutero (1483-1546) fue llamado hereje por la Iglesia Católica Apostólica Romana (ICAR) y fue excomulgado cuando dio inicio a la Reforma Protestante en 1517. Miguel Servet (1511-1553) fue llamado hereje por Juan Calvino (1509-1564) por haber escrito un pequeño libro sobre los errores de la doctrina de la trinidad y fue muerto en la hoguera. La primera generación de menonitas, en el siglo XVI, fue llamada herética por los católicos, luteranos y calvinistas por igual porque afirmaron, con razón, que el bautismo infantil no se mencionaba en ninguna parte de la biblia, así que no debería considerarse un sacramento. Por negarse a aceptar el bautismo infantil, los menonitas fueron perseguidos y asesinados –por decirlo así– como herejes. Fueron demasiado lejos. Las posibilidades de elegir habían sido declaradas cerradas antes de que ellos terminaran de elegir.



Casi todas las figuras religiosas cuyos nombres son recordados todavía fueron conocidas como herejes en su día. Si queremos encontrar una salida a los absurdos de nuestros tiempos irritantes, debemos buscar, no en las ortodoxias que no pueden llevar a nadie adelante, sino hacia los caminos descubiertos por los herejes de hoy.

Ahora, detengámonos y seamos realistas por un minuto. Aunque es verdad que tenemos la libertad de elegir cualesquier creencias que queramos, eso no significa que cualquier creencia que escojamos será buena para nosotros, o sabia, o incluso saludable. También escogemos ideas torpes. Matthew Applewhite (del culto destructivo de la Puerta del Cielo) era un hereje cuando decidió que su grupo debería cometer suicidio colectivo para lograr que sus espíritus se transportaran a la Nave Madre (en un cometa). Él también era, pienso yo, un loco. Adolfo Hitler (1889-1945) fue un tanto herético en su proclamación de su pueblo como la Raza Superior y al usar su presunta superioridad como racionalización para el asesinato de millones de otros seres humanos. Él también fue, lo pienso así, perverso.

Aprender cómo elegir más sabiamente es parte de lo que la religión debería ayudarnos a aprender. Esto es cierto tanto para los religiosos conservadores, como para los liberales, aunque los dos grupos tienden a errar en direcciones opuestas. Los conservadores están preocupados esencialmente por la obediencia y la conformidad a las formas heredadas, así que cuando los conservadores pierden su camino, tienden a perderse de vista ellos mismos en su devoción al grupo. En dos palabras, el error de los conservadores tiende hacia el fundamentalismo en religión y al fascismo en política, que son dos versiones del mismo error, el error de seguir a un grupo de manera demasiado ciega, al tiempo que perdemos de vista nuestras necesidades únicas y nuestras diferencias. Los conservadores tienden a perder contacto con ellos mismos y con sus diferencias hacia su grupo.

Con los liberales, el error es el opuesto. Ponemos nuestro énfasis en nuestra libertad personal y en los derechos individuales. Así que nuestro error es definirnos a nosotros mismos de manera demasiado estrecha, exaltar alguna idiosincrasia de nosotros dentro del todo de nuestra identidad. Tendemos a olvidar que debemos devolver algo al mundo en su totalidad, mientras que no nos sentimos completos sino hasta que encontramos una forma de hacer una conexión necesaria y orgánica con la sociedad, así como con la historia. En tanto que los conservadores deben evitar deslizarse hacia el fundamentalismo y el fascismo, los liberales debemos evitar deslizarnos hacia el narcisismo y el egoísmo.

Sé que conocen estas cosas, pero no está de más repetirlas. Así que los herejes que elogio aquí son aquellos que no solamente han elegido su propio camino, sino que, en retrospectiva, han elegido también de una manera sabia.



Una ironía de la historia es que cuando los herejes atraen seguidores, sus seguidores casi nunca tienen las mismas creencias que los herejes.

Los herejes tienen una religión fundamentalmente diferente que la de sus seguidores. Pero es que Jesús no fue un cristiano, Lutero no fue luterano, justo de la misma forma que Marx no fue marxista, ni Freud freudiano.

Este mismo patrón existe en la historia de los unitarios. Piensa en los grandes nombres del unitarismo del siglo XIX: William Ellery Channing (1780-1842), Theodore Parker (1810-1860), Ralph Waldo Emerson (1803-1882), Henry David Thoreau (1817-1862). Todos estos hombres fueron herejes que eligieron el camino menos transitado, sin que les importase quién aprobaba o desaprobaba. No recitaron credos ni 'profesiones de fe' para obtener una identidad religiosa; actuaron bajo su propia autoridad. Ninguno de estos hombres habría permitido que sus creencias fueran expresadas por otra persona o grupo de personas.

William Ellery Channing fue un ministro congregacionalista que inició el unitarismo organizado en los EUA en 1825, cuando se rehusó a repetir los credos trinitarios de su Iglesia congregacionalista, nos encanta contar esta historia. Pero una historia igualmente importante sucedió al final de su vida, misma que sólo raramente contamos. Cuando la Iglesia Unitaria que él sirvió por cuarenta años desarrolló una declaración de creencias propia para exigirla a sus miembros, e intentó limitarle sus creencias a la declaración preparada por el grupo, prefirió renunciar a la iglesia.

También nos gusta reivindicar al destacado ministro Theodore Parker, mi unitario favorito del siglo XIX, por sus fuertes posiciones contra la esclavitud, por los derechos de las mujeres y por un entendimiento honesto de la religión. Pero Parker no era representativo de los unitarios de su tiempo. Él fue un hereje. Fue vetado por el resto del clero unitario y no se le permitió hablar en ningún púlpito de Boston debido a su radical oposición contra la esclavitud y otras posiciones liberales. Esto no le importó. Emerson, Thoreau –estos hombres que se definieron a sí mismos por ir más allá de las fronteras comunes establecidas y por encontrar una rara clase de luz negada para siempre a quienes se quedaron atrás.



Este proceso continúa hoy en día, en tanto que la Asociación Unitaria Universalista (UUA) gasta una gran cantidad de dinero para producir, promover y enseñar la más reciente encarnación nuestra fe grupal. Tenemos Siete Principios que se supone que ministros y directores de educación religiosa enseñan a su gente, para que su gente sepa quiénes son y qué creen. ¡No quiero abundar ahora en lo que es obvio, pero algo está seriamente equivocado aquí!

Identificamos esta religión con la religión de Channing, Parker, Emerson y Thoreau, quienes dedicaron sus vidas a luchar contra este señuelo de la identidad grupal. En tanto que especie, no importa lo que digamos, amamos las ortodoxias y la comodidad de los grupos de identidad y las fes grupales. Inventamos nuevas ortodoxias sacadas de la manga, incluso en iglesias liberales –aunque en las iglesias unitarias la mayoría de nuestras ortodoxias son políticas y sociales, más que teológicas.

Y así es que este no es un problema unitario, o católico, o cristiano. Las creencias ortodoxas, dicen los ortodoxos, contienen la esperanza para el futuro y la voluntad de cualesquier dioses, ideales o principios que ellos venden. Pero las creencias, una vez fijadas en credos, fórmulas y profesiones de fe, no son la esperanza del futuro. Más bien son el cadáver del pasado, disecado y homenajeado rutinariamente.

Pensemos en la concha de un nautilus. Seguramente conoces estas adorables conchas de este molusco marino, que vemos frecuentemente cortadas por la mitad para mostrar todos los pequeños compartimentos que fueron progresando en espiral. Cada pequeño compartimiento fue el hogar de un ser viviente. Conforme el animal crecía los viejos compartimentos fueron clausurados y fue construyendo otros nuevos y mayores. Todo lo que queda ahora es la concha y nos maravillamos con su belleza. Pero la concha nunca ha hecho nada. Está tan muerta como siempre lo ha estado. Algo viviente la dejó atrás cuando ya no la necesitó. Es un objeto bello, una concha de nautilus, pero la vida que la creó ya se ha ido y ahora nada puede vivir en ella, puesto que todos los pequeños compartimentos están sellados.



Eso es lo que las ortodoxias religiosas llegan a ser. Son como los compartimentos cerrados de una concha de nautilus. Pueden ofrecer alguna clase de afiliación a un club al que sus integrantes deban ajustarse, pero no pueden ofrecer vida.

Olvidémonos de la teología y la historia por un momento. La verdad de las cosas que digo es inmediata y está dentro de ti. Es parte de lo que significa vivir como un ser humano. Puedes probar estas cosas a partir de tu propia vida.

Recuerda las veces en que dejaste atrás partes de tu pasado –¡todos lo hemos hecho!– Estos fueron los momentos en los que finalmente mostraste el espíritu, el valor, para deshacerte de reglas heredadas que ya no te servían más. Superaste la religión de tus padres o tus conocidos, finalmente rebasaste los horizontes de entendimiento de tu familia, amigos o maestros y elegiste el camino menos transitado y diste un paso hacia un aire tan fresco que por primera vez en tu vida fuiste capaz de aspirar profundamente con una verdadera sensación de plenitud. ¡Nunca lo olvidarás! Fue un momento sagrado y lo sabes aún ahora.

Ese fue tu momento de herejía –y eso es fresco, aire de primera mano que solo los herejes habrán de respirar. El resto, los ortodoxos, consiguen aire de segunda mano, porque ellos respiran a través de la nariz del grupo. Eliges donde aquellos a tu alrededor carecieron de la visión o del valor para elegir. Y eso duele. Si te importaba esa gente, si te proporcionaba consuelo la seguridad de ese mundo, duele dejarlo. Lo recuerdas. Pero en ese momento renaces. Ya naciste de nuevo, ya naciste del Espíritu Santo: ¡Eso es lo que significa la frase! En ese momento sentiste el espíritu de la vida misma moverte. Es en estos momentos, en estos preciosos, ansiosos y valientes momentos cuando hacemos las elecciones difíciles pero necesarias que nos alejan de la obscuridad hacia la luz –es en estos momentos en los que reside mucha de la esperanza de la raza humana.

Vivimos tiempos irritantes. Las cosas se han puesto volubles y los cimientos tiemblan bajo nuestros pies. Hay quienes regresan y quienes prosiguen adelante: los ortodoxos y los herejes. La esperanza del futuro está con los herejes. Está en todos y cada uno de nosotros, porque todos estamos en la frontera entre el pasado y el futuro, entre la imitación y la innovación, entre la fe de segunda mano de un grupo y la herejía de primera mano de nuestras propias y honestas mentes y almas.

Requiere valor elegir donde otros temen aventurarse. Es, otra vez, como la concha del nautilus. Los pequeños compartimentos que quedan atrás en su cuidada y ordenada espiralita, son muy bonitos. Pero todos están muertos; siempre lo estuvieron. Sólo la cámara abierta, la que se abre hacia lo desconocido, podría contener vida. Y así sucede con nosotros, amigos míos. Así es con nosotros.





15 de septiembre de 2008

El humanismo religioso

http://www.humanistsofutah.org/1996/artapril96.htm
Mason Olds, "Religious Humanism", otoño de 1995
Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán

¿Qué es el humanismo religioso? Puedo ofrecer aquí tan sólo un recuento esquemático de las particularidades más destacadas de este enfoque característico de la religión, que se originó en los EUA, entre los Unitarios, alrededor de la época de la Primera Guerra Mundial. El movimiento llegó a abarcar a dos grupos: uno estaba formado por Unitarios, Universalistas, y partidarios de la Cultura Ética; el otro lo formaban algunos académicos. Entre ellos eran dignos de notarse Roy Wood Sellars (1883-1973), miembro del departamento de filosofía de la Universidad de Michigan, A. Eustace Haydon (1880-1975), profesor de religión comparada en la Universidad de Chicago, y John Dewey (1859-1952), miembro del Departamento de Filosofía de la Universidad de Columbia. Los tres subscribieron un documento muy controvertido, en 1933, titulado "Un manifiesto humanista" y los tres escribieron libros que contribuyeron a establecer el canon literario del humanismo religioso.

El desarrollo del movimiento, desde luego, fue mucho más complejo y menos continuo de lo que he sugerido, pero los humanistas religiosos tempranos fueron historicistas y nominalistas. Sellars, por ejemplo, dijo, "Una vez que hemos cortado los supuestos vínculos con el mundo sobrenatural, vemos que la religión es --y siempre ha sido-- un producto social". También pensaban que las metáforas de las religiones del pasado estaban muertas y que las nuevas metáforas creadas por el humanismo religioso ofrecerían una dirección apropiada para la religión de su tiempo.

Los humanistas religiosos estaban convencidos de que la religión fue creada por humanos, no por dioses, que siempre hablan en las palabras de los hombres. Estos humanistas ofrecieron una interpretación funcional de la religión: fue creada por humanos para servir a ciertos propósitos. Haydon habló de la religión como de "la madre de los sueños". La tarea es imponer un sentido humano sobre al proceso cósmico, conformar el curso del flujo de la vida, con sus millones de impulsos en conflicto, de manera que converja hacia la expresión práctica del idealismo creativo. Sellars mantuvo que la función de la religión era preservar y llevar adelante los valores humanos. Generalmente, los humanistas pensaron en la religión como en una participación inteligente en la búsqueda humana de una buena vida en un mundo compartido.

La suya fue una religión sin Dios. Es verdad que Dewey usó la palabra Dios para designar el proceso por medio del cual lo existente se transforma en lo ideal, pero su amigo y colega Corliss Lamont (1902-1995) sostenía que Dewey usó el término para evitar ofender las sensibilidades de sus amigos teístas. En todo caso, la palabra causó tal controversia que él llegó a arrepentirse de haberla usado. Algunas afirmaciones sobre la religión en "A Common Faith" no requieren el concepto de Dios, por ejemplo, "Cualquier actividad realizada en pos de un ideal que se enfrente a obstáculos, y supere las amenazas de perdidas personales, debido a la convicción de sus valores generales y perdurables, es religiosa en su calidad". Haydon usó la prueba pragmática para juzgar los reclamos sobre la utilidad de los dioses: Lo que se espera que los dioses hagan, y no han sido capaces de lograr a través de las eras, el ser humano debe encontrar el valor y la inteligencia para hacerlo por sí mismo. Más necesaria que la fe en Dios es la fe que el ser humano puede tener en el amor, la justicia, la paz y en todos sus bienamados valores morales encarnados en las relaciones humanas. La negación de esta fe es el único ateísmo real. De acuerdo con los humanistas religiosos, la gente puede ser moral sin la creencia en Dios. Sellars dijo, "La moralidad es básicamente una cuestión de grupo. Es un término para designar las costumbres que se han desarrollado a través de las generaciones y que son asimiladas por cada individuo recién nacido en su momento, de manera semejante a cómo aspira el aire a sus pulmones". La conciencia, más que ser la voz de Dios en el alma del creyente, era vista por los humanistas religiosos como una reproducción de la moralidad tribal. Para ser moral, la gente no necesita de la autorización sobrenatural de un policía celeste. La moralidad debe justificarse a sí misma por su efecto real sobre la vida humana. Es fundamentalmente un producto, un logro histórico.

Al repudiar la noción del dualismo mente/cerebro, los humanistas religiosos también repudiaron la creencia en la inmortalidad personal. De acuerdo con Sellars, el nuevo naturalismo se ha percatado de que la personalidad es, en gran medida, un producto social enraizado en la historia social del grupo. Los humanistas estaban convencidos de que la conciencia era totalmente dependiente del cerebro; si el cerebro está muerto, también lo están la mente y la conciencia. Sellars mantenía que, "La religión y el espíritu están dentro de ti. Son el único Reino Celeste". Pero más allá de estas consideraciones, el concepto de la inmortalidad personal se ha convertido en una metáfora muerta. La meta de la religión es promover lo espiritual en los humanos, en el entendimiento de que lo espiritual tiene relevancia solamente entre el nacimiento y la muerte. En este sentido general amplio, lo espiritual emerge cuando hay inteligencia de un orden bastante elevado, un sentido de lo correcto y lo incorrecto, una habilidad para establecer los parámetros, un impulso hacia la creación en el arte y las relaciones sociales, una riqueza de la imaginación. En resumen, los humanistas religiosos vieron a la religión como una creación humana para contribuir, tanto al bienestar personal, como al social. A diferencia de las nociones tradicionales de la religión, incluso de las más liberales, ésta repudió la creencia en Dios, la creencia de que los humanos no podrían ser morales sin un concepto de Dios que sustentara la moralidad, y la creencia de que los humanos serían inmortales en algún sentido personal.

14 de septiembre de 2008

Quince etiquetas temáticas que delimitan Búsqueda Unitaria

Agnosticismo:
El agnosticismo es una postura filosófica en la que el valor de verdad de ciertas afirmaciones —particularmente metafísicas respecto a la teología, el más allá, la existencia de Dios, dioses, deidades, o una realidad última— es incognoscible o, dependiendo la variante de agnosticismo, imposible de adquirir su conocimiento debido a la naturaleza subjetiva de la experiencia. Quienes profesan agnosticismo no son necesariamente antirreligiosos, siendo el tipo ideal respetuoso de todas las creencias que proceden de una reflexión individual y honesta, y no de un interés egoísta, de la desesperación o de la presión del entorno. El agnóstico entiende las creencias sobrenaturalistas sólo como una opción personal de cada individuo, que él no comparte.


Ateísmo:
La ausencia de creencia en la existencia de cualquier deidad. Ateas son tanto las personas que afirman la no existencia de dioses, como las que sin creer en dios alguno, tienen evidencia para refutar los argumentos en pro de la presunta existencia de divinidades. El ateísmo no es lo mismo que la falta de religión, puesto que hay definiciones de religión que no implican la creencia en entidades sobrenaturales.


Escepticismo:
El escepticismo es una corriente filosófica basada en la duda. Los escépticos tienden a desconfiar de presuntas verdades universales, absolutas y finales.


Fe:
La fe es más profunda, más rica y más personal que la creencia (de la que se diferencia pues no es una mera operación intelectual). Es una cualidad de las personas, no del sistema. Es una orientación de la personalidad, hacia uno mismo, hacia el vecino, hacia el universo; una respuesta total; una forma de mirar lo que uno ve y de manejar lo que sea que uno maneje; una capacidad para vivir en un nivel mayor que el mundano; de ver, de sentir, desde el punto de vista de una dimensión trascendente. Entonces la fe es una cualidad del vivir humano. De acuerdo al patrón más elevado ha tomado la forma de serenidad y valor, lealtad y confianza, y gozo que nos habilitan para sentirnos en casa en el universo, así como para encontrar sentido en el mundo y en la propia vida, un significado que es profundo y final, y es estable sin importar lo que pueda sucederle a uno mismo en el terreno de los acontecimientos inmediatos.


Fideología
:
El estudio de la fe como confianza, no como creencia en cosas absurdas (acuñado por el ministro unitario Dr. Richard Boeke). En la visión del teórico de las religiones comparadas Wilfred Cantwell Smith (1916-2000), la fe es un potencial individual, mientras que las tradiciones acumuladas de fe son externas y sólo ofrecen formas de expresar y moldear nuestra fe (creencias, doctrinas, rituales). En hindi la palabra para fe es 'sraddha', que significa 'lo que atrapa tu corazón'. En la visión de la fideología, todos necesitamos nutrir nuestra fe para vivir, pero esto no implica necesariamente creencias sobrenaturales.


Herejía:

'Herejía' proviene de la palabra griega para 'elegir'. Los herejes son quienes deciden elegir sus propias creencias, especialmente cuando ya una jerarquía institucional 'ortodoxa' pretende obligar a todos a seguir las elecciones institucionales ya dadas. Las iglesias que no imponen un credo determinado como prueba de admisión son proclives a que la gente busque maduramente construir y formular sus propias creencias ahí (unitarios, universalistas, cuáqueros liberales, congregacionalistas, etc). Los unitarios se consideran una tradición de fe herética, puesto que constituyen una comunidad pluralista de discernimiento formada por buscadores libres que eligen en conciencia sus propias creencias religiosas y por lo tanto son básicamente capaces de escribir su propio credo personal.


Humanismo
:
Doctrina ética que afirma la importancia central de la vida humana y de su experiencia sobre la tierra, así como el derecho y deber de cada individuo de explorar y desarrollar su propio potencial. El humanismo está en oposición a las doctrinas religiosas convencionales, en la medida en que renieguen o no valoren la importancia de la vida sobre la tierra y afirmen que esta existencia terrenal sería sólo una preparación para una existencia celestial luego de morir. En las ciencias sociales el humanismo destaca por exigir que se considere al individuo un sujeto y no un mero objeto de análisis. Es la variedad de no-sobrenaturalismo, agnóstico o ateo, más común en el mundo de habla inglesa.

Humanismo Religioso:
La corriente religiosa agnóstica, atea o escéptica que promueve la religión como comunidad moral, como medio de cohesión social, pero que excluye las creencias sobrenaturales y las interpetaciones literalistas o fundamentalistas de los relatos y mitos religiosos. Los filósofos John Dewey y Roy Wood Sellars, así como los ministros unitarios Charles Francis Potter y Raymond Bragg son sus principales fundadores. El Manifiesto Humanista de 1933 fue claramente humanista religioso. Hoy movimientos como la Cultura Ética, el Judaísmo Humanista y los Unitarios Universalistas son las organizaciones más influidas por el humanismo religioso.

Interreligioso:
Enfoque o situación en la que se da el reconocimiento o la participación conjunta de personas con diversas identidades y tradiciones de fe. En una definición realmente amplia no se limita a la interacción entre creyentes organizados en diferentes instituciones, sino que también incluye a los creyentes independientes, los librepensadores y los no-creyentes: escépticos, agnósticos, ateos.


Liberalismo Religioso:
El 'liberalismo religioso', o 'religión liberal' ha sido parte de las religiones del mundo desde hace casi 3 mil años, época que Karen Armstrong (1944-), y otros, han llamado "La gran transformación" –la época de Buda, Confucio, Sócrates y Jeremías. Los liberales religiosos no se oponen a 'conservar' todo aquello que haya de valor en las tradiciones religiosas. Lo contrario de 'liberal' no es 'conservador', sino 'literal'. Los liberales entienden sus escritos y tradiciones religiosos como simbólicos y metafóricos, más que 'literales'. Actualmente es una reacción intelectual contra el fundamentalismo y el revivalismo emocionalista. El liberalismo religioso considera a las escrituras sagradas como grandes obras literarias plenas de sentidos profundos, pero siempre como una respuesta plenamente humana al misterio.


Librepensamiento
:
Es la decisión de formar uno sus propias opiniones sobre la base de la razón, la intuición y la experiencia personal, independientemente de la religión institucional, la tradición, la autoridad y las ideas establecidas, para ser así uno dueño de sus propias decisiones. El librepensamiento es una corriente de pensamiento proveniente de la Ilustración que rechaza cualquier dogmatismo.


Pluralismo Salvífico
:
La visión religiosa que acepta y afirma que hay una diversidad de caminos, tradiciones y comunidades religiosas dadoras de vida, que nadie puede válidamente proclamar que tenga el monopolio de la "salvación". Por lo general el pluralismo salvífico no se asocia con la visión de la religión como tener las creencias 'correctas', sino con una visión de la religión como tu manera de relacionarte a ti mismo, con los demás y con el universo. En una versión extrema, cualquier 'salvación' digna de ese nombre debe estar disponible para toda la humanidad y no solamente para los miembros de un club.


Religión
:
Según PAUL CONNELLY, la RELIGIÓN proviene de un intento de representar un orden de creencias, sentimientos, imágenes y acciones que surgen en respuesta a la experiencia directa de lo sagrado y lo espiritual. Al expandirse el intento en su formulación y elaboración, se convierte en un proceso que crea significado para sí mismo sobre una base sustentable, tanto en lo concerniente a sus experiencias originarias, como a sus respuestas continuadas. Lo SAGRADO es una manifestación misteriosa de poder y presencia que se experimenta tanto como algo primordial, como también transformativo, que inspira asombro y captura la atención. Lo ESPIRITUAL es la percepción de la comunidad de la conciencia del deber que borra las fronteras entre el YO y el mundo, que produce una sensación de unión de propósitos del YO y el mundo para afrontar las cuestiones existenciales y proveernos de una mediación del reto de responder a la interacción entre el YO y el mundo, lo uno y lo múltiple.


Unitarismo
:
Movimiento religioso liberal y liberador radical surgido en el siglo XVI, contra el clericalismo, la coerción política y eclesiástica y por la libertad de conciencia en la religión. El Unitarismo es actualmente una tradición religiosa occidental, postcristiana y pluralista. Los unitarios actuales no pretenden imponer una doctrina, un credo, ni una escritura sagrada como obligatorios, sino que consideran que no debe haber exámenes de creencias como criterio de pertenencia a la iglesia y que cada cual es básicamente capaz de redactar su propio credo personal. La comunidad unitaria es un lugar para aprender el arte de servir, los unos a los otros y al mundo. Cada participante decidirá autónomamente qué creencias, tradiciones acumuladas de fe y prácticas religiosas le ayudan a fortalecerse en este camino. El unitarismo actual se volvió menos una 'teología' y mucho más un estilo de vivir humanamente la religión.


Universalismo:
El Universalismo es originalmente una rama del cristianismo sobrenatural que enseña que luego de la muerte, todos eventualmente alcanzarían a ir al cielo, que Dios es demasiado bueno para castigar a cualquiera por toda la eternidad (la 'Salvación Universal'). Luego de la fusión, en 1961 en los EUA, de la Asociación Unitaria Americana y la Iglesia Universalista de América se creó la Asociación Unitaria Universalista de Congregaciones (UUA). Los integrantes de esta organización se refieren a sí mismos como 'unitarios universalistas'. 'Universalismo' tiene también actualmente el significado de que se consideran válidos una variedad de caminos religiosos, como formas de vida aceptables y dadoras de vida ('pluralismo salvífico').



















27 de agosto de 2008

22 preguntas y respuestas sobre el unitarismo V2.76

Recopilado y redactado por Francisco Javier Lagunes Gaitán

[Espero que sirva como material de reflexión y discusión, mucho agradeceré los comentarios y sugerencias de los lectores sobre las preguntas, respuestas y referencias. Agradezco anticipadamente tu diálogo y colaboración (especialmente la crítica). FJLG]

1. ¿Quiénes fueron los pioneros del unitarismo y dónde surgió?

Es un movimiento religioso que surge de la izquierda teológica más liberal del protestantismo, contra la coerción política, eclesiástica y por la libertad de conciencia en la religión. Los principales precursores del unitarismo moderno fueron el médico, abogado y teólogo español aragonés Miguel Servet (1511-1553) y el humanista, biblista y teólogo francés Sebastián Castellion (1515-1563). El reformador antitrinitario italiano, Fausto Socino (Sozzini, 1539-1604) y el reformador y humanista húngaro Ferenc Dàvid (1520-1579) fueron los más reconocidos fundadores de comunidades unitarias organizadas en Polonia y en la Transilvania de habla húngara (hoy parte de Rumanía), respectivamente. En Transilvania todavía se encuentran activas iglesias unitarias fundadas como tales hace más de 4 siglos.

2. ¿Qué significó en el siglo XVI el unitarismo?

El unitarismo del siglo XVI inició como un movimiento liberal y liberador radical dentro de la Reforma protestante. Enseñó que aunque Jesús fue un gran maestro y profeta, él había sido, después de todo, un humano como el resto de nosotros, con independencia de lo grande de sus dones espirituales. Observaron, correctamente, que conceptos como la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) no aparecen en la Biblia, por lo que fueron inventados por pensadores puramente humanos que escribieron luego la muerte de Jesús (la Trinidad fue realmente una creación de teólogos del segundo y tercer siglos). Defendieron que era posible seguir el liderazgo de Jesús de maneras diferentes a las antiguas formulaciones conciliares (credos).

Originalmente se motejó como 'unitarios', 'unitaristas', o 'unitarianos', a quienes en el siglo XVI consideraban que imponer el concepto cristiano de la Trinidad como requisito para participar en la vida pública resultaba inaceptablemente divisionista, además de que excluía injustamente también a los judíos y los musulmanes.

El lúcido y vehemente escritor sarcástico unitario estadunidense, Ambrose Bierce (1842-¿1914?), comentó sobre la Trinidad: "[...] al rechazarla por incomprensible, los Unitarios demuestran no aceptar los fundamentos de la teología. En religión creemos solamente aquello que no comprendemos. Salvo en el caso de una doctrina ininteligible que se contradice con otra incomprensible. Siendo así, creemos en la primera como parte de la segunda".


3. ¿Qué clase de movimiento religioso es el unitarismo?

Algunos movimientos, por razones históricas, son más entendibles en relación con la raíz de la que provienen, aunque actualmente se hayan diferenciado en aspectos importantes de esta raíz. En este sentido, puede caracterizarse al unitarismo actual como una tradición religiosa occidental, postcristiana y pluralista. Los unitarios actuales no pretenden imponer una doctrina, un credo, ni una escritura sagrada como obligatorios, sino que consideran que no debe haber exámenes de creencias como criterio de pertenencia a la iglesia y que cada cual es básicamente capaz de redactar su propio credo personal.

Somos iglesia, como comunidad bienamada de adoración, memoria, esperanza y acción por la justicia, con una proyección hacia el futuro por la que nuestros valores claman. Buscamos y adoramos juntos verdades que nos conviertan, que nos recuerden nuestros más elevados llamados, que nos ayuden a conocernos más profundamente y a recordar quiénes podemos ser. Nuestra comunidad bienamada es un lugar para aprender el arte de servir, los unos a los otros y al mundo. Cada uno de nosotros decidirá autónomamente qué creencias, tradiciones acumuladas de fe y prácticas religiosas le ayudan a fortalecerse en este camino.

Dana McLean Greely (1908-1986), primer presidente de la Asociación Unitaria Universalista de Congregaciones (UUA), describió al unitarismo universalista como una comunidad postcristiana, en tanto que la mayoría de los cristianos ya no la consideraban cristiana, mientras que a los ojos de gente de otras religiones aparecía como virtualmente cristiana, al menos en un sentido histórico.

4. ¿Qué es el enfoque liberal de la religión?

El 'liberalismo religioso', o 'religión liberal' ha sido parte de todas las religiones mundiales desde que se comenzó a registrar la historia (casi 3 mil años, época que Karen Armstrong (1944-), y otros, han llamado "La gran transformación" –la época de Buda, Confucio, Sócrates y Jeremías). Los liberales religiosos no se oponen a 'conservar' todo aquello que haya de valor en las tradiciones religiosas. Lo contrario de 'liberal' no es 'conservador', sino 'literal'. Los liberales entienden sus escritos y tradiciones religiosos como simbólicos y metafóricos, más que 'literales'. Así que mientras para los literalistas 'muerte y resurrección' significa que un cadáver milagrosamente regresó a la vida, para los liberales la frase usualmente se refiere a 'morir' a una vieja forma de vida y 'renacer' a una nueva y (esperamos) más elevada y mejor forma de vida.

En un sentido restringido, en el siglo XIX un fuerte movimiento de liberalismo religioso tuvo lugar en el mundo anglosajón contra las doctrinas calvinistas del pecado original y de la predestinación de los salvos. Sus predicadores destacaron la bondad natural de los seres humanos y la capacidad de cada individuo para seguir los supremos ejemplos de virtud humana (tales como Jesús). Uno de los primeros líderes del unitarismo en los EUA, William Ellery Channing (1780–1842), estuvo entre los principales impulsores de esta corriente. Channing defendió un enfoque de la religión basado en la razón natural, como la luz indispensable que nos permite acceder a y tamizar cualquier revelación significativa.

El teólogo unitario, James Luther Adams (1901-1994) definió así los "cinco cantos rodados del liberalismo religioso" como:
  • La revelación y la verdad no están cerradas, sino que se revelan continuamente.
  • Todas las relaciones entre las personas idealmente deben basarse en el libre asentimiento y no en la coerción.
  • La afirmación de la obligación moral de dirigir los esfuerzos propios hacia el establecimiento de una comunidad justa y amorosa.
  • La negación de la 'inmaculada concepción de la virtud' y la afirmación de la necesidad de la encarnación social. Al bien debe dársele concientemente una forma concreta y un poder dentro de la historia.
  • Los recursos (divinos y humanos) disponibles para lograr el cambio significativo justifican una actitud de optimismo último, si bien no necesariamente inmediato. Hay esperanza en la abundancia última del universo .

5. ¿Qué es la 'salvación' para los unitarios?

Describiríamos la salvación más como un despertar interior a la verdad de nuestra naturaleza y capacidades humanas. En este contexto la salvación sería el darnos cuenta a través de nuestra experiencia de la intervinculación fundamental que anima nuestra existencia. Esta experiencia se vincula con los conceptos tradicionales de la salvación, pero su referente no es una deidad encarnada, sino más bien la naturaleza misma. Sería como si una hoja, al flotar en el viento se sintiera muy separada y única respecto a las demás hojas, hasta que un día se dé cuenta de que está vinculada a algo y luego tenga un breve vislumbre del árbol. ¡Caray! Al mismo tiempo que la hoja es tan pequeña e insignificante, también se da cuenta de lo grandiosa y magnífica que es. Este sentimiento de unión con el principio de la vida, del que somos una expresión, es nuestra definición de salvación.

Las religiones literales se preocupan de la salvación sobrenatural que ocurriría luego de que morimos. Las religiones liberales se ocupan de vivir de manera más profunda, amorosa, responsable y plena, aquí y ahora. Esto más bien significa que nuestras creencias son juzgadas a partir de la clase de vida hacia la que nos llevan y por la forma en que tratamos a los otros. Para los literalistas, la 'salvación' significa creer las cosas correctas de la forma correcta para que, luego de morir, logremos 'ir' a algún lugar increíble. Para los liberales, la 'salvación' significa encontrar nuestro camino aquí y ahora hacia convertirnos en mejores personas, parejas, padres o madres y ciudadanos para llegar a ser como bendiciones para el mundo alrededor de nosotros, a través de tratar a las otras personas de maneras amables, responsables y empáticas.

6. ¿Cuál es la diferencia entre religión de primera mano y religión de segunda mano?

En todos los grupos de fe puede haber ambas clases de prácticas religiosas. La religión de primera mano surge de la aprehensión directa e inmediata de lo sagrado por parte del individuo. La religión de segunda mano es la aceptación de algo como sagrado, sobre la base de la autoridad de otro; es creer que es sagrado sin haberlo experimentado por uno mismo. La religión de primera mano es la experiencia religiosa auténtica. Los unitarios no imponen un credo obligatorio para propiciar que cada uno de sus integrantes, de manera responsable y libre, encuentre en conciencia lo que es sagrado. Nuestras comunidades de fe son espacios de encuentro y crecimiento para el desarrollo de esta conciencia, su contraste y puesta en práctica.

7. ¿Qué es y dónde está lo sagrado para los unitarios?

Hay religiones que distinguen entre lo sagrado y lo profano. Y hay otra clase de religión que aprehende no solamente lo sagrado en la existencia, sino la sacralidad de la existencia. En la primera clase de religión, se considera sagrada la iglesia o el templo, no el mercado. En la segunda, todo se considera sagrado. En esta segunda clase de religión lo sagrado no está en la naturaleza de un objeto particular, sino en nuestra actitud hacia ellos, que es de asombro, temor reverente o admiración. Acceder a lo sagrado no es un atributo excepcional propio sólo de almas privilegiadas, ni algo que se presente solamente en raras ocasiones. Es simplemente la experiencia normal de una persona ordinaria, asumida en su integridad y sentida profundamente.

La creación en sí misma es sacra –la tierra y todas sus criaturas, las estrellas en toda su gloria; lo sagrado o divino, lo precioso y profundo, se hacen evidentes, no de una manera milagrosa sobrenatural, sino en lo simple y lo cotidiano. Cada uno de nosotros se sostiene en la mano de la creación –como una parte de la trama cósmica interdependiente– y por ello los extraños no necesitan ser enemigos. Nadie es salvo hasta que todos seamos salvos, en donde todos significa la creación entera. Lo sacro de la vida es la participación en los procesos que den cuerpo y forma a la justicia universal.

Experimentamos negativamente el devenir del mundo cuando no hay reverencia, un sentido de lo sagrado. No necesariamente necesitamos un nuevo concepto de Dios, sino un sentido vivo de la sacralidad de la existencia misma que pueda despertar en nosotros admiración, asombro, esperanza y amor por los cuales vivir.

8. ¿Cómo es que no tienen un credo los unitarios?

La creación es demasiado grandiosa, compleja y misteriosa como para ser capturada en un credo estrecho. Por ello hacemos aprecio de la libertad individual de creencia. No hay examen de fe a la entrada de las iglesias unitarias. No tenemos un credo porque creemos que cada uno de nosotros es capaz de intentar explicar sus creencias en sus propias palabras. Esto no significa que cualquier cosa que cualquiera crea aquí esté bien. Algunas creencias son buenas para nosotros y otras no son tan saludables. Es importante que aprendamos a reconocer la diferencia entre creencias valiosas y creencias sin valor. Nuestros integrantes pueden buscar centros espirituales valiosos a través de relatos y términos como teísmo, deísmo, panteísmo, humanismo religioso (ateo o agnóstico), una variedad de antiguos y modernos mitos, o pueden luchar aún por encontrar un lenguaje que le hable, al mismo tiempo, a su mente y a su corazón. Por ello nuestra iglesia es una comunidad de discernimiento.

9. ¿Cómo concilia la ciencia y la religión el unitarismo?

El unitarismo contemporáneo organizado inició en los EUA en 1825 con lo que William Ellery Channing (1780-1842, quien había sido un ministro congregacionalista) llamó "Cristianismo Unitario". Separado de la Iglesia Congregacionalista, el unitarismo de EUA se volvió menos una 'teología' y mucho más un estilo de vivir humanamente la religión. Nacido de la Ilustración del siglo XVIII, se vio rodeado por el explosivo crecimiento de las ciencias (especialmente la geología y la biología) en el siglo XIX. El unitarismo de los EUA enseñó que las creencias religiosas deben cambiar para preservar su coherencia conforme cambia nuestro entendimiento del mundo que nos rodea. La religión conservadora enseñó (como hacen los fundamentalistas todavía hoy) que hay que aferrarse a las viejas creencias, incluso si esto significa ignorar los avances científicos (la enseñanza del 'creacionismo' o del llamado 'diseño inteligente' en las escuelas, por ejemplo). Los unitarios invirtieron esta prioridad. Ellos enseñaron y nosotros creemos aún que nuestro mundo y nuestra conciencia son definidos a través de nuestro conocimiento 'secular'. Entendemos al mundo a través de las ciencias. Y nuestras creencias dan sentido a nuestras vidas sólo si lo que creemos se corresponde con lo que sabemos.

10. ¿Cuál es el significado de 'universalismo'?

El universalismo es originalmente una rama del cristianismo sobrenatural que enseña que luego de la muerte, todos eventualmente alcanzarían a ir al cielo, que Dios es demasiado bueno para castigar a cualquiera por toda la eternidad. Los grandes pioneros del universalismo en los EUA fueron: John Murray (1741-1815), Elhanan Winchester (1751-1797) y Hosea Ballou (1771-1852).

'Universalismo' tiene también actualmente el significado de que se consideran válidos una variedad de caminos religiosos, como formas de vida aceptables y dadoras de vida ('pluralismo salvífico').

11. ¿Qué significa 'unitarismo universalista'?

El unitarismo universalista es un movimiento religioso liberal pluralista que se perfila con la fusión, en 1961, entre la Asociación Unitaria Americana y la Iglesia Universalista de América, para dar origen a la actual Asociación Unitaria Universalista de Congregaciones (UUA). Dado que no pretenden imponer un credo, creencia o escritura como obligatorios, los unitarios universalistas son libres de buscar la verdad de muchas maneras, de pensar con su propia mente pero, al mismo tiempo, se reúnen en comunidad para sentir con un solo corazón. Aunque compartimos algunos valores, cada uno de nosotros puede válidamente utilizar diferentes lenguajes para hablar sobre el sentido religioso, o sustentar variadas creencias sobre Dios, o diversas prácticas rituales.

Algunas clasificaciones especializadas de las religiones e iglesias consideran que el unitarismo pluralista no basado en credos actual, conocido también como unitarismo universalista, estaría ubicado como el ala 'moderada' dentro de la extrema izquierda surgida de la Reforma protestante. La izquierda de la Reforma se caracteriza en este esquema por el rechazo de la verdad jerárquica impuesta en religión y del clericalismo, el movimiento unitario conserva, por lo general, la figura de los ministros profesionales en la adoración congregacional con una liturgia programada, pero más con la función de educadores, maestros, motivadores y consejeros espirituales, nunca como administradores exclusivos de los bienes simbólicos supremos, ni como detentadores únicos de una verdad suprema cuya aceptación sería forzosa.

12. ¿Cuál es para los unitarios la fuente de la autoridad religiosa?

Las fuentes esenciales de la autoridad religiosa son: la razón natural, la conciencia personal, la intuición y la experiencia directa del misterio y la maravilla, presentes en todas las culturas. El árbitro final en la religión no es una iglesia, ni un documento, ni un funcionario, sino la elección personal y la decisión del individuo. Y estas elecciones adquieren pleno sentido en una comunidad bienamada de práxis y discernimiento.

13. ¿Cuál es la visión unitaria de la revelación y la verdad?

La revelación no está sellada, sino que es continua y está al alcance de todos. La condición humana es la búsqueda interminable de la Verdad. Si el corazón y la mente son verdaderamente libres y están abiertos, las revelaciones que aparecen ante el espíritu humano son infinitamente numerosas, eternamente fructíferas y maravillosamente excitantes. Enseñamos que, aunque todas las religiones son expresiones de la verdad, ninguna religión, ni siquiera la nuestra, puede proclamarse como la única poseedora de la verdad. Nada está finalmente completo y, por lo tanto, exento de crítica. Nuestro intelecto es parte sustancial de esta revelación.

14. ¿Es el unitarismo un culto a uno mismo?

El contexto de la búsqueda libre y responsable de la verdad y el sentido religiosos está en la dependencia del ser y de la libertad hacia un poder creativo y hacia procesos que en última instancia no son de nuestra hechura. La fe última del liberal no es hacia uno mismo. Nos encontramos en el mundo como seres históricos, que vivimos en la naturaleza y en la historia; tenemos libertad en la naturaleza y en la historia.

En todo caso, hay diferentes conceptos de lo que significaría 'uno mismo' y sus 'verdaderos intereses'. Por una parte está el concepto cínico vulgar que pretende que todo el mundo actuaría movido solamente por un interés 'egoísta' centrado en la obtención de mayor poder o riqueza. Este concepto restringido, privatizador y atomizado de los individuos está en la base de la visión neoliberal que considera a los individuos meros instrumentos de las fuerzas del mercado. Por otra parte, si nos consideramos como finalmente integrantes de la familia de todas las almas, el 'culto a uno mismo' sería un culto a la chispa de divinidad inherente a todo ser, a la humanidad en el universo como aquello de interés último para nosotros.

15. ¿Cuál es el papel de la ética en el unitarismo?

La visión unitaria se basa en la aplicación ética de la religión. Las buenas obras son el producto natural de la buena fe, la evidencia de una gracia interior que encuentra su culminación en la implicación social y comunitaria. Nuestra enseñanza es que tu fe no se mide por qué tan fuerte crees, sino por cuánto se ajustan tus acciones a tus creencias. El carácter moral (=la evaluación de los atributos y hábitos morales de una persona) es la prueba real de nuestra fe. Enseñamos que los seres humanos tienen libre albedrío, así como la capacidad de escoger entre el bien y el mal. También creemos que deberíamos apoyar instituciones que promuevan y habiliten a la gente para escoger el bien. Una fe que no es hermana de la justicia, tarde o temprano traerá grandes penas.

16. ¿Cuál es la relación entre justicia y amor para los unitarios?

La comunidad de la justicia y el amor no es una fraternidad etérea que esté por sobre los conflictos e incertidumbres del mundo. Ésta toma forma en la naturaleza y en la historia, esto requiere lograr la libertad, tanto respecto a los recursos materiales, como a los recursos espirituales. Desde luego, una clase de libertad (la de la justicia) no es completamente auténtica sin la otra (la del amor) y viceversa. La libertad, la justicia y el amor requieren de un cuerpo y también de un aspecto espiritual. No separamos tajantemente la materia y el espíritu. No vivimos sólo de un espíritu presuntamente inmaterial. Una religión puramente espiritual (como ajena a este mundo) sería una religión puramente espuria.

17. ¿Son compatibles los derechos humanos con la visión religiosa de los unitarios?

El unitarismo se ha caracterizado desde su inicio por considerar que la ley natural (como los derechos humanos) tiene primacía sobre cualquier revelación religiosa significativa.

Afirmamos la valía y dignidad inherente de cada ser humano. Toda la gente en la tierra tiene el mismo derecho a la vida, la libertad y a la justicia –y ninguna idea, ideal o filosofía es superior a una sola vida humana. Esta irrevocable dignidad humana es una consecuencia del hecho de que participamos del ser y de la libertad de la realidad. Rechazamos cualquier forma de discriminación que castigue o excluya a la gente debido a su apariencia, religión, sexo, edad, necesidades especiales, clase, adscripción étnica, orientación sexoafectiva, expresión genérica, etc.

18. ¿Hay espacio para la democracia en la Iglesia Unitaria?

Para nuestra organización el proceso democrático es una necesidad fundamental. Los registros están abiertos al escrutinio, las elecciones abiertas para los integrantes y las ideas abiertas a la crítica –de manera que la gente pueda gobernarse a sí misma.

19. ¿Cuál es el lugar de la duda en la fe para los unitarios?

Los unitarios enseñan que la duda, el escepticismo y la indagación rigurosa son herramientas de la fe, no barreras para la fe. La duda es la llave a la puerta del conocimiento, la servidora del descubrimiento. Una creencia que no pueda cuestionarse nos ata al error, pues toda creencia es incompleta e imperfecta. La duda es la piedra de toque de la verdad, es como un ácido que corroe la falsedad. Como reza el proverbio Zen: "Gran duda: gran despertar. Leve duda: leve despertar. Ninguna duda: ningún despertar".

20. ¿Cuál es la misión de la Iglesia Unitaria?

La Iglesia Unitaria existe para enseñar el frágil arte de la hospitalidad, para reverenciar, tanto a la mente crítica, como al corazón generoso; para demostrar que la diversidad no significa siempre divisionismo. Debemos ser lo que queremos ver en el mundo.

"La comunidad bienamada no es una organización de individuos que buscan el beneficio privado y la seguridad egoísta de sus almas. Es una nueva aventura. Una fraternidad espontánea de gente consagrada que busca un nuevo mundo". ~Clarence R. Skinner, ministro universalista, maestro, escritor y activista (1881-1949).

"Si un compromiso teológico o ético no lleva consigo una preferencia o transformación en el ámbito de las asociaciones y organizaciones, en esa medida no es claro ni significativo. Por sus grupos, sus frutos asociativos, los conocerán". ~James Luther Adams
, teólogo del poder y de la responsabilidad social (1901-1994).

21. ¿Cuál es el símbolo más aceptado del Unitarismo Universalista y qué significa?

El cáliz ardiente. El precursor de la Reforma protestante, Jan Hus (1370-1415) encendió el fuego de la libertad en el cáliz (cuyo uso había sido reservado sólo a los sacerdotes) cuando pugnó por devolver la comunión completa al pueblo. El cáliz representa la espiritualidad y el fuego la razón.

22. ¿Quiénes son algunos unitarios y universalistas notables?

  • A. Powell Davies (ministro, activista por las libertades civiles, la rendición de cuentas del gobierno, el control civil de la energía atómica, la planificación familiar y la plena integración racial, 1902-1957).
  • Adin Ballou (ministro, pacifista y socialista cristiano, fundó la comunidad utópica de Hopedale, Mass., 1803-1890).
  • Adlai Stevenson (político y diplomático, embajador de los EUA en la ONU, dos veces candidato demócrata a la presidencia de EUA, 1900-1965).
  • Adrian L. Melott (ministro y reconocido especialista en astrobiofísica, activista por la enseñanza de la evolución y el Big Bang en la educación básica de Kansas).
  • Albert Schweitzer (teólogo, músico, filósofo, médico y humanitario, recibió el Premio Nobel de la Paz, 1875-1965).
  • Alexander Graham Bell (inventor del teléfono, "En 1901 encontró un panfleto unitario y su teología le pareció agradablemente no-dogmática, 'Siempre me consideré agnóstico', escribió a su esposa Mabel, 'pero ahora descubrí que soy un agnóstico unitario'", 1847-1922).
  • Arthur Altmeyer (estadístico y servidor público, hizo más que nadie para dar forma a la organización de la seguridad social en EUA, trabajó junto con el congresista unitario, Thomas Eliot, para crear la legislación respectiva, 1871-1972).
  • Arthur Lovejoy (filósofo de visión interdisciplinaria, fundador del Movimiento de la Historia de las Ideas; George Boas recuerda que durante una audiencia senatorial en Maryland por su nominación al comité de supervisores educativos, un senador le preguntó si creía en Dios, Lovejoy replicó con un discurso en el que les explicó detalladamente 33 definiciones de Dios y sin permitir interrupciones concluyó preguntando a su vez al comité senatorial que cuál de estas definiciones tenían en mente al hac