2 de diciembre de 2009

FJLG: Emanaciones de moral

Columna publicada en el periódico La Prensa, Cd. de México, 13 de noviembre de 2009

Por Francisco Javier Lagunes Gaitán *

¿De verdad es mejor la moral de una persona que se hace la espantada de todo? ¿Por qué se sienten más 'respetables' las personas que se dedican todo el día a juzgar lo que los demás harían con su sexualidad? Lo que ellos llaman 'moral' no es otra cosa que un prejuicio añejo, una obsesión enfermiza: el miedo al placer.

No es preciso decir que 'tenemos un cuerpo', la verdad es que somos un cuerpo. ¿Cómo podríamos vivir una buena vida sin una mínima satisfacción y bienestar? Avergonzarnos de nuestra capacidad para el gozo corporal es ir en contra de nosotros mismos. Lo que realmente animaliza al ser humano es vernos sólo como meras fábricas de hijos.

Los puritanos, esos sepulcros blanqueados, imaginan que para que algo sea bueno, tendría que ser desagradable; y que si algo es divertido, será que habría de ser malo. Reza la certera definición: “Puritano es aquel que está seguro de que en este momento alguien se está divirtiendo más que él” [Hugh Heffner]. Creer cosas tan disparatadas no nos haría ni más morales, ni nos capacitaría como custodios de la moral de nuestros vecinos.

Los puritanos se llenan la boca todo el tiempo con sus dizque valores y principios ¿pero bien a bien qué valores y principios defienden?: El miedo, la envidia, el odio y la discriminación son sus motivos y valores. Sobre semejante fundamento no se podría jamás construir el Reinado de los Cielos. No es realmente religioso manipular los miedos de los demás para ganar poder terrenal, ni señalar con dedo flamígero a los más vulnerables. Quitar derechos a los que no comulguen con sus ruedas de molino puritanas no es una labor de amor, no ayuda a reconciliar a la gran familia humana.

Entre mayor miedo dejemos entrar a nuestra vida, menos piedad y amor seremos capaces de ofrecer a nuestros hijos y al mundo. Hay quienes se dedican a hablarnos del Fin de los Tiempos solamente para volvernos rehenes del miedo, para herir nuestra libertad, para mutilar nuestra capacidad humana de disfrutar la vida, de cuestionar y dudar.

Una de las más superficiales formas de sentirse dizque religiosos es usar santurronamente la fe de uno para, sin hacer nada especial, proclamarse superior a los demás. No podemos dejar de lado el hecho de que todo el bien que hay en el mundo es el producto de un arduo trabajo hecho por manos humanas. Si de verdad reconocemos una chispa de divinidad en la vida de todo ser, tenemos el deber sagrado de defender los derechos humanos, de combatir los prejuicios y la discriminación. No podemos evadir nuestra responsabilidad nadie más puede hacer lo que nos toca a nosotros. Quedarnos sentados, o mirar para otro lado no es aceptable. Debemos actuar para que se respete nuestra humanidad común. ¡Nadie es libre hasta que todos seamos libres!

Cierro con la reflexión clásica del sabio rabino Hilel: “Si no hablo por mí, ¿entonces quién lo hará? Si sólo hablo por mí, ¿entonces qué sería? Si no es ahora, ¿entonces cuándo?”

* Activista y analista cultural: unitarius@gmail.com Integrante de la Libre Congregación Unitaria de México: www.lcum.blogspot.com Móvil: 04455.2021.1837




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